La audaz y frustrada propuesta de Néstor Kirchner
El
deseo de recrear una burguesÃa nacional
Una
de las primeras definiciones de Néstor Kirchner entregada a la sociedad fue que
él serÃa el ministro de EconomÃa, rompiendo la subordinación de la polÃtica a
la economÃa. En la Asamblea Legislativa propuso además impulsar una burguesÃa
nacional dinámica y comprometida con el desarrollo. En todo el ciclo polÃtico
del kirchnerinismo estuvo presente esta intención a través de diferentes
estrategias, pero ninguna tuvo respuesta favorable de las elites empresariales
que, por lo contrario, se dedicó a combatirlo.
25 de mayo de 2023 - 09:26
Imagen: Télam
En
abril de 2003 Néstor Kirchner, el presidente electo, no era sólo un inmenso
interrogante polÃtico, sino que, en ese momento, pese a ser bastante
desconocido en el espacio público nacional también formaba parte de la
dirigencia que provocaba descreimiento social y en no pocos rechazo resumido en
la consigna "que se vayan todos".
En esos
dÃas turbulentos polÃticos y sociales y de incertidumbre extrema acerca de lo
que se venÃa, en el frente económico Kirchner ofreció a la sociedad dos
definiciones fundamentales: la primera, él serÃa el ministro de
EconomÃa, y la segunda, iba a mantener en ese cargo a quien lo
ocupaba en la administración Duhalde, Roberto Lavagna. Fue un mensaje
fundamental en términos polÃticos porque alteraba la secuencia de las últimas
décadas, que consistÃa en la subordinación de la polÃtica a la economÃa. ProponÃa
que desde ese momento la polÃtica determinarÃa la orientación de la polÃtica
económica.
Para
algunos puede parecer un hecho menor, formal y hasta insignificante, pero fue,
entre otros, un aspecto fundacional del ciclo polÃtico del
kirchnerismo y, aunque los economistas se resistan a aceptarlo, una de las
razones –no la única- del ciclo económico extraordinario de los años
siguientes.
El
lugar central de la polÃtica, o sea del proyecto polÃtico, sobre la economÃa,
es decir de las medidas económicas aplicadas para cumplir los objetivos
polÃticos, fue una de las caracterÃsticas centrales del proceso económico y
social iniciado por Kirchner, que ha provocado, a pesar de limitaciones y
contradicciones, un escenario de tensión creciente con la tradicional
conducta rentÃstica de las elites empresariales.
Respecto
a esto último, existe un momento preciso en el cual se puede
identificar la génesis del kirchnerismo como expresión del Peronismo siglo
XXI. Fue cuando Néstor Kirchner expuso el objetivo de recuperar una
burguesÃa nacional como actor relevante del desarrollo capitalista en
Argentina. Lo manifestó en el discurso inaugural de su presidencia en la
Asamblea Legislativa, el 25 de mayo de 2003, del siguiente modo:
“En
nuestro proyecto ubicamos en un lugar central la idea de reconstruir un
capitalismo nacional que genere las alternativas que permitan reinstalar la
movilidad social ascendente. No se trata de cerrarse al mundo. No es un
problema de nacionalismo ultramontano, sino de inteligencia, observación y
compromiso con la Nación. Basta ver cómo los paÃses más desarrollados protegen
a sus productores, a sus industrias y a sus trabajadores".
Pasado
20 años la evaluación es que este objetivo no tuvo los resultados esperados
respecto a reconstruir un capitalismo nacional, y no fue por falta de voluntad
del kirchnerismo, sino por la indiferencia hasta terminar en abierta oposición
del bloque de poder económico.
En esos
años hubo una sostenida recomposición de la industria y del empresariado
nacional pero ésta no tuvo el salto cualitativo –intelectual y práctico- de
convertirse en una burguesÃa nacional dinámica y comprometida con el desarrollo
nacional. En el bloque de poder dominante, que actuó como conducción polÃtica
del establishment, integrado por los grupos ClarÃn, Techint y Arcor, más bien
hubo y sigue habiendo un enfrentamiento militante al kirchnerismo en
sentido amplio (puede decirse también de militancia antiperonista), que incluyó
a esa convocatoria inicial de Néstor Kirchner.
El saldo
negativo de la propuesta ha sido notable. No logró que la elite
empresarial, en un entorno económico favorable, incrementara la inversión
reproductiva, reinvirtiera utilidades y disminuyera la fuga de capitales. El
kirchnerismo lo intentó de diferentes maneras sin respuesta favorable. Se
pueden identificar cuatro lÃneas de acción desde esa invitación inicial de
Kirchner:
1. Voluntarismo
polÃtico. Una serie de iniciativas que definieron condiciones
macroeconómicas para motorizar un crecimiento elevado incentivando la inversión
privada y la expansión de empresas nacionales, desalentando la fuga de
capitales y apostando a la reinversión de los excedentes.
2. “Argentinización”.
Facilitar el desembarco de empresarios nacionales en compañÃas privatizadas en
manos de extranjeros.
3. Estatizaciones.
Fue el resultado del fracaso de las dos iniciativas anteriores.
4. Estratégico.
Diseñar un plan de sustitución de importaciones y de proteccionismo del mercado
interno ante la irrupción de la restricción externa (escasez relativa de
dólares en las reservas del Banco Central). Fue una iniciativa más que buscaba
impulsar la creación de una nueva burguesÃa nacional o, por defecto, reciclar la
existente en una que sea dinámica e innovadora.
La
prueba de la frustración de este ensayo de transitar un sendero de desarrollo
capitalista con una burguesÃa dinámica en un entorno de inclusión social quedó
en evidencia con la apuesta que hizo casi todo el arco empresarial por
el proyecto neoliberal y antiindustrial de Mauricio Macri en 2015.
La
primera iniciativa (voluntarismo polÃtico) no logró cambiar la conducta de las
élites empresariales pese al extenso perÃodo de muy elevado crecimiento
económico. La segunda consistió en el diseño de una estrategia de
desplazamiento de operadoras multinacionales de empresas de servicios públicos
privatizados, para que grupos económicos locales ocuparan ese lugar. El
objetivo era “argentinizar” la administración de servicios públicos y
actividades estratégicas, en un contexto de tarifas pesificadas y congeladas
para impulsar el consumo doméstico y la industrialización. Los grupos locales
no tuvieron que efectuar desembolsos relevantes para quedarse con las compañÃas.
En
términos prácticos, el saldo de ambas iniciativas fue decepcionante. Las
inversiones no aumentaron y mantuvieron la polÃtica de distribución creciente
de dividendos, retirando recursos de planes de expansión. Los escasos
resultados de estos caminos derivaron en varias estatizaciones.
HabÃa
también mucho de voluntarismo polÃtico en el plan de “argentinizar”, una
especie de poción mágica que podrÃa transformar las elites empresariales sólo
por acercarles oportunidades de negocios. El punto de inflexión fue
el conflicto con un sector del campo en 2008. Fue el primer indicio del
agotamiento del proyecto ambicioso de recrear una burguesÃa nacional con el que
inauguró Néstor Kirchner su ciclo polÃtico hace 20 años.
Fuente: Página/12
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