Tributo a MarÃa Luisa Bemberg,
una cineasta precursora
Pasar al frente
El legado de la cineasta y feminista pionera MarÃa Luisa
Bemberg es merecidamente recuperado y justamente ensalzado por El asombro y la
audacia. El cine de MarÃa Luisa Bemberg, un libro donde las investigadoras
Julia Kratje y Marcela Visconti reúnen una serie de testimonios, entrevistas y
ensayos crÃticos para iluminar distintos aspectos de una obra que subvirtió los
valores establecidos respecto del rol de las mujeres, en el arte, el activismo
y la vida.
Por Guadalupe Treibel
MarÃa Luisa Bemberg. Colección Flia. Bemberg en el Museo
del Cine.
“Es hora de que las mujeres nos atrevamos a atrevernos”,
solÃa decir MarÃa Luisa Bemberg (1922-1995) hace más de cuatro décadas,
parafraseando a la periodista y escritora francesa Françoise Parturier. Una
máxima que llevó a la práctica esta cineasta decididamente precursora en el
ámbito local, que sinceramente deseaba “contribuir a que las mujeres descubran
que pueden hacer mucho más que servir y gustar”, que supieran “que pueden crear
además de procrear”.
“Es formidable darse cuenta de que una puede caminar, que
no es renga ni mutilada. Eso sÃ, hay que largarse de una buena vez”, arengaba
quien, antes de plantarse tras la cámara para rodar su primer largo, ya habÃa
sido empresaria teatral (en la década del 50), guionista de dos largometrajes (Crónica
de una señora y Triángulo de cuatro), directora de
cortometrajes de inspiración feminista. En El mundo de la mujer,
del ’72, cargaba contra los imperativos de belleza y sumisión que recaÃan sobre
las mujeres; en Juguetes, del ’78, ponÃa sobre el tapete cómo los
roles de género empezaban a formatearse desde la niñez, precisamente a través
de juegos que nada tenÃan de inocuos…
En plena dictadura, fue una de las fundadoras de la Unión
Feminista Argentina en los tempranos 70s, y luego de otros espacios históricos
para la militancia local, amén de la asociación La Mujer y El Cine que
contribuyó altamente a la difusión de la obra de directoras nacionales e
internacionales.
Con convicción y premura, en poco más de una década rodó
seis largometrajes que se salieron completamente de la vaina, con personajes
femeninos dÃscolos, atÃpicos para la pantalla local, que no solo cuestionan
distintas maneras de opresión, sino que se atreven a soltar amarras, salirse
del destino férreamente asignado. En Momentos, su primer pelÃcula,
de 1981, una mujer casada vive un breve pero apasionado affaire con un hombre
bastante más joven. En Señora de nadie, del ‘82, un ama de casa -a
la que el marido le ha mentido durante 15 años- hace huelga y abandono del
hogar, dejando que el tipo se encargue de las tareas de cuidado, mientras ella
se arma una vida diferente, genuina, afianzando nuevas amistades (la más
entrañable, con un muchacho gay, interpretado por Julio Chávez en un personaje
inusual para el cine argentino de la época).
En Camila -de 1984, que le valió una
nominación al Oscar que tuvo al paÃs en vilo la noche de la entrega de esos
premios-, se anima a la transgresión máxima: la trágica historia real de amor
de Camila O’Gorman -joven de alta alcurnia, desobediente y contestataria- con
el sacerdote de su capilla. En 1986, filma la sobresaliente Miss Mary,
plantando cámara en una casa normanda perdida en las pampas para desnudar la
hipocresÃa, el subyacente ideario fascista y la represión femenina de la clase
que más conoce, de la que es parte: la alta burguesÃa argentina. Mencionando
incluso -rojiza nota de color- a lo indecible en esas fechas en la pantalla:
¡la menstruación!
“Siempre estoy tratando de desenmarañarme de esa cultura,
de encontrar la propia. Pero para las mujeres, todavÃa se trata de nuestros
primeros pasos. Puedo decir que no he tenido que pelearme conmigo misma para
desarticular una mirada que podÃa estar teñida de misoginia o de una cultura
con la que no me identifico de verdad. Por lo menos, no conscientemente”, le
contaba en julio de 1986 a la periodista Moira Soto para el suplemento La Mujer
de Tiempo Argentino, en una nota a cuento del inminente estreno de Miss
Mary. En esa misma interviú, advertÃa que “en determinadas áreas
profesionales, todo sigue siendo más difÃcil para las mujeres. Pero hay otro
impedimento que está dentro de nosotras y que tiene que ver con la inseguridad
que a menudo paraliza. Lo que me gratifica respecto de mis logros como
directora, es haber podido demostrar que cuando una mujer se lo propone, puede
hacer cine. Creo que a mà el hecho de ser una mujer tempranamente divorciada me
ha dado mucha autonomÃa para pensar y para vivir. Vivir sola es una buena
escuela para una mujer. Mis conocimientos técnicos los he ido adquiriendo por
medio de una serie de libros estudiados a fondo. Y el creer firmemente que
tenÃa algo para contar me impulsó a hacer cine. Sentà una especie de alivio el
dÃa que descubrà que la escritura cinematográfica se basaba sobre seis
movimientos de cámara: como un alfabeto de seis letras. Creo que en el cine no
hay leyes, que el estilo tiene que ver con la historia que se quiere contar”.
Miss Mary. Colección Flia.
Bemberg en el Museo del Cine.
Al cumplirse los 25 años de su muerte, la cineasta ha
recibido recientemente un más que merecido homenaje: el libro El
asombro y la audacia. El cine de MarÃa Luisa Bemberg, de las
investigadoras y docentes Julia Kratje y Marcela Visconti. Kratje es
investigadora del Conicet y da clases en la Universidad Nacional de las Artes
para la licenciatura de artes audiovisuales y algunas carreras de posgrado.
Visconti es docente de análisis y crÃtica de cine en la facultad de FilosofÃa y
Letras, en la carrera de Artes, e investigadora del Instituto
Interdisciplinario de Estudios de Género, por mencionar unas pocas chapas.
Ambas se avienen a conversar con Las12 sobre la flamante
edición, 200 páginas dedicadas a recorrer la vida y la obra de MarÃa Luisa
Bemberg.
El asombro y la audacia fue
parte del reciente tributo que celebró el legado de MarÃa Luisa Bemberg en el
Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. ¿Cómo surge el proyecto de
este libro editado con participación del INCAA?
JK: --La invitación fue una sorpresa bienvenida, muy
inesperada por el contexto pandémico, que nos tuvo trabajando de sol a sol.
Porque el primer contacto fue a mitad de septiembre y, desde ese momento hasta
que el libro fue entregado al equipo de diseño, ¡apenas si pasó un mes! Por
supuesto, para nosotras -que ya venÃamos investigando la filmografÃa de
Bemberg- se presentó como una oportunidad soñada. Desde hace tiempo
profundizamos en el campo de la teorÃa fÃlmica feminista, en revisiones,
crÃticas y nuevas ideas teóricas que se forman a partir de los 70s, y hay
preguntas que reverberan y que quisimos que se expandieran a partir del libro:
si la relación entre cine y feminismo aparece en los modos de producción, si el
género de la persona que está detrás de cámara tiene que ver con los textos que
produce, si incide en el público… Pero retomando los hilos, sÃ, El
asombro y la audacia fue una oportunidad, que de ninguna manera
hubiera sido posible sin la generosidad de las muchÃsimas personas que
contactamos, desde investigadoras académicas hasta jóvenes cineastas, que
mostraron genuino entusiasmo para que esta pequeña odisea se pudiera concretar.
LucÃa Galán, vestuarista de Bemberg, nos facilitó figurines; Marta Bianchi,
fotografÃas; el Museo del Cine rápidamente puso a disposición el archivo
personal de MarÃa Luisa; y siguen las firmas… No quisiera dejar de mencionar a
Pablo MarÃn y Malena Rey, productores, que trabajaron codo a codo con nosotras.
MV: --No es casual que este homenaje, que llega recién 25
años después de su muerte, haya sido por gestión de Cecilia Barrionuevo, que es
la primera mujer en ocupar el rol de directora artÃstica del Festival
Internacional de Cine de Mar del Plata en toda su historia (el BAFICI, dicho
sea de paso, nunca ha tenido una directora artÃstica). De hecho, en esta última
edición, también se organizó un foro de cine y perspectiva de género, abriendo
espacios de discusión que es vital que existan para incorporar otras experiencias,
otras lecturas, más riqueza, más complejidad.
El libro reúne decenas de testimonios de personas
allegadas, crónicas, entrevistas, material de archivo, además de ensayos
crÃticos desde distintas ópticas académicas, ¿cómo fue la curadurÃa de este
corpus tan colosal y variopinto?
MV: --No querÃamos hacer una especie de efeméride pulcra
ni poner a MarÃa Luisa en un pedestal. Tampoco leerla con los mismos anteojos
con los que se discute el cine habitualmente, bastante sesgados, por cierto. La
idea era encontrar otros modos de mirar, de pensar su cine, armar otras
agendas, problematizar otras áreas, ir más allá de un homenaje en sentido
tradicional. Por eso nos interesaba que este repertorio tan amplio y diverso de
voces permitiese distintas entradas, iluminase distintos aspectos de su
filmografÃa; incluso contradicciones históricas que atraviesan a la autora y a
su obra. Entonces pensamos cuatro zonas que agrupan diferentes miradas
interdisciplinarias, también en cuanto a estilos de escritura, en pos de darle
cierta elasticidad y fluidez al libro. El primer apartado, “Enfoques”, va desde
la crónica (de Leila Guerriero) hasta la biofilmografÃa (un trabajo de Julia
Montesoro), e incluye trabajos de análisis histórico: de la investigadora MarÃa
Laura Rosa, vinculado a los feminismos en Argentina; de Ana Forcinito y de
Catalina Trebisacce, alrededor de la materialidad de las pelÃculas, análisis
formales que enfocan en cómo circulan las voces y las miradas en los films, que
revelan a partir de esas texturas, trazando puentes con lo polÃtico y lo
sociocultural.
JK: --Para “Encuentros”, la siguiente zona, entrevistamos
a personas que trabajaron con ella. Por ejemplo, protagonistas de sus films
como Graciela Dufau (Momentos), Luisina Brando (Señora de nadie)
y Susú Pecoraro (Camila); también a la vestuarista Graciela Galán o a
Luis MarÃa Serra, que compuso la música de todas sus pelÃculas. Y a la
productora Lita Stantic, por supuesto. “Espejos”, la tercera área, trae la
palabra de espectadoras que, por su activismo histórico y su relación con las
artes, podÃan aportar perspectivas valiosas, demostrando que el cine nunca se
cierra: sigue reverberando cada vez que vuelve a verse una cinta. Allà está la
voz de, entre otras, Dora Barrancos. O de una feminista de enorme trayectoria
como Mónica Tarducci que, además de ser la actual directora del Instituto de
Investigaciones de Estudios de Género de la Facultad de FilosofÃa y Letras de
la UBA, es una gran cinéfila.
Graciela Dufau y MarÃa Luisa
Bemberg. Colección Flia. Bemberg en el Museo del Cine.
MV: --Y cerramos El asombro y la audacia con
“Entre generaciones”, con la palabra de cineastas contemporáneas que reconocen
cómo, de un modo u otro, la figura de MarÃa Luisa Bemberg influyó en ellas como
directoras. Es una sección que busca destacar cuán importante es poder
construir genealogÃas y pensar intercambios en distintas direcciones.
JK: --Hay que mencionar que muchas mujeres que hoy salen
a filmar tuvieron el reconocimiento, apoyo e impulso de la asociación La Mujer
y El Cine, que nació gracias al esfuerzo colectivo de Bemberg y otras mujeres
(Clara Zappettini, Alicia D’Amico, Graciela Maglie, AnnamarÃa Muchnik, Stantic,
Marta Bianchi, entre ellas).
En el prólogo de El asombro y la audacia,
recuperan algunos dichos de los tempranos 70s de MarÃa Luisa Bemberg, donde
ella destacaba cuán “indispensable es la educación sexual” y que “es una
discriminación inadmisible que una mujer no pueda tener el control de la
natalidad”.
MV: --En este momento histórico, nos pareció que era
justo y necesario recordar cómo, muchas décadas antes de que el discurso a
favor del aborto fuera vox populi, ella no solo subrayaba la importancia de que
la mujer tuviera control sobre su propio cuerpo: hacÃa hincapié en la
natalidad. Cuando pocas se definÃan abiertamente feministas, ella lo asumÃa
públicamente, y desde ese lugar, empezó a hacer cine. En Yo, la peor de
todas, por caso, le hace decir a Sor Juana Inés de la Cruz, deslumbrante
mÃstica y poeta que rechaza la domesticidad del matrimonio y la maternidad:
“¿Qué hubiera hecho yo con niños agarrados a mi falda, mientras estoy tratando
de encontrar una rima?”, idea que lleva directamente a Un cuarto propio,
de Virginia Woolf. La necesidad de silencio y soledad para dedicarse al
pensamiento está enlazada con la idea de que la maternidad tiene que ser
querida, o no ser. En ese mismo film, aparece además una figura que el cine, y
la sociedad en general, no mostraba: la de la madre deseante a través de la
virreina. Embelesada con Sor Juana, la virreina tiene un hijo, pero haber
parido no interfiere con el coqueteo que mantiene con la monja, con ese
erotismo subyacente…
JK: --Son muchas las personas allegadas que describen a
MarÃa Luisa como alguien acelerado, que no podÃa distraerse, perder el tiempo.
Me animarÃa a decir que la urgencia con la que Bemberg vivió el cine es la
encarnadura del “Es ahora”, esta consigna que tanto ha corrido este último
tiempo. Como si al caerle la ficha, no hubiera habido vuelta atrás: solo
quedaba el arrojo, la audacia a la que hace alusión el tÃtulo del libro, ir al
frente. Envuelta en la segunda ola del movimiento de mujeres, atravesada por
ese vitalismo tan fuerte, ella descubre que tiene que correr contra su reloj
biológico para narrar a través del cine.
MV: --Recordemos que pisaba los 60 cuando filma su
primera pelÃcula…
JK: --Y que todas sus protagonistas fueron mujeres, algo
que evidentemente es adrede. Tanto en sus seis largometrajes, desde Momentos hasta De
eso no se habla, como en los dos guiones que escribió antes: Crónica
de una señora, de 1970, dirigida por Raúl de la Torre, y Triángulo
de cuatro, de 1975, de Fernando Ayala. Son personajes que van contra el
confort, que patean el tablero persiguiendo su propio deseo. Un deseo que,
tanto en la vida como en la obra de Bemberg, no está formulado desde la pura
singularidad sino desde la primera persona del plural.
Sin ir más lejos, MarÃa Luisa declara en el ’81: “SabÃa
que si mi pelÃcula salÃa mal no iban a decir ‘¡qué bestia la Bemberg!’, sino
‘¿no ven que las mujeres no sirven para hacer cine?’, y ahà caerÃan en la
volteada millones de mujeres inocentes”.
JK: --Y al final abrió muchos caminos. Porque, antes de
Bemberg, no hubo en nuestro paÃs directoras que tuviesen una trayectoria dentro
de un modo de producción fÃlmica a gran escala. En ese aspecto, ella -que
elegÃa trabajar con los mejores, que era perfeccionista, elegante, exquisita
para optar por el encuadre, dueña de una serie de “encantos fulminantes”, como
dirÃa Leila Guerriero- es absolutamente precursora. Indudablemente en Lita
Stantic encontró una interlocutora y una aliada a toda prueba para desarrollar
una carrera en cine de ficción como ninguna mujer antes.
MV: --Durante la época del cine silente habÃa más
directoras, que lamentablemente han pasado al olvido. Pero cuando esta forma de
arte se institucionaliza, se vuelve industrial y mueve mucho dinero, cambia el
asunto… Vlasta Lah, por ejemplo, solo pudo filmar dos pelÃculas: fue la primera
mujer en dirigir un largometraje sonoro en Argentina, Las furias, y
es un film de 1960. En cine experimental, otro es el cantar; tenemos más
referentes, pero acaso encontraran menos trabas porque no habÃa plata en juego.
Por eso es tan importante la figura de Bemberg: tuerce esta historia al hacer
cine profesional, y encima yéndole tan bien a sus pelÃculas. Y eligiendo
trabajar, como mencionaba Julia, con una productora. Porque con Lita Stantic
arma una dupla sumamente productiva que, en poco más de una década, crea cinco
films increÃbles (N. de la R.: De eso no se habla, su sexta y
última pelÃcula, fue producida por Oscar Kramer). Lucrecia Martel, que escribió
un texto muy lindo, dice que MLB y LS sembraron en ella un malentendido: que
era natural que las mujeres hicieran cine.
¿Es cierto que Bemberg pone plata de su bolsillo para
rodar Momentos?
JK: --SÃ, pero solo lo hace con la primera pelÃcula, porque la segunda -Señora de nadie- se hace con el dinero que se obtuvo de Momentos, producida por GEA, la empresa que fundaron Lita y MarÃa Luisa juntas. Camila fue una coproducción española; Miss Mary, americana; Yo, la peor de todas, francesa. No filmó porque tenÃa plata, solo fue ese primer gesto.
MLB declara en cierto momento, como se cita en el libro:
“SerÃa inmoral de mi parte, teniendo la posibilidad de hablar de la mujer,
contar la historia de un hombre”, mostrándose como feminista de acción y de
compromiso.
JK: --En su obra, es notorio cómo toma una distancia
radical de la idea de mujer como compendio de cristalizaciones, de lugares
comunes, de presunciones patriarcales. Y en ese gran arco de personajes
femeninos, sus protagonistas siguen otra vÃa: tienen otra forma de ver el
mundo, otra manera de vincularse con la sexualidad, con la intimidad, con las
relaciones familiares, se involucran con sus deseos.
MV: --Fijate que, como guionista de Crónica de
una señora, ella estaba presente todo el tiempo en el rodaje. Es allÃ, de
hecho, cuando frente a una sugerencia de MarÃa Luisa, el iluminador Juan Carlos
Desanzo le propone “¿Por qué no digirÃs vos?”, pero a ella en ese momento le
parece un disparate, no estaba dentro del canon. Cuestión que, en esos dÃas,
teje alianzas con Graciela Borges, que era la protagonista. No al modo de la
dupla Beatriz Guido y Elsa Daniel, pero sà hay un ida y vuelta, una fuerte
afinidad. Y en ese intercambio, Bemberg le pide a Borges sobre el personaje:
“Por favor, no la hagas tonta”.
JK: --A lo largo de su vida, Bemberg tejió lazos de
solidaridad, creó alianzas, compromisos colectivos hacia la militancia
polÃtica, hacia el activismo feminista, hacia el campo cinematográfico que
cerraba sus puertas a las mujeres. Aunque, obvio es decirlo, no fue de un dÃa
para el otro su proceso de desarticular mandatos: patriarcales, domésticos,
eclesiásticos, de clase, al pertenecer a una de las familias aristocráticas de
la Argentina.
MV: --Y en su rol de pionera, estuvo vinculada a la
fundación de espacios clave: la Unión Feminista Argentina (UFA), que arranca a
fines de los 60s con reuniones informales en el Café Tortoni; o la asociación y
el festival La Mujer y El Cine en 1988, que alentó el rol de liderazgo femenino
en la producción fÃlmica, vigente hoy dÃa gracias al trabajo de AnnamarÃa
Muchnik, su directora. Ella supo ver el potencial de estos espacios, supo estar
y supo promover lo que acabarÃa siendo un semillero, un disparador para un
montón de compañeras que empezaban a pensar en su agenciamiento, qué podÃan
hacer, cómo podÃan contribuir.
La UFA, un hito en el feminismo local, es una de las
primeras agrupaciones del paÃs -si no la primera- en desarrollar reuniones de
reflexión y discusión de problemáticas comunes a todas las mujeres.
Destaquemos, por favor, que en esos dÃas el divorcio era ilegal, el aborto ni
se susurraba, la patria potestad era de los hombres. En ese contexto llevan
adelante campañas que denuncian la explotación de las mujeres. Por ejemplo, en
el DÃa de la Madre, hacen volantes que dicen “Madre: esclava o reina, pero
nunca persona”.
MV: --Absolutamente, no hay que perder de vista que todos
los logros que se fueron consiguiendo, se obtuvieron porque el feminismo los
militó durante años… A diferencia de lo que pasó en otros lugares del mundo, en
Argentina se dio un fenómeno curioso, singular: el feminismo de la segunda ola
en gran parte es impulsado por mujeres de la elite. Gabriela Christeller, una
condesa italiana radicada acá, entra en contacto con MarÃa Luisa a fines de los
60s, principios de los 70s, y juntas fundan la UFA. Bemberg habÃa vuelto al
paÃs tras vivir unos años afuera y, con cuatro hijos, se divorcia; trámite que
tiene que gestionar en el exterior porque, como decÃas, en Argentina todavÃa
era ilegal. De sus viajes, empieza a traer lecturas y temarios que se trataban
en los encuentros de la Unión: sobre la maternidad, el trabajo, la
menstruación, el dinero… Cada mujer compartÃa vivencias Ãntimas y, claro,
empiezan a darse cuenta de que se asemejaban a las del resto; ahà es cuando se
les revela que efectivamente lo personal es polÃtico. Te cuento una anécdota
que, a mi parecer, es bastante ilustrativa: el guión de Crónica de una
señora surge de un texto teatral, La margarita es una flor,
que ella habÃa escrito y mandado a un concurso del diario La Nación; no gana,
el premio queda desierto. Lo envÃa con el seudónimo “Cecilia”, una elección en
la que veo un gesto polÃtico. Porque la obra -y luego su adaptación para cine-
trata sobre una mujer aristócrata que atraviesa un proceso de autorreconocimiento
tras comenzar a cuestionarse esa vida tediosa, y el catalizador de ese proceso
es el suicidio de una amiga suya, que justamente se llama Cecilia. Es como si
Bemberg estuviera diciendo: “Todas podemos ser Cecilia”.
JK: --Ese guión está muy atravesado por su lectura de dos
obras esenciales de la época: El segundo sexo, de Simone de
Beauvoir, y La mÃstica femenina, de Betty Friedan, que incluso
aparecen en escenas de la pelÃcula. Tiene que ver con cuál era su biblioteca
como cineasta en ciernes, qué ideas la abrieron al feminismo. Se revela un
tejido sumamente interesante relacionado a la candente teorÃa feminista de la
segunda ola, que reverbera tanto en su vida como en su obra… Pensaba, a partir
de lo que decÃa Marcela, en otro nombre significativo: el de “Leonor”, como
llama a la protagonista de Señora de nadie. Luisina Brando, que
encarnó el papel, nos contó que era una marca de la fuerza de leona que tiene
el personaje, tal cual se va revelando tras romper con el enclaustro doméstico…
MV: --También es un guiño cariñoso, un homenaje a Leonor
Calvera, feminista histórica (N. de la R.: también talentosa pensadora, poeta,
escritora, autora de una ensayo fundamente, El género mujer,
publicado en 1982), que está presente en los albores de la UFA. MarÃa Luisa confiaba
mucho en su mirada, la consultaba frecuentemente; le pedÃa que leyera sus
guiones; le encomendó, por ejemplo, la investigación histórica de Camila.
¿Tuvo que sortear obstáculos para contar estas historias?
Momentos. Colección Flia.
Bemberg en el Museo del Cine.
MV: --Bueno, la primera pelÃcula que ella quiere hacer
es Señora de nadie, no Momentos, pero no pasaba la
censura porque aparecÃa un personaje gay entrañable, no ridiculizado. Algo que
hoy parece de otro planeta, pero no fue hace tanto… La tuvo que postergar
durante varios años, hasta que se estrena en la vÃspera de Malvinas, el 1º de
abril de 1982. Con Momentos -que se lanza un año antes, en el
’81-, también tuvo ciertas dificultades…
JK: --El guión fue objetado durante un tiempo por el Ente
de Calificación Cinematográfica, que veÃa con malos ojos el núcleo argumental:
en palabras del afiche promocional, “el adulterio de una mujer contado por otra
mujer”. Pese a que la infidelidad formaba parte del repertorio temático de la
ficción, a que no era un tópico inhabitual, era un escándalo si no eran los
hombres los que lo practicaban.
En una nota reciente ustedes declaraban que hasta hace
poco los estudios fÃlmicos sobre MarÃa Luisa Bemberg se contaban con los dedos
de una mano. ¿Este trabajo busca saldar una deuda pendiente?
JK: Mirá, hará cosa de 10 años, para mi maestrÃa, hice un
estudio donde trabajé sobre Camila. Por esas fechas, en lo que a
material académico se refiere, encontré trabajos acerca de la obra de MLB en
revistas de investigación fÃlmica o estudios hispanoamericanos, pero de Canadá
y de Estados Unidos, lógicamente publicados en inglés. A nivel local, salvo
raras excepciones, como el análisis de Catalina Trebisacce sobre los
cortometrajes El mundo de la mujer (1972) y Juguetes (1978),
era escueto, muy salpicado. Estaba también el libro de Clara Fontana, publicado
por el Centro Editor de América Latina para una colección de directores
argentinos, donde la única figura femenina era la de Bemberg. Pero aunque es un
material valioso, no es estrictamente académico. Cuando los estudios académicos
sobre cine argentino se empiezan a formar en los años 90, MarÃa Luisa no fue
una de las figuras sobre la que más se ocuparon… Es algo que, por fortuna, ha
empezado a cambiar este último tiempo; un momento en el que, desde el campo de
la investigación y de la crÃtica, se emprenden rescates de figuras olvidadas o
invisibilizadas.
MV: --Para prueba, los trabajos de Ana Forcinito o de la
propia Julia. A mà lo que no deja de sorprenderme es que sus cortometrajes -de
corte feminista, claramente militantes, que hizo por encargo de la UFA- hayan
empezado a recuperarse hace tan poco tiempo. Estaban ahÃ, al alcance, pero
nadie los veÃa, les prestaba atención; completamente desatendidos por parte de
la academia.
JK: --El mundo de la mujer es un corto que ella graba en Femimundo ‘72, haciendo un recorrido por los distintos stands de esa exposición dedicada al “universo femenino”, todo aquello que -presuntamente- le interesa a la mujer moderna; es decir, depiladoras portátiles, lápices labiales, pelucas, pestañas postizas, electrodomésticos, masajeadores de glúteos. O sea, lo necesario para la construcción de una mujer bella y servicial, moldeada por el patriarcado para la felicidad del varón. Entonces ese final tan impactante: la imagen de una mujer tras las rejas mientras, como banda sonora, un orgasmo femenino se sobreimprime con la música de Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band. No es solo la cárcel: es la saturación de la publicidad, del consumo, puesta de manifiesto a través del sonido para hacer visible el entramado en el que está atrapada.
MV: --La reja -como agobio, como libertad coartada- es
una figura reincidente, una marca que se repite a lo largo de sus pelÃculas…
JK: --Lo interesante es que, a su vez, es una figura que
admite desplazamientos: a través de las rendijas se trasluce lo que está en las
sombras, otro universo. Las celosÃas del confesionario, en el caso de Camila,
que dejan entrever el deseo mismo, cómo el erotismo aflora en este espacio tan
Ãntimo y tan tabú, los momentos de mayor luminiscencia y las zonas más oscuras.
Marcela Visconti y Julia Kratje







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