El presidente tiene razón: el agronegocio expulsa mano de obra
Opinión por Juan Manuel Villulla - Autor de "Los números rojos de la Argentina verde. El campo entre el conflicto por las retenciones y la gestión de Cambiemos".
2 de noviembre de 2020
Es rutina. Todos los años, las corporaciones del
agronegocio difunden la misma falsedad: “Las cadenas agroindustriales generan
un tercio del empleo del paÃs”. Ese mito lo trabajan el Instituto de Investigaciones
Económicas de la Sociedad Rural, AAPRESID y, sobre todo, la Fundación para el
Desarrollo Agropecuario Argentino (FADA). El objetivo es legitimar los
intereses económicos de la cúpula de los agronegocios. Esta vez se dan el gusto
de hacerlo desafiando directamente los dichos del presidente Alberto Fernández
respecto a que “la soja generó desempleo y hacinó a la gente en las ciudades”.
Pero mal que les pese, el presidente tiene razón. Aunque en rigor no sea la
soja por sà misma la que genera el desempleo, sino el modelo socioeconómico del
cual ese cultivo es el sÃmbolo máximo.
Toda la producción nacional de granos –soja, trigo, maÃz,
girasol, etc- no demanda más que 70.000 empleos en blanco en todo el paÃs,
según datos del Ministerio de Trabajo (de este gobierno y del anterior). Estos
datos cuentan "altas de CUIL" por año. Esa cifra está muy lejos de
los casi 400.000 empleos exclusivamente sojeros que pregonan los que esparcen
el mito. Si sumamos a todas las actividades agropecuarias del paÃs –ganaderÃa,
frutales, lecherÃa, vitivinicultura, etc- el empleo rural formal sigue sin
pasar los 340.000 puestos de trabajo registrados. Es decir, ni todo el empleo
formal agropecuario alcanza lo que la cúpula del agronegocio atribuye sólo a la
soja.
La cosa empieza a cambiar si contabilizamos el trabajo
informal. Ahora sÃ: según estimaciones del INDEC en base al censo de población,
habrÃa 1,2 millones de asalariados y asalariadas agrarias en total (todo el
paÃs y todas las producciones). Pero de esto se desprenden dos conclusiones que
no hablan bien del empleo agrario: en primer lugar, las y los obreros de todo
el campo abarcan el 6% del total de las y los trabajadores en relación de
dependencia del paÃs (18.076.746 en todas las actividades económicas), y no “un
tercio del empleo nacional” como se atribuye el empresariado sojero; en segundo
lugar, la diferencia entre el empleo formal y el total muestra que dos tercios
de los puestos de trabajo son informales, sin los derechos laborales que
asisten a las y los trabajadores. Es el único sector de la economÃa donde el
empleo informal supera al formal.
¿Cómo explican esta diferencia estos grandes empleadores
rurales que intentan corregir al presidente pero le ocultan la verdadera
cantidad de trabajadores que emplean?
Hace exactamente un año, junto a Diego Fernández y Bruno
Capdevielle, publicamos "Los números rojos de la Argentina verde. El campo
entre el conflicto por las retenciones y la gestión de Cambiemos", un
estudio sobre las variables socioeconómicas del agronegocio entre el conflicto
por la 125 y el gobierno de Macri. Descubrimos que entre 2010 y 2019, en la
zona pampeana la superficie sembrada con granos habÃa aumentado un 20% y las
cosechas lo habÃan hecho en un importante 40%. Sin embargo, el empleo vinculado
a la producción de granos bajó un 10% en ese perÃodo, dejando a 5500 familias
sin fuentes de ingresos. De modo que los puestos de trabajo no aumentaron con
la producción, ni mucho menos con la productividad. Tampoco con la baja de
retenciones. Y todo esto a pesar de que los empresarios del agro cuentan con la
ventaja de pagar salarios formales entre los más bajos de la economÃa. De
hecho, con un mÃsero 13%, es el sector de la economÃa con menor participación
de los trabajadores en la distribución del valor agregado sectorial. Además,
las y los trabajadores no son los únicos excluidos: entre 2002 y 2018, con
aumentos aún mayores de la producción, desapareció el 25% de los productores,
en su mayorÃa pequeños y medianos, cuyas escalas de producción no alcanzaban
niveles rentables de inversión.
Claramente, el campo no “somos todos”: si el modelo
vigente ni si quiera es capaz de contener con dignidad a quienes ya se dedican
a esa actividad, ¿cómo podrÃa traccionar el empleo del conjunto de la economÃa
o proponerse como una solución a la pobreza cuando tiende a generarla
cotidianamente? Es lo que subrayó el presidente: la pobreza urbana no está
disociada de los procesos de exclusión social en el sector rural.
La cúpula del agronegocio lo sabe y por eso habla de la “cadena”
de la soja, y no sólo de la soja. Su trampa estadÃstica pasa por incluir en
esta “cadena” de la soja a fábricas de maquinaria, transporte, puertos, acopio,
molineras, industria bioquÃmica, biodiesel, etc. Es decir, sectores no
agropecuarios que vienen a comprobar lo contrario de lo que
postula la fundación FADA: es la industria la que tracciona el empleo y agrega
valor, y no el campo, que sólo provee materia prima con poco valor agregado,
poco empleo y de mala calidad.
Ni si quiera es original el argumento ni el debate: ya
hace 15 años la Fundación Producir Conservando publicaba un paper con
los mismos resultados que hoy publica FADA. En ese entonces, el actual Ministro
de Desarrollo Agrario de la provincia de Buenos Aires, el economista Javier
RodrÃguez, transformó ese paper en un papelón, al demostrar
cientÃficamente la inconsistencia estadÃstica de esos datos.
De modo que, si FADA o Producir Conservando siguen circulando como referencias en los grandes medios o en logaritmos vinculados al agro, no es porque contengan verdad, sino porque tienen poder. Acaso sea la hora de que sepamos trocar esta verdad dicha por el presidente en poder para transformarla.
Fuente: Tiempo Argentino


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