Un gendarme retirado reveló qué hicieron los genocidas con el cuerpo de Lucila Révora
La mamá
de Wado de Pedro y la crueldad de la patota del Olimpo
La
Justicia ya habÃa confirmado que Lucila Révora y su pareja Carlos Fassano
fueron asesinados en 1978 en un operativo de la dictadura conocido como la
Masacre de la calle Belén. Ahora, el testimonio del gendarme retirado Omar
Torres permitió saber que el cadáver de Révora fue incinerado en el centro
clandestino el Olimpo. El ministro del Interior conoció en las últimas horas la
información.
31 de mayo de 2023 - 00:01
Lucila Révora estaba
embarazada cuando fue asesinada en 1978; su hijo Eduardo de Pedro tenÃa casi
dos años.
El
primer juicio de lesa humanidad que se llevó a cabo por los crÃmenes del
circuito represivo que integraron los centros clandestinos Atlético,
Banco y Olimpo sirvió, entre otras tantas cosas, para sumar un grado
más de verdad a la historia de Eduardo “Wado” de Pedro. En
diciembre de 2010, y tras el análisis de testimonios de varios sobrevivientes
de la última dictadura cÃvico militar, el Tribunal Oral Federal 2 confirmó que
la mamá del ministro del Interior, Lucila Révora, fue asesinada en
1978 en el inmenso operativo que rodeó la casa en la que vivÃa con él y con su
pareja, Carlos Fassano, el papá del bebé que estaba a punto de
parir. Ahora, el quinto juicio que se lleva a cabo por esos hechos produjo otro
dato más que podrÃa ayudar a responder a esa gran incógnita que acompaña a cada
familiar de desaparecidos: ¿dónde están? Un gendarme retirado
declaró que el cuerpo de Lucila fue incinerado en el centro clandestino, dentro
de un tanque de aceite.
“A
Lucila Révora la quemaron en el Olimpo, en un tacho de 200 litros. Le pusieron
una cubierta, gasoil y la quemaron ahà adentro. Estaba embarazada de seis o
siete meses”, dijo Omar Eduardo Torres ante el TOF 2. Sobre
Fassano, dijo que la patota se lo llevó a la Escuela de Oficiales de
GendarmerÃa de Ciudad Evita, donde lo incineraron también. Wado De Pedro, que
tras aquel operativo asesino fue apropiado durante algunos meses antes de que
su familia lo rescatara, se enteró este martes de los datos que el gendarme,
con su testimonio, sumó a su historia. El ministro aún analiza las revelaciones
y prefiere no hacer declaraciones por el momento, según se informó a Página/12.
El testigo
No es
la primera vez que Torres declara sobre las violaciones a los derechos humanos
que conoció durante la última dictadura. De hecho, se acercó a la Conadep en
1984, dos años después de pedir su retiro, y fue testigo en el Juicio a
las Juntas.
En la
década de los 70 y hasta 1982, Torres integró el Destacamento Móvil 1 de
GendarmerÃa, por entonces asentado en Campo de Mayo. Sus superiores lo enviaron
a cumplir tareas “en la lucha contra la subversión” en Tucumán, entre 1976 y
1977; a custodiar los
estadios de River y Vélez Sarfield en el marco del Mundial 78; y
al Olimpo apenas fue inaugurado como centro clandestino de detención. Tanto en
el Juicio a las Juntas como en declaraciones posteriores, Torres
mencionó a represores del Ejército, fuerzas policiales y GendarmerÃa, algunos
con nombre y apellido, otros con sobrenombres. En algunas ocasiones, su
testimonio fue territorio de discusión por la posibilidad de que pasara a ser
investigado por su participación en los crÃmenes que denunció.
Omar Eduardo Torres declaró por Zoom ante el TOF 2.
La patota
El más
reciente testimonio de Torres fue el pasado 17 de mayo y duró más de dos horas.
Lo solicitaron la FiscalÃa, las querellas y algunas defensas. Consultado por la
fiscalÃa, a cargo de Alejandro Alagia y Berenice Timpanaro, contó que tras el
Mundial 78 fueron sus superiores en el Destacamento Móvil 1 de GendarmerÃa
quienes les ordenaron a él y a unos 60 gendarmes una nueva misión en “un
galpón de Lacarra y Ramón Falcón, en Floresta”. Entre los superiores
mencionó a Hugo Medina, uno de los acusados en el juicio, quien
entonces era segundo jefe del Destacamento.
En el
Olimpo, los gendarmes como él, dijo, hacÃan guardias internas, custodiando a
los detenidos clandestinos, y externas. La fiscal Timpanaro le consultó si
conocÃa a Miguel Lugo, uno de los gendarmes retirados acusados.
Torres asintió y sumó a Sergio Nazario, otro excompañero de fuerza
que integra el banquillo de los acusados. A ellos y al tercer gendarme
procesado en el juicio, Miguel Pepe, los ubicó dentro del Olimpo,
haciendo guardias, y fuera, participando de operativos en el marco de su
vÃnculo con el Batallón de Inteligencia 601. A Nazario, por ejemplo, lo ubicó
en el que la mamá de De Pedro y su pareja fueron asesinados y el ministro,
apropiado.
El
operativo en el que fuerzas represivas del Ejército, la GendarmerÃa y la
PolicÃa Federal atacaron a Lucila Révora y a Carlos Fassano se conoce como “Masacre
de la calle Belén”. El 11 de octubre de 1978, en la tarde, efectivos
rodearon la casa en la que ambos vivÃan con el hijo que Lucila habÃa tenido
con Enrique De Pedro, militante de la Juventud Universitaria
Peronista, trabajador judicial, integrante de Montoneros y secuestrado a
mediados de 1977. Wado o “Pichi”, como le decÃa su mamá, tenÃa casi dos
años.
Cuando
notó que la casa estaba rodeada, Lucila, embarazada de 8 meses y medio, llevó a
Wado hasta el baño, lo metió en la bañadera y se quedó con él. Ahà resultó
herida con las balas que, de no haber estado ella, habrÃan impactado en su
hijito. Un vecino declaró que la casa habÃa quedado como si “hubiera tenido
varicela” por la cantidad de marcas de bala impresas en la fachada.
La
patota buscaba dentro de la vivienda un botÃn de 150 mil dólares. Uno de los
represores, el policÃa Federico Covino, alias “Siri”, murió al
explotar una granada que provino de la propia patota. Otros represores –Juan
Carlos Avena y Enrique Del Pino– resultaron heridos. De allà se llevaron una
“valija de cuero llena de billetes de 100 dólares”, contó Torres en su
testimonio; y los cuerpos sin vida de la pareja de militantes montoneros fueron
trasladados al Olimpo. A Wado lo dejaron con un vecino, pero por la noche lo
fueron a buscar. Estuvo apropiado hasta principios de 1979, cuando su familia
materna logró contactarlo.
El
juez Jorge Gorini le preguntó si supo qué pasó después del
operativo. Torres contó que Nazario organizó la desaparición de los restos: a
Fassano en un "asado" en Ciudad Evita y a Révora en el centro
clandestino. Mencionó también que, de ese episodio en el que introdujeron su
cuerpo en un tanque para deshacerse de él, participó el "Comisario
Rosa", en relación a Roberto Rosa, ya condenado en tramos
previos de la causa ABO. Cuando el juez le consultó cómo supo de todo esto, Torres
insistió en que fue porque estaba de guardia: "Todos los que
estuvimos de guardia esa noche lo vimos".
Una pieza más en la verdad
En el
primer debate que se llevó a cabo sobre los crÃmenes de Circuito ABO, varios
testimonios hablaron de este operativo y sus consecuencias. Sobrevivientes del
centro clandestino que funcionó en un predio perteneciente a la División
Automotores de la PolicÃa Federal, en Floresta, testimoniaron haber visto los
cuerpos de Révora y de Fassano en el piso de la enfermerÃa del lugar, cubiertos
con una sábana.
Algunes
notaron que era ella por la panza. Otres, como Isabel Cerruti, le
vio “la cara a Lucila”. Mario Villani habló de incineramientos
en tambores. “Que a uno de los dos lo quemaron en los tachos de aceite”,
recogió de su testimonio el TOF 2 en los fundamentos de la sentencia de 2010,
cuando condenó a los genocidas Juan Carlos Avena y Enrique Del Pino,
Carlos Alberto Roque Tepedino y Mario Alberto Gómez Arenas, por los
homicidios de la pareja. Tepedino y Arenas, además, fueron hallados
responsables de la sustracción de Wado.
Entonces,
el sendero que abrió Villani no se continuó investigando: el destino de sus
restos. Durante un tiempo pesó el dato que habrÃa aportado un capitán de
fragata retirado, Carlos de Bento, quien mencionó que a Lucila la
habÃan asesinado en un vuelo de la muerte, pero esto fue años antes de que
quedara confirmado que ella y Fassano murieron durante el operativo.
Fuente: Página/12
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