La
responsabilidad popular de cada cual
Por Jorge Alemán
Joseph Gobbels, ministro de Propaganda de Hitler:
el hombre que llevó la manipulación a su nivel más alto.
El campo popular alcanza su verdadera legitimidad cuando
no sólo satisface demandas sociales de los sectores más vulnerables sino
también si establece nuevas lógicas en la responsabilidad republicana. Lo
popular y lo republicano no constituyen ámbitos separados; más bien,
en su dinámica social, un gobierno popular también debe ser generador
de Derecho e Institucionalidad. Siempre lo Popular y lo Republicano
se encuentran en mutua reciprocidad. Es de ese modo que finalmente se
constituye un legado histórico que luego se establecerá como una latencia que
siempre puede retornar en la lucha por la igualdad y la justicia.
Entre los sentimientos que el neoliberalismo ha destruido
está el de la vergüenza. La vergüenza es un
velo que junto al pudor revelan que uno mismo no se encuentra dominado por los
intereses más obscenos en el puro goce de acumular. Ya no es la acumulación
de goce lo que rige actualmente, sino la compulsión de gozar acumulando y que
los demás paguen con su sacrificio.
La cantidad de energúmenos desvergonzados que se pavonean
en la escena del mundo practicando una impunidad ilimitada ya no constituyen
solo un triunfo de las derechas sobre la democracia. Ahora son también el
testimonio del comienzo del derrumbe de una civilización. La
PolÃtica y la Ética nunca se recubren del todo, pero nunca habÃamos llegado a
este punto donde los dilemas éticos y polÃticos se encuentran tan
cercanos.
Por ello, aunque se hable una y otra vez y se analicen
desde distintas teorÃas la manipulación ejercida por las redes sociales, los
chantajes mediáticos y todo lo que constituye a la agenda de las derechas
ultraderechizadas, esto no exime la responsabilidad popular. El
problema que se presenta en esta cuestión es el siguiente: dado que el Pueblo
nunca es algo establecido de antemano y nunca tiene a priori una identidad
definitiva, la clave pasa por su construcción polÃtica e histórica. Por ello,
nunca se puede borrar en la constitución de un pueblo el rol central
que tiene en ese proceso del devenir popular la responsabilidad de cada uno de
los sujetos que formarán parte de su proyecto. Asà como no se puede
culpabilizar a las vÃctimas de la manipulación que ejercen las maquinaciones de
las redes y no se debe culpabilizar a los destinatarios de la violencia
sistémica de la alianza entre los poderes mediáticos y las derechas
antidemocráticas, tampoco ya se puede eludir la responsabilidad de la
existencia singular en sus adhesiones polÃticas.
Es hora de qué la polÃtica abra un debate en el que
exista la responsabilidad de cada uno y una y se tenga en consideración la
problemática cuestión de su abordaje.
Si hay algo nuevo que el gran desastre de la pandemia ha
introducido en la vida polÃtica es que no puede haber un proyecto
transformador si el mismo no comienza por interrogarnos a nosotrxs mismos en la
vida de cada unx por el deseo de comunidad que nos habita. En este
punto crucial los célebres motivos de la manipulación no son suficientes.
Insistir todo el tiempo con ello esconde de un modo implÃcito una claudicación:
establecer que todos seremos tarde o temprano marionetas de un poder horrible.
Asà como las religiones históricas comenzaron con la entrega singular de cada
unx hasta inventar sus propias correas simbólicas de transmisión, la
polÃtica en medio del colapso debe poder mostrar y desplegar lo que insiste en
cada unx como aquello que no puede manipular ningún sistema.
Fuente: Página/12

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