El delito
de ser mujer, negra y luchadora
(Foto: Télam)
Por Carina López Monja - Frente Popular DarÃo Santillán
17 de enero de 2021
El 16 de enero de 2016, la dirigente de la Tupac Amaru, Milagro Sala, fue detenida en su casa por haber participado de un acampe frente a la casa de gobierno de la provincia de Jujuy. A partir de allà hubo un entramado de acusaciones consecutivas con el objetivo de mantenerla privada de su libertad de manera indefinida.
La persecución polÃtica y judicial estuvo encabezada por el gobernador de
Jujuy, Gerardo Morales. Basta ver el video de ese dÃa: un hombre alto, de
camisa blanca ejecutando la orden de detención: se trata del entonces Ministro
de Seguridad Ekel Meyer. Hoy flamante vocal del Superior Tribunal de Justicia
jujeño.
Desde entonces pasaron 1825 dÃas, repletos de irregularidades y
arbitrariedades. Milagro lleva 5 años presa sin una sola condena firme. Fue
hostigada judicialmente, maltratada en la cárcel, se le negaron garantÃas
básicas en el proceso penal y se incumplieron las órdenes de la Comisión
Interamericana de Derechos Humanos, que pidió medidas alternativas al
encarcelamiento para garantizar la vida, integridad personal y salud de
Milagro.
¿Por qué tanto ensañamiento con ella? Tal vez tenga que ver con las miles de
casas construidas en los barrios populares de Jujuy, los 23 polideportivos, la
escuela, el centro de salud, las fábricas. Milagro cometió el delito de quebrar
el monopolio en la obra pública en su provincia y construir más viviendas que
el gobierno de Morales.
Pero, además, construyó poder. Una cosa es una colla que construye viviendas y
otra cosa es que se propusiera gobernar y transformar la provincia. Morales
pasó de pedirle apoyo a Milagro en 2007 para las elecciones a acusarla de
montar un Estado paralelo y perseguirla hasta su detención.
La respuesta más contundente llegó de Pablo Baca, entonces juez del Supremo
Tribunal de Justicia provincial: "Está presa porque si ella está suelta es
un peligro para el gobierno; no por sus delitos, sino para que no tengamos que
volver al quilombo permanente, a los cortes, a la quema de gomas". Baca
renunció poco después, sin dar muchas explicaciones. IronÃas de la vida: lo
reemplazó Meyer, el responsable de la detención de Milagro hace 5 años.
El de Milagro es un caso emblemático de criminalización de la protesta, que
buscó disciplinar y amedrentar a todo aquel que saliera a reclamar por sus
derechos. No tuvo éxito. Los dirigentes sindicales y sociales siguen luchando y
siguen siendo criminalizados, como sucedió en las últimas semanas con
referentes de la UTEP. A pesar de la persecución de Morales, la protesta social
no es un delito. Cuando la justicia no funciona y el lawfare es moneda
corriente, la democracia se deteriora. La libertad de Milagro es
urgente. «
Fuente: Tiempo Argentino

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