Transformar
drásticamente la Justicia
Por AgustÃn Bruera
Entre diciembre de 2015 y diciembre 2019 nuestro paÃs fue
devastado. Social, cultural, económica e institucionalmente. Esa hecatombe
planificada, sin embargo, contó con un protagonista clave, que resultó un
engranaje fundamental en el proyecto neocolonial de sumisión del paÃs a los
intereses concentrados: el Poder Judicial de la Nación.
La indebida intromisión de la corporación judicial en la
polÃtica llegó al extremo de pautar procedimientos judiciales de alto impacto
con el cronograma electoral, a fin de influir sobre ellos y sugestionar a la
población, para direccionar su voto.
Para que el proyecto polÃtico del ajuste económico, la destrucción del salario y el endeudamiento externo se imponga en el paÃs, el Poder Judicial consintió hacer el trabajo sucio de criminalizar el proyecto polÃtico inverso, de distribución de la riqueza, apreciación del salario y desendeudamiento progresivo de las cuentas públicas. Esa criminalización sistemática de los movimientos populares y sus dirigentes, conocida como Lawfare y extendida a escala regional, continúa intacta, a más de un año del fin del gobierno que la promovió y usufructuó.
En tal sentido, los trabajadores y trabajadoras
judiciales celebramos fervorosamente el diagnóstico de la situación y los
anuncios hechos por el presidente de la Nación, el pasado 1º de marzo,
durante la apertura de sesiones ordinarias del Congreso, en relación al sistema
judicial.
No obstante la expectativa generada, sabemos
perfectamente que los cambios necesarios demandan algo mucho más potente que un
alocución presidencial: se precisan hechos.
Algunos de los anuncios presidenciales son la continuidad
de otros en pleno trámite parlamentario o consecuentemente proyectados por un
gobierno que ganó las elecciones recogiendo la demanda social de cambios en la
Justicia, ante el enorme descrédito social al que la han conducido los
magistrados y magistradas que hegemonizan ese poder del Estado.
Nadie puede hacerse el distraÃdo, ni mostrarse
sorprendido con el debate público lanzado por el presidente el 1 de marzo, y
por la vicepresidenta el miércoles 3, tras su intervención ante uno de los
Tribunales, en este caso de la Casación Federal, que la juzga en Comodoro Py.
Es absolutamente lógico que un gobierno que arribó al
poder tras ganar las elecciones en primera vuelta, ejerza la legitimidad que le
da el apoyo popular, para emprender cambios drásticos en un sistema
institucional viciado por la intromisión de espesos intereses económicos,
mediáticos y hasta supranacionales. No hacerlo violarÃa el contrato electoral,
y sumirÃa a la polÃtica (única arma efectiva y democrática con la que cuentan
las sociedades modernas para producir transformaciones profundas) en una
degradación aún mayor que la de la Justicia.
No podrá haber sanción penal y polÃtica para quienes endeudaron imperdonable y criminalmente por generaciones a nuestro paÃs, y fugaron los empréstitos, si en simultáneo no se reforma sensiblemente al Poder Judicial que miró para otro lado ante la sistemática destrucción del aparato productivo nacional y la extranjerización creciente de nuestra economÃa, que estaba saneada hasta 2015.
Sabemos, no obstante, que la progresividad de los cambios
proyectados en relación al Poder Judicial, dependerá de la correlación de
fuerzas parlamentarias y la presión que los grupos de poder opondrán.
Sepa el presidente, sin embargo, que en ese juego de
coacciones y demostraciones de fuerza, tendrá siempre a su lado al pueblo, si
es que logra comunicarle bien el sentido de los cambios y la razón de ser de
ellos, y demuestra no tener ningún compromiso con los poderes permanentes de la
Argentina, que digitan desde las sombras el destino del paÃs.
No habrá cambios posibles, ni eficaces en relación al
diagnóstico sobre el estado de la Justicia, si no se apunta a modificar sensiblemente
el funcionamiento de la Corte Suprema, ni se altera la correlación de fuerzas
entre la corporación judicial y la representación polÃtica en el Consejo de la
Magistratura, ni se cambia el rumbo del Ministerio Público Fiscal de la Nación.
Un organismo clave como lo es la Procuración General de
la Nación, llamada por la Constitución a definir la polÃtica criminal del
Estado, no puede seguir en manos de fiscales que han reemplazado el Código de
Procedimientos por los manuales del Lawfare. Y más aún, si estamos a las
puertas de implantar el sistema acusatorio.
Los trabajadores y trabajadoras judiciales estaremos
movilizados todo lo que sea necesario, para cuidar esta esperanza, llevarla a
la realidad y devolverle al pueblo la felicidad perdida, el Poder Judicial
secuestrado por la embajada norteamericana, y la dignidad que largamente se
merece.
* Secretario General de SITRAJU Nación – CTA
Fuente: Página/12

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