Guernica y
la justicia
(Foto: Télam)
Por Fernando Rosso - @RossoFer
1 de noviembre de 2020
El jueves pasado cuando asomaba el alba un ejército de
más de cuatro mil efectivos integrantes de distintas divisiones de la Policía
Bonaerense desalojó violentamente a miles de personas que aspiraban a un techo
para vivir en la localidad de Guernica. El teniente coronel retirado Sergio
Berni estaba al mando de las fuerzas represivas, supervisado por el fiscal Juan
Cruz Condomí Alcorta. El funcionario judicial se sacó una selfie en el terreno,
con el escenario de guerra de fondo, para ostentar el “triunfo” por haber
alcanzado su objetivo de expulsar a miles de pobres del predio. El ministro de
Seguridad del gobernador Axel Kicillof subió un spot de proselitismo electoral
–horas después de los acontecimientos– cuando todavía se estaba atendiendo a
los heridos y no se había liberado aún a los detenidos. El spot destacaba que mientras
él sea ministro el derecho a la propiedad privada estará garantizado. Volvió al
centro de la escena un Berni clásico, el que tiene un valor inversamente
proporcional al poder que enfrenta: es fuerte con los débiles y débil con los
fuertes. Esta vez mostró una verborragia y ferocidad de la que careció cuando
los policías bonaerenses protagonizaron el motín en aquellos tres días que
silenciaron a Berni.
La narrativa que intentaron desplegar varios funcionarios
para licuar la responsabilidad política del gobernador bonaerense y el Gobierno
nacional fue que se cumplió una orden de la “justicia”. Como si esa casta
privilegiada que lleva el título de Poder Judicial en este país impartiera algo
parecido a la “justicia”.
Pero ese relato no se sostiene ni en sus propios
términos, y podemos dar dos ejemplos directamente vinculados con la cuestión de
la tierra.
El primero, y relacionado estrechamente con la causa, es
que el fiscal Condomí Alcorta debió haber sido apartado porque en sus
presentaciones judiciales desconoció en forma inaudita los derechos de niños y
niñas consagrados en la Constitución. Además, tuvo consideraciones
estigmatizantes; utilizó palabras y estereotipos discriminatorios; faltó a la
verdad, los principios y deberes de objetividad, imparcialidad, igualdad, no
arbitrariedad, prudencia, dignidad e integridad, profesionalismo, buena fe y
diligencia. Así lo denunciaron –y con razón– las abogadas que representaban a
niños y niñas que integraban familias de la toma. Estaban en lo cierto porque
el hombre de la selfie había afirmado que los padres “sometían” a sus hijos a
vivir en carpas precarias y que habían “optado” por tenerlos alojados en esas
condiciones. También mintió sobre presuntos enfrentamientos entre los
ocupantes, cuando en los hechos hubo ataques de patotas que intentaron
amedrentarlos. La “justicia” no consideró que había argumentos suficientes para
desplazar a uno de sus hijos pródigos.
Por otro lado, tampoco hubo ejércitos de policías y
topadoras que fueran contra los sectores sociales más acomodados que estafan al
Estado mediante el método de subdeclaración fiscal de la tierra que poseen en
countries, barrios cerrados y clubes de campo. Esos que ocultan patrimonios
porque sus lujosos predios en la provincia de Buenos Aires figuran como
terrenos baldíos o tierras rurales. De esta manera pagan una porción mínima de
los tributos correspondientes, como recordó recientemente el periodista David
Cufré (Página 12, 05/09). La Agencia de Recaudación de Buenos Aires (ARBA)
estimó que en 2018 la provincia se privó de recaudar al menos 2000 millones de
pesos por el ocultamiento fiscal en los barrios cerrados. Se detectó que unos
cien mil lotes y unas cincuenta mil viviendas terminadas en estos
emprendimientos privados pagan menos impuestos de los que deberían.
Urbanizaciones enteras que están terminadas desde hace años y continúan
figurando como terrenos rurales o baldíos, con demoras en las gestiones de
escrituración, maniobras dilatorias de los desarrolladores y utilización de
figuras como fideicomisos que entorpecen la identificación de los
contribuyentes obligados. La “justicia” se declara ciega, sorda y muda ante
estas ilegalidades porque todos somos iguales ante la ley, pero algunos son más
iguales que otros.
Por lo tanto, deslindar responsabilidades para
descargarlas sobre la “justicia” es una burda maniobra que no resiste un
archivo. La represión en Guernica fue una decisión política para apoyar una
resolución política de un Poder Judicial clasista. Con Sergio Berni a la
cabeza, que actuó en tándem con el fiscal y con el acompañamiento de los
representantes de Clarín (a los que trasladó en su helicóptero hasta el lugar
de los hechos), el medio fue el mensaje. Va a ser muy difícil volver a
desplegar credenciales progresistas sin que aceche como un fantasma la sombra
terrible de Guernica.
Fuente: Tiempo Argentino


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