La
Argentinidad del Che
18 de marzo de 2021
Ernesto Guevara de la Serna nació en la ciudad de Rosario, por lo que es
argentino de nacimiento. Y si bien durante algunos años fue también ciudadano
cubano, cuando abandona la isla camino a su experiencia africana deja una carta
para Fidel en la que renunciaba a dicha nacionalidad. Es decir que murió
exclusivamente argentino.
Por otra parte su apodo, “Che”, no dejaba dudas de la argentinidad de
quien era un obsesivo bebedor de mate. Quienes lo visitaban sabÃan que no habÃa
regalo más agradecido que un paquete de la yerba misionera. Además Guevara
cuando leÃa o escribÃa, distraÃdo, entonaba tangos, desafinadamente porque la
música nunca estuvo entre sus dones.
El interés del Che por los asuntos de Argentina puede ser atestiguado
por quienes trabajaron en la agencia Prensa Latina, por él fundada en La
Habana, como Rogelio GarcÃa Lupo. En aquellos tiempos sin internet llamaba casi
todas las noches para interiorizarse de las noticias de su patria. Ese mismo
interés estaba presente en las cartas que enviaba a su familia.
En la lista de los libros que llevó a Bolivia –o pensaba llevar pues
nunca se encontraron– habÃa textos de Bartolomé Mitre, Rodolfo Mondolfo,
Roberto Arlt, Aldo Ferrer.
En su condición de revolucionario la Argentina nunca estuvo fuera de sus
proyectos. El intento más vigoroso fue la columna comandada por Jorge Ricardo
Masetti, que en abril de 1964 intentó hacer pie en la selva salteña que Guevara
habÃa diagnosticado como de condiciones similares a Sierra Maestra.
Para dar una idea de la importancia que el Che le dio a la intentona
digamos que Masetti era uno de sus amigos y colaboradores más próximos y que
con él ingresaron hombres de la mayor proximidad y confianza de Guevara en Cuba
como fue el caso de Alberto Castellanos, en cuya casa se celebró el casamiento
del Che con Aleida March. También el jefe de la custodia de Guevara en La
Habana, Hermes Peña y el comandante Ulises Rosales, años después jefe del
Estado Mayor de la Fuerzas Armadas Revolucionarias y el comandante Abelardo
Colomé Ibarra, entonces jefe de la PolicÃa de La Habana, luego ministro del
Interior.
La experiencia fracasa, es rápidamente conjurada por la gendarmerÃa
argentina que creyó que se trataba de una banda de contrabandistas, y el
Comandante Primero, es decir Guevara (Masetti se autodesignó Comandante
Segundo) ve frustrado su propósito de exportar la guerrilla rural a la
Argentina. Masetti, Peña y otros perdieron la vida, Castellanos pasó muchos
años preso sin que las autoridades argentinas detectaran su proximidad con el
Che y algunos salvaron el pellejo milagrosamente.
Cabe también consignar que, años más tarde, en 1966, la por muchos
motivos equivocada elección de la zona para la guerrilla boliviana se vio
influenciada porque estaba a pocos cientos de kilómetros de la frontera con
Argentina. Todo indica que en Ñancahuazu el Che pensaba fundar un campamento de
entrenamiento guerrillero para nutrir columnas que ingresarÃan en la Argentina,
también en Perú.
Quien fuera, en la era pre López Rega, secretario y biógrafo de Perón,
Pavón Pereyra, me reveló detalles de una visita del Che disfrazado a Perón en
su exilio de Puerta de Hierro, a mediados de 1967. El objetivo fue recabar del
lÃder peronista colaboración para su proyecto boliviano, sabedor ya de la
defección del partido comunista. Perón, con amabilidad, desvió el tema hacia el
asma del jefe guerrillero y le recomendó abortar el proyecto para no
suicidarse. La búsqueda de apoyo argentino se renovará meses después cuando el
Che manda llamar a Ciro Bustos para encargarle el reclutamiento de voluntarios.
Los expuestos son solo algunos datos que apuntan a la argentinidad del
Che Guevara. Poco hemos hecho argentinas y argentinos para reconocerlo como
compatriota. Es notoria su ausencia, salvo contadas excepciones, en el nombre
de calles, parques, instituciones, monumentos. Es sin duda, a nivel mundial,
una de las grandes figuras del siglo XX y su influencia se extiende hasta
nuestros dÃas sobrevolando, en pancartas y cartelones, las protestas sociales
en Perú, Polonia o Corea, en todos los paÃses del mundo.
Ciertos sectores de la izquierda vernácula son renuentes a reivindicar
su argentinidad por lealtad con Cuba, la derecha porque la potente vigencia del
ejemplo del Che no lo desplaza del lugar de peligroso enemigo.
Ya es hora.
Fuente: Página/12

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