La
huelga que paralizó el agua y el aceite
(Foto: Prensa FTCIODYARA)
Opinión
Por Fernando Rosso - @RossoFer
27 de diciembre de 2020
La exprimera ministra británica Margaret Thatcher
cuenta en su libro de memorias (Los años de Downing Street) la importancia que
tuvo una de las primeras huelgas que debió enfrentar para lograr su objetivo de
resetear para siempre la estructura social del paÃs. Cuando en 1980 tuvo que
lidiar con los trabajadores del acero recuerda que tenÃa clara una cuestión:
importaba menos lo que sucedÃa con esa rama de la industria (si podÃa o no
cumplir con las exigencias de los huelguistas) como infligir una derrota ejemplificadora
para que el resto de los trabajadores no siga midiendo sus reclamos “por
comparación”. Con esa brújula se orientó en los años siguientes hasta alcanzar
su cometido en la heroica huelga minera que duró más de un año entre marzo de
1984 y el mismo mes de 1985 y que culminó en una derrota para los mineros.
Junto con la crisis por la disputa del canal de Suez en la que Gran Bretaña fue
humillada y la guerra de Malvinas en la que impuso su poderÃo imperial, la
huelga minera fue el acontecimiento social y polÃtico más relevante de la
historia británica posterior a la Segunda Guerra Mundial. Una herida profunda
que aún hoy, varias décadas después, todavÃa supura.
Algo de eso se juega en la huelga de los obreros que tienen paralizados los puertos de todo el complejo agroexportador de nuestro paÃs desde hace más de dos semanas. El contexto, el paÃs, la anatomÃa de la clase obrera y el momento histórico no tienen nada que ver, pero las poderosas multinacionales que dominan el sector parece que quieren jugarse “algo más” que una paritaria en esta pulseada que se transformó en el silencioso hecho maldito del paÃs burgués.
Cientos de barcos anclados en las aguas del Paraná
esperan en vano porque los trabajadores del cordón agroindustrial tienen
totalmente paralizado uno de los núcleos estratégicos del primarizado
capitalismo argentino. Paro y piquetes en casi todos las plantas y puertos en
una medida unificada de la Federación Aceitera, el Soea de San Lorenzo
(Sindicato de Obreros y Empleados Aceiteros) y los recibidores de granos
nucleados en Urgara (Unión de Recibidores de Granos y Anexos de la República
Argentina). Hacia la Navidad se sumaron a la huelga una decena de gremios que
conforman la Intersindical MarÃtima y que operan en las plantas aceiteras (carga
y descarga, serenos de buques, personal jerárquico, vigilancia privada, entre
otros). La zona núcleo del complejo sojero, una de las vÃas privilegiadas para
la entrada de dólares al paÃs de la escasez permanente está sufriendo los
rigores del paro.
Del otro lado están las multinacionales que tienen
la llave económica del paÃs y configuran un monopolio privado del comercio
exterior: las que están controladas por capitales extranjeros como Cargill,
Bunge, ADM, Glencore, Cofco o las se encuentran en manos de empresarios
nacionales como Molinos RÃo de la Plata, Aceitera General Deheza (AGD) y la
famosa —y nunca bien expropiada— Vicentin. El sindicato que agrupa a los
patrones que rechazan el aumento salarial se denomina Cámara de la Industria
Aceitera (Ciara), la entidad que está poniendo el grito en el cielo porque en
el Paraná no se mueven ni el agua ni el aceite.
Hasta ahora vienen fracasando las negociaciones y
dicen que los empresarios se prepararon para un conflicto largo. Es una época
de molienda baja y el trabajo se centra en el acopio y embarque de trigo. Sin
embargo, las empresas están bajo la presión de los contratos comerciales y un
problema que habita en la frontera entre la economÃa y la polÃtica: el Gobierno
tiene necesidad de ingreso de divisas. El pliego de demandas no escrito de las
aceiteras y cerealeras incluye beneficios económicos como la baja de
retenciones, imponer nuevas condiciones de trabajo y un objetivo que siempre es
un sueño eterno de la burguesÃa agroindustrial: la devaluación. Las
conducciones de los sindicatos denuncian que las empresas quieren disciplinar a
los trabajadores y desestabilizar al Gobierno, pese a que se vieron
beneficiadas por partida doble en el año de la pandemia: por la devaluación en
cuotas y el considerable aumento del precio de la soja. En Chicago la tonelada
ya alcanzó los US$ 463 y el portal Agrofy News informó que “entre los factores
alcistas se encuentra el prolongado conflicto en los puertos de Argentina, a lo
que se suman las preocupaciones por el clima adverso en Sudamérica”.
El frente empresario parece tener muy claro que la
disputa va más allá de lo corporativo o lo meramente sindical y quiere salir
ganador en un conflicto testigo. La cuestión radica en que asà lo entiendan y
lo asuman también los trabajadores, no sólo los aceiteros, sino los de todo el
paÃs.
Fuente: Tiempo Argentino


No hay comentarios:
Publicar un comentario