La oportunidad de construir el
núcleo estratégico de la política industrial
Modelo productivo, pandemia y
crisis global
En un escenario internacional de fuerte inestabilidad, la
mayor rivalidad en la competencia entre capitales y entre Estados abre
posibilidades de arbitrar nuevos senderos de cambio estructural. El
desarrollo local de innovaciones de base biotecnológica con orientación a los
sectores agrícola y de la salud es un camino que puede tener un impacto
significativo en la transformación de la matriz productiva.
Por Sebastián Sztulwark * y Pablo Lavarello **
Argentina se encuentra frente a la vieja disyuntiva de
cómo y hacia dónde redefinir el patrón de especialización productivo que se fue
consolidando durante las últimas décadas.
Imagen: NA
Se atraviesa un momento bisagra para la definición de
una política industrial en Argentina. La persistencia de la crisis
interna, esta vez agravada por los efectos devastadores de la pandemia, pone de
manifiesto la necesidad de repensar el proyecto productivo.
Ausencia de cambio estructural y la consecuente restricción externa, factores
recurrentes de una dinámica económica y social empobrecedora.
La urgencia de discutir la política industrial se revela,
además, frente a un escenario de crisis de la acumulación global que
invita a identificar espacios de autonomía transitorios para los países de la
periferia. Esta urgencia no es privativa de la Argentina.
Con la pandemia se cristalizan y aceleran un conjunto de
tendencias a escala global que ya se habían hecho evidente en el año 2008, que
no hacen más que reforzar la sobreexpansión de activos financieros y el
exceso de capacidad productiva. Lejos de resolverse estos problemas, la
crisis sanitaria los amplificó mostrando contradicciones más profundas en lo
ambiental que no ofrecen vías claras de solución.
A su vez, no es posible disociar este escenario de crisis
sanitaria y económica global del reposicionamiento geopolítico de las grandes
potencias mundiales a partir del control económico de las nuevas tecnologías. La
rivalidad abierta entre Estados Unidos y China, reflejada en acciones de
bloqueo a adquisiciones de firmas de tecnología (semiconductores, plataformas
digitales) o en la definición de la infraestructura de comunicaciones (como el
5G y 6G), entre otras, son un claro ejemplo de como la crisis se dirime
en el terreno del recrudecimiento de la competencia interestatal y entre
grandes grupos económicos globales.
Patrón
de especialización
En este contexto Argentina se encuentra frente a la vieja
disyuntiva de cómo y hacia dónde redefinir el patrón de especialización
productivo que se fue consolidando durante las últimas décadas. Este cambio
implica la constitución o reforzamiento de lo que el economista Fernando
Fajnzylber llamó un núcleo endógeno. Esto es, un conjunto de
relaciones entre agentes internos, públicos y privados, empresas productoras,
de ingeniería, de investigación básica y aplicada, articulados en torno a
ciertos pivotes sectoriales de especialización susceptibles de identificarse tanto
en función de las perspectivas internacionales como de las potencialidades
internas existentes.
Entendiendo que la dimensión estratégica de la
política industrial refiere al diseño y promoción de ese núcleo endógeno,
uno de los elementos fundamentales a considerar es la identificación de
las actividades productivas que podrían actuar como pivotes sectoriales de ese
proceso.
La coyuntura internacional antes planteada, pese a lo
devastadora e incierta, parece abrir una ventana de oportunidad
histórica en dos sectores diferenciados a nivel productivo pero que
cuentan con una base tecnológica común, cuya complementariedad,
hasta el momento, no ha sido adecuadamente explorada.
Por un lado, la pandemia convoca a dar respuestas
a una multiplicidad de demandas en materia de salud, poniendo en tensión
tanto a la política científica y tecnológica como a la política
industrial.
En pocos meses, el sistema científico ha mostrado
la capacidad de responder con distintos desarrollos de kits de
diagnóstico, respiradores y otros desarrollos orientados a responder a los
desafíos de la pandemia. No obstante, el escalamiento hacia la manufactura de
estas respuestas enfrenta los límites de la desarticulación entre las políticas
de ciencia y tecnológica, por un lado, y la industrial, por el otro. Cuestión
que muestra la necesidad de acelerar la generación de capacidades tecnológicas
y productivas en los (sub) sectores farmo-químico, biofarmacéutico y de
equipamiento médico, de avanzar hacia una mayor integración nacional de un
complejo industrial de la salud y de explorar nuevos caminos de especialización
al interior del propio sector con vistas al mercado internacional.
El hecho de que la Argentina haya sido elegida por sus
capacidades biotecnológicas para producir a nivel regional el principio activo
desarrollado por una de las cinco empresas multinacionales que lideran la
competencia por la vacuna contra la covid-19 es un buen
ejemplo de la potencialidad interna que existe en este campo.
Paquetes
tecnológicos
Por otro lado, Argentina es un gran adoptante de
las grandes innovaciones de la agrobiotecnología mundial. Y a partir de la
rápida adopción de paquetes tecnológicos mayormente importados, construyó una
fuerte capacidad para producir bienes primarios o productos de base agrícola
con algún grado de trasformación industrial.
A pesar de este carácter de adoptante y de la distancia
que existe respecto de los sistemas de producción de conocimiento de los países
desarrollados, el país cuenta con una base científica capaz de producir
eventos biotecnológicos de relevancia mundial, incluso en el segmento más
disruptivo que se asocia a los avances recientes de la edición génica.
El país cuenta, además, con un mercado ampliado (en la
zona del Mercosur) para avanzar en un proceso significativo de sustitución
de innovaciones. Pero este potencial innovador no puede desplegarse sin una
política industrial que logre desplegar y orientar la capacidad
empresarial de base nacional hacia el umbral productivo mínimo
necesario como para hacer frente a la competencia de los gigantes globales que
se ubican en este sector.
Ambos conjuntos de actividades comparten una base de
conocimientos y una infraestructura científica y tecnológica común que gira en
torno de los notables avances de la biología molecular y de un
conjunto de técnicas con un enorme potencial para revolucionar productos y
procesos, incluso en actividades antiguamente consideradas como maduras.
Oportunidades
Se trata de oportunidades mayores para potenciar los aprendizajes previos en la producción de medicamentos, en la creación de nuevos desarrollos vinculados a la genética vegetal e insumos industriales.
Se abre así la posibilidad de identificar capacidades que
aprovechen esta base común, asentada en el Conicet, las Universidades
Nacionales, el INTA, el INTI y otros organismos de CyT. La experiencia reciente
en la promoción de capacidades tecnológicas por parte del MINCyT en el marco de
los Fondos Tecnológicos (Fontar y Fonarsec) son un punto de partida altamente
promisorio para impulsar una convergencia tecno-económica entre
estos sectores productivos.
La movilización de estos recursos y capacidades no es una
tarea sencilla. Lo que se requiere es una visión de la política
industrial que sea capaz de articular el desarrollo del sistema
científico tecnológico con la promoción de capacidades productivas en un núcleo
estratégico común. Aspecto no menor en un país en donde la protección se limitó
a generar espacios privilegiados de acumulación y la política industrial ocupó
un lugar secundario en la jerarquía institucional de los distintos gobiernos,
más allá de lo discursivo.
En un escenario internacional de fuerte inestabilidad, la
mayor rivalidad en la competencia entre capitales y entre Estados abre posibilidades
de arbitrar nuevos senderos de cambio estructural.
El desarrollo local de innovaciones de base
biotecnológica con orientación a los sectores agrícola y de la salud es un camino
que puede tener un impacto significativo en la transformación de la
matriz productiva y, por lo tanto, en la orientación de nuestra
inserción internacional. Sobre todo, si es la base para un proceso de
integración más profundo con el resto de los países de la región.
El obstáculo principal no es, evidentemente, técnico. La
intervención pública no debe verse como un factor externo fruto del “buen
planificador”. Porque los actores no preexisten a la estrategia. Son, al menos
en parte, resultado del propio proceso de cambio. No es posible suponer
la existencia de una burguesía con vocación transformadora ni la de un Estado
desarrollista.
Lo que un proyecto de esta naturaleza demanda es, por un
lado, la definición de un núcleo endógeno como eje movilizador de los
recursos y capacidades existentes; por otro, una instancia de comando sobre
grupos sociales con intereses contradictorios. Es en este terreno
propiamente político de la política industrial que se abre un espacio
de posibilidad para comenzar a torcer el rumbo de nuestro debilitado modelo
productivo nacional.
* Investigador Independiente Conicet. Coordinador del
Área de Economía del Conocimiento del Instituto de Industria de la UNGS.
** Investigador Principal Conicet. Director
Ceur-Conicet. Director Doctorado en Economía Política del Idaes-UNSAM.
Fuente: Página/12


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