Lawfare:
Una guerra invisible
Por Jorge HalperÃn
Está claro que el lawfare es la
persecución polÃtica por la vÃa judicial. Es, a la vez, una guerra no
convencional – algunos estrategas hablan de “guerras hÃbridas” - en un ámbito
complejo – el derecho -, que no es percibida como guerra por la opinión
pública.
Asà lo describieron dos estudiosas, Silvina Romano y
Arantxa Tirado, en un trabajo del Centro Estratégico Latinoamericano de
GeopolÃtica( CELAG).
La referencia a la guerra es apropiada si se tiene en cuenta que lawfare fue acuñado por un general: Charles Dunlap.
Washington redefinió el eje del mal aludiendo al terrorismo, el narcotráfico y la corrupción. Y sectores del Pentágono avanzan señalando que la corrupción es el peor de los males en la medida en que debilita a los gobiernos, los expone a las acciones del terrorismo y el narcotráfico, y asà mina a la democracia.
De esa manera el imperio pergeñó la coartada para
librarse, con la ayuda de jueces alineados, derechas y poder mediático, de
lÃderes y gobiernos que rechazan sus polÃticas. Los acusa de derroche y malversación
de fondos. Los expulsa del poder o directamente los encarcela. Y lo
consigue travistiendo de crÃsis institucional lo que es un golpe.
Cuando la Corte Suprema de Argentina produjo estos dÃas
su absurdo fallo confirmando la condena del ex vicepresidente Amado Boudou en
una causa tan truchada por el lawfare, la indignación corrió como un reguero en
muchos de nosotros, y se tradujo en una convocatoria a un abrazo en Tribunales.
Hoy seguimos mirando a Alberto Fernandez y preguntándonos
si hará algo finalmente para enfrentar a estas ofensivas de un partido judicial
que no deja de perseguir polÃticamente a pesar de que ya no tiene el anterior
gobierno para que lo avale.
El presidente fue claro en plantear que no va a actuar como Macri invadiendo al otro poder, el judicial. Y desató controversias cuando dijo que no hay presos polÃticos sino “detenciones arbitrarias”.
Entonces, ¿no puede, no hará nada al respecto? Más allá
de la indignación, uno percibe que estas movidas judiciales buscan desgastar la
figura del presidente, apuntan al objetivo de siempre, Cristina Fernández,
dejan el campo minado para frenar la anunciada reforma judicial y, claro,
cuentan con el aval de la oposición de derecha, del poder económico y
mediático, y de la embajada de Estados Unidos, foco del lawfare en toda la
región.
Entonces, ¿tiene el presidente las manos atadas? ¿No hay
forma de neutralizar esto?
Empecemos por señalar algo: el abrazo en Tribunales no
tuvo una gran masividad. Es obvio que, de haber querido el gobierno acudir a la
movilización de las bases, otro hubiera sido el panorama. Incluso, aún sin una
acción del gobierno, no hubiera costado producir un hecho bien masivo si otros
aliados del FdT mostraban voluntad de movilizar.
¿Es la cuestión de los presos polÃticos un tema al cual
el FdT le asigna prioridad?
No hay señales claras al respecto. Está claro que preocupa a AF y al kirchnerismo. Pero no está tan claro si es prioridad para otros aliados, el massismo, los gobernadores, y aliados circunstanciales como la fuerza de Roberto Lavagna.
En Jujuy, donde Milagro Sala sobrelleva una prisión de
cinco años, el vicegobernador de Gerardo Morales es Carlos Hakim, un peronista
del Massa. Es difÃcil imaginar a Sergio Massa, que estuvo tan alejado de CFK,
priorizando las libertades de Sala, de Julio De Vido, de Luis D´ElÃa o de Amado
Boudou. Y sucede algo parecido con otros aliados del FdT.
¿PodrÃa el presidente ejecutar un acto de autoridad del
tipo de un indulto o alguna variante, con lo cual disparará nuevas ofensivas de
distintos sectores, sin tener suficiente aval interno o sin hacer crujir las
alianzas del Frente?
Claro que no hacerlo y seguir exponiéndose al desgaste
que deliberadamente le provocan los focos de resistencia en los tribunales,
podrÃa ocasionarle un alto costo polÃtico.
¿Es asÃ? Hay que tener en cuenta que el tema de los
presos polÃticos no resulta accesible a buena parte de las mayorÃas, que votan
pero que desconocen los meandros de la Justicia y el lawfare.
Ahora, si uno atribuye debilidad e impotencia al gobierno en este tema, debe preguntarse si algún gobierno de América Latina tuvo éxito desarticulando el lawfare. La verdad es que no hay antecedentes en una región que hoy es gobernada en absoluta mayorÃa por aliados del lawfare alineados con Washington.
Porque el lawfare es una creación siniestra y brillante
de Washington y un dispositivo al que aún no se encontró forma de desactivar.
Vuelvo a los indignados por la ofensiva judicial contra
Boudou, en especial los que comparan la forma en que el entonces flamante
presidente Nestor Kirchner actuó sobre la Corte menemista. Junto a su enérgica
determinación, su clara visión de que debÃa avanzar con acciones fuertes,
Nestor manejó un peronismo y aliados que no venÃan de recientes
enfrentamientos, como sucede hoy en el FdT, y tampoco estaba en la vereda de
enfrente un bloque de poder consolidado como el que hoy hostiga a Alberto
Fernandez.
Las comparaciones no sirven en este caso.
Por estas horas está claro que la unidad del FdT es
crucial para que la oposición de derecha no encuentre una forma de volver al
poder. Sea porque el presidente y docente de derecho rechaza una intervención
ante la Justicia por propia convicción, o porque en la encrucijada opta por no
desafiar la cohesión del frente, es difÃcil imaginar cuál será la salida a esta
herida abierta en el Frente de Todos.
Pero esto no impide reaccionar ante la aberración de que
un gobierno votado por las mayorÃas tenga que contemplar como desde la tribuna
esta supervivencia de la nefasta persecución polÃtica de los aliados del
lawfare.
Fuente: Página/12

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