Sentimientos y certezas: la
carta completa de la vicepresidenta
Cristina Kirchner: diez años sin
él y a un año del triunfo electoral
Las tres conclusiones de Cristina Fernández de Kirchner a
un año del triunfo electoral del Frente de Todos.
Por Cristina
Fernández de Kirchner
Como todos y todas saben, no concurro a actividades
públicas u homenajes que tengan que ver con aquel 27 de octubre. Tal vez sea un
mecanismo inconsciente de no aceptación ante lo irreversible. No sé… Ya saben
que la psicologÃa no es mi fuerte. Pero además resulta que mañana también se
cumple un año del triunfo electoral del Frente de Todos. ¿Qué increÃble, no?
Que la elección presidencial en la que volvimos a ganar haya coincidido justo
con el 27 de octubre. Licencias que se toma la historia.
Cuando Néstor asumió la presidencia en el 2003, el paÃs
habÃa sufrido, dos años antes, una crisis sin precedentes hasta ese momento.
TodavÃa recuerdo aquella magnÃfica entrevista que Torcuato Di Tella le hiciera
y que se publicó como libro bajo el tÃtulo “Después del derrumbe”. Perfecta
metáfora. El 10 de diciembre de 2019 a la Argentina otra vez la habÃan
derrumbado, pero nadie esperaba, ni siquiera podÃa imaginar, lo que iba a venir
apenas unos meses después.
El freno a la economÃa y la incertidumbre generalizada
sobre que va a pasar con nuestra vida son agobiantes. No esta explicado en
ningún libro ni hay teorÃa que lo resuelva. No hay soluciones. Es permanente
ensayo y error. O mejor dicho: brote, contagio y volver otra vez para atrás.
Aquà y en todas partes. Asà y todo el tiempo. Sin embargo, aún en este marco de
incertidumbre por la pandemia global y a casi un año de gobierno, sà podemos
llegar a algunas certezas, al menos en el campo de la polÃtica.
Primera
certeza
Durante mucho tiempo se sostuvo que uno de los problemas centrales
durante mis dos mandatos como presidenta eran las formas: “no escucha”, “es
confrontativa”, “no dialoga”, “no habla con los periodistas, “no responde
preguntas”. Aún recuerdo un programa de televisión que armó un “coro de
periodistas” que gritaban “queremos preguntar”. Por supuesto, nunca creà que
ese fuera el problema. Como dice Máximo y conté en Sinceramente: “¿Y vos que
creÃas? ¿Qué lo de las AFJP, las retenciones, YPF, paritarias libres y juicios
de lesa humanidad eran gratis?”.
Sin embargo, no pocos dirigentes en el peronismo pensaban
que efectivamente el problema eran las formas y no el fondo. Es más, muchos
también le agregaban las cadenas nacionales y las caracterÃsticas de mi
retórica (por decirlo de un modo elegante). Y la verdad es que ese fue también
uno de los motivos que culminó en mi decisión del 18 de mayo de 2019. Es que en
polÃtica no solamente es lo que uno cree, sino lo que ve e interpreta el
conjunto. Y resultaba esencial la construcción de un gran frente polÃtico y
social que permitiera ganar las elecciones presidenciales con la convicción de
que un nuevo mandato del macrismo arrasarÃa definitivamente con la posibilidad
de un modelo de desarrollo argentino con inclusión social y razonable
autonomÃa.
El 10 de diciembre de 2019 asumió como presidente de
todos los argentinos y todas las argentinas Alberto Fernández. Fue Jefe de
Gabinete durante toda la gestión de Néstor y durante los primeros meses de mi
primer mandato. Luego la historia es conocida por todos y todas: se fue del gobierno
y se convirtió en un duro crÃtico de mi gestión. Justo es decirlo, no fue el
único. Sin embargo, la experiencia macrista en el gobierno y la relación de
fuerzas que surgió en el peronismo luego de las elecciones parlamentarias del
2017, nos impuso la responsabilidad histórica, a quienes expresábamos la
voluntad popular, de generar las condiciones para que el 10 de diciembre de
2019 alumbrara un nuevo Gobierno.
Sus caracterÃsticas personales y su experiencia polÃtica
al lado de Néstor, signadas por el diálogo con distintos sectores, por la
búsqueda de consensos, por su Ãntimo y auténtico compromiso con el Estado de
Derecho -tan vulnerado durante el macrismo-, su contacto permanente con los
medios de comunicación cualquiera fuera la orientación de los mismos y
finalmente su articulación con todos y cada uno de los sectores del peronismo
que, dividido, nos habÃa llevado a la derrota electoral; determinaron que junto
a mÃ, como vicepresidenta, encabezara la fórmula del Frente de Todos que
triunfó en las elecciones del 27 de Octubre, hace exactamente un año.
AsÃ, en diciembre del año pasado asumimos después de
cuatro años de gobierno de Mauricio Macri y nos encontramos otra vez con un
nuevo derrumbe. Cuatro años en los que se volvió a endeudar al paÃs a lÃmites
insostenibles, con el retorno del FMI a la Argentina que le sumó a la deuda de
los privados 44 mil millones de dólares más. Cuatro años de tarifazos
impagables en los servicios públicos, cierre masivo de PyMES, pérdida del
salario y jubilaciones, etc, etc, etc. Todo ello resultado de aplicar las
polÃticas públicas que los factores de poder económico y mediático reclamaron
durante los 12 años y medio de nuestros gobiernos y que se comprobó, luego de
Macri, sólo conducen al desastre generalizado. Pero lo peor estaba por venir:
en los primeros meses del 2020 devino un hecho inédito, impensado e
inimaginable. Ni siquiera fue un cisne negro, sino una pandemia incontrolable
que no tendrá cauce -como lo comprobamos a diario en todo el planeta- hasta el
surgimiento de una vacuna o de un tratamiento.
En este marco de derrumbe macrista más pandemia, quienes
idearon, impulsaron y apoyaron aquellas polÃticas, hoy maltratan a un
Presidente que, más allá de funcionarios o funcionarias que no funcionan y más
allá de aciertos o desaciertos, no tiene ninguno de los “defectos” que me
atribuÃan y que según no pocos, eran los problemas centrales de mi gestión. El
punto culmine de ese maltrato permanente y sistemático, se produjo hace pocos
dÃas en un famoso encuentro empresario autodenominado como lugar de ideas, en
el que mientras el Presidente de la Nación hacÃa uso de la palabra, los
empresarios concurrentes lo agredÃan en simultáneo y le reprochaban, entre
otras cosas, lo mucho que hablaba.
Primera certeza: Castigan al Presidente como si tuviera
las mismas formas que tanto me criticaron durante años. A esta altura ya
resulta inocultable que, en realidad, el problema nunca fueron las formas. En
realidad, lo que no aceptan es que el peronismo volvió al gobierno y que la
apuesta polÃtica y mediática de un gobierno de empresarios con Mauricio Macri a
la cabeza, fracasó. Es notable, sobre todo en el empresariado argentino, el
prejuicio antiperonista. Notable y además inentendible si uno mira los
resultados de los balances de esas empresas durante la gestión de los gobiernos
peronistas o kirchneristas -como más les guste-. Este prejuicio no encuentra
explicación ni desde la polÃtica, ni desde la economÃa, y a esta altura me
permito decir que ni siquiera desde la psicologÃa… aunque ya les advertà que de
eso no sé. Pero no quedan dudas que esta actitud incomprensible ha sido y es
una de las dificultades más grandes para encauzar definitivamente a la
Argentina.
Segunda
certeza
Como se han quedado sin la excusa de las formas, tuvieron
que pasar a un segundo guión: “Alberto no gobierna”, “la que decide todo es
Cristina”, “rencorosa” y “vengativa”, que sólo quiere solucionar sus “problemas
judiciales”.
Debo reconocer que son poco creativos. El relato del
“Presidente tÃtere” lo utilizaron con Néstor respecto de Duhalde, conmigo respecto
de Néstor y, ahora, con Alberto respecto de mÃ. Después de haber desempeñado la
primera magistratura durante 2 perÃodos consecutivos y de haber acompañado a
Néstor durante los 4 años y medio de su presidencia, si algo tengo claro es que
el sistema de decisión en el Poder Ejecutivo hace imposible que no sea el
Presidente el que tome las decisiones de gobierno. Es el que saca, pone o
mantiene funcionarios. Es el que fija las polÃticas públicas. Podrá gustarte o
no quien esté en la Casa Rosada. Puede ser Menem, De La Rúa, Duhalde o
Kirchner. Pero no es fácticamente posible que prime la opinión de cualquier
otra persona que no sea la del Presidente a la hora de las decisiones.
En cuanto a lo de “rencorosa” y “vengativa”. A nosotros
nunca nos movió el rencor ni la venganza. Al contrario, la responsabilidad
histórica y el deber polÃtico para con el pueblo y la Patria guiaron todas y
cada una de nuestras decisiones y acciones. No hay demostración más cabal de
ello que haber decidido con el volumen de nuestra representación popular,
resignar la primera magistratura para construir un frente polÃtico con quienes
no sólo criticaron duramente nuestros años de gestión sino que hasta
prometieron cárcel a los kirchneristas en actos públicos o escribieron y
publicaron libros en mi contra. Deberán esforzarse mucho para encontrar en la
historia argentina ejemplos similares.
Por último, eso de que “sólo quiere solucionar sus
problemas judiciales” (SIC), a esta altura ya resulta inaceptable. Lo único que
queremos es el correcto funcionamiento de las instituciones y que se garantice
la aplicación de la Constitución Nacional y la ley a todos y todas por igual,
sin doble vara ni privilegios. Resulta insoslayable señalar que utilizan el
eufemismo “problemas judiciales” para ocultar lo que hicieron en Argentina y en
la región con el Estado de Derecho: se lo llevaron puesto para proscribir a los
lÃderes populares. Con la articulación de sectores del Poder Judicial, los
medios de comunicación hegemónicos y distintas agencias del Estado, durante el
gobierno macrista se perpetró una persecución sin precedentes contra mi
persona, mi familia y contra muchos dirigentes de nuestro espacio polÃtico. De
ello hoy dan cuenta las escandalosas revelaciones y el hallazgo de pruebas a la
luz del dÃa, acerca de las conductas de periodistas, fiscales, jueces, agentes
de inteligencia, dirigentes polÃticos y hasta del mismÃsimo Presidente Macri
involucrado personalmente en los mecanismos de espionaje, extorsión y
persecución.
Sin ir más lejos, miren Bolivia. Nada menos que la OEA
dirigió un Golpe de Estado diciendo que habÃa habido fraude en las elecciones
presidenciales del año pasado. El resultado de las recientes elecciones en ese
paÃs hermano, me eximen de mayores comentarios. Y después dicen que el Lawfare
no existe.
Segunda certeza: en la Argentina el que decide es el
Presidente. Puede gustarte o no lo que decida, pero el que decide es él. Que
nadie te quiera convencer de lo contrario. Si alguien intentara hacerlo,
preguntale que intereses lo o la mueven.
Tercera
certeza
Cuando terminé mi gestión el 10 de diciembre de 2015 la
Argentina estaba desendeudada, el FMI al que le debÃamos desde el año 1957 era
sólo un recuerdo de los mayores de 21 años, los pagos de la deuda reestrcturada
en el 2005 y en el 2010 se llevaban a cabo con normalidad y sin recurrir a
nuevo endeudamiento y el perfil de vencimientos para los años subsiguientes era
más que sostenible. La desocupación era del 5,9%, los salarios y las
jubilaciones -tomadas en dólares- eran las más altas de América Latina y la
cobertura previsional habÃa superado con creces el 90% de la población. La
inflación, medida por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, no superaba el
25% anual.
Sin embargo, la restricción externa -léase: escasez de
dólares o excesiva demanda de dicha moneda; según como se mire- que apareció
luego de haber soportado 6 corridas cambiarias -la última durante el año 2011,
en el que fui electa por segunda vez consecutiva Presidenta de la Nación-
motivó la regulación cambiaria que los medios hegemónicos bautizaron “cepo”.
Dicha regulación establecÃa un tope para la compra de dólares para ahorro que
era de USD 2500 por mes. Si, tal como se lee: USD 2500 por mes. Si la
analizamos con perspectiva, la restricción no sólo era razonable, sino que daba
cuenta del nivel del poder adquisitivo de ciertos salarios de la época. Muchos
compraban dólares y muchos compraban el tope mensual. ¿Quién podrÃa hoy acceder
a esos USD 2500 para ahorrar mes a mes? Casi nadie. Sin embargo, por haber establecido
dicha restricción cambiaria, nuestro gobierno fue atacado dÃa a dÃa por los
medios hegemónicos. Un ataque sistemático que hasta incluyó movilizaciones
convocadas por la oposición polÃtica y fogoneadas por aquellos mismos medios.
Asà las cosas, el 10 de diciembre de 2015 asumió Mauricio
Macri como Presidente de la Nación. De allà en adelante, las polÃticas de la
República Argentina giraron 180 grados y se inauguró una gestión de gobierno
conducida por empresarios que receptó en sus polÃticas públicas todas y cada
una de las demandas de los distintos factores de poder económico de la
Argentina, incluido su alineamiento acrÃtico en materia de polÃtica exterior.
Apenas asumió liberó la cuenta capital, eliminó la regulación cambiaria
-levantó el “cepo”- y decidió la apertura indiscriminada de importaciones dando
inicio al perÃodo de endeudamiento más vertiginoso del que se tenga memoria y
que culminó con un inédito préstamo para los argentinos y para el mismÃsimo FMI
de 44 mil millones de dólares, destinado a financiar la campaña electoral para
la reelección de Mauricio Macri como presidente.
Macri terminó su gobierno con una deuda impagable, con el
FMI instalado otra vez en nuestro paÃs, con una desocupación rondando los dos
dÃgitos, con salarios y jubilaciones por el piso, con tarifas dolarizadas e
impagables y con una inflación muy superior al 50%. Sin embargo, a pesar de los
miles de millones de dólares ingresados al paÃs como deuda, Macri tuvo que
reestablecer el denominado “cepo” cambiario pero con una restricción mucho
mayor: sólo podÃan comprarse para ahorro USD 200 por mes -menos del 10% de
aquellos tan cuestionados USD 2500-. Después de cuatro años, el gobierno de los
empresarios y de la derecha argentina, disparó al infinito el problema de la
restricción externa, al endeudar a la Argentina como nunca nadie lo habÃa hecho
antes.
Hoy, luego del derrumbe macrista y en plena pandemia, y
pese a no tener obligaciones de pago en moneda extranjera en lo inmediato
gracias a la reestructuración de deuda llevada a cabo por el Gobierno, con
superávit comercial y mayor nivel de reservas en el BCRA que cuando terminó mi
gestión, continuamos con la restricción externa de esa moneda -o faltan dólares
o hay demasiada demanda- a la que se suma una más que evidente extorsión
devaluatoria.
Es que la Argentina es el único paÃs con una economÃa
bimonetaria: se utiliza el peso argentino que el paÃs emite para las
transacciones cotidianas y el dólar estadounidense que el paÃs -obviamente- no
emite, como moneda de ahorro y para determinadas transacciones como las que
tienen lugar en el mercado inmobiliario. ¿Alguien puede pensar seriamente que
la economÃa de un paÃs pueda funcionar con normalidad de esa manera?
El problema de la economÃa bimonetaria no es ideológico.
No es de izquierda ni de derecha. Ni siquiera del centro. Y no hay prueba más
objetiva de esto que la alternancia de modelos polÃticos y económicos opuestos
que se operó el 10 de diciembre de 2015. Todos los gobiernos nos hemos topado
con él. Unos intentamos gestionarlo con responsabilidad, desendeudando al paÃs
en un marco de inclusión social y desarrollo industrial. Otros de orientación
inversa -como el de Mauricio Macri- siempre han “chocado la calesita” con
endeudamiento y fuga. Pero lo cierto es que ese funcionamiento bimonetario es
un problema estructural de la economÃa argentina.
Tampoco es una cuestión de clase: los dólares los compran
tanto trabajadores para ahorrar o para hacer una diferencia que mejore el
salario, como empresarios para pagar las importaciones necesarias para hacer
funcionar su empresa, para ahorrar y también, bueno es decirlo, para fugar
formando activos financieros en el exterior, siendo esta última actitud una de
las que más han contribuido a las crisis cÃclicas de la Argentina.
Tampoco es producto de las experiencias
hiperinflacionarias de la Argentina. Circula en redes un pequeño video de un
reconocido humorista ya fallecido, sobre la pasión nacional por el dólar. El
video data de 1962: Arturo Illia no habÃa asumido como Presidente y Raúl AlfonsÃn
estarÃa todavÃa de pantalones cortos en Chascomús. La coartada de la “hiper”
para explicar el problema es también insuficiente. Basta recordar a Perón
Presidente en la década del ’50 preguntando: “¿Alguien vio alguna vez un
dólar?”
Tercera certeza: la Argentina es ese extraño lugar en
donde mueren todas las teorÃas. Por eso, el problema de la economÃa bimonetaria
que es, sin dudas, el más grave que tiene nuestro paÃs, es de imposible
solución sin un acuerdo que abarque al conjunto de los sectores polÃticos,
económicos, mediáticos y sociales de la República Argentina. Nos guste o no nos
guste, esa es la realidad y con ella se puede hacer cualquier cosa menos
ignorarla.
En este 27 de octubre, quiero agradecer a todos y cada
uno de los argentinos y las argentinas, las muestras de reconocimiento, cariño
y amor hacia quien fuera mi compañero de vida.
Y especialmente a Alberto, tanto por la decisión de
repatriar la figura de bronce de Néstor que alguna vez emplazamos en la sede de
la UNASUR en Quito, allà en la exacta mitad del mundo, como la de su nuevo
emplazamiento en el hall del Centro Cultural Kirchner. Sinceramente, es una
caricia al alma.
Néstor amaba ese lugar. Cuando lo recorrimos juntos el 24
de mayo del 2010 en el marco de los festejos del Bicentenario para inaugurar la
primera parte de la obra que culminarÃa en el centro cultural más grande de
Latinoamérica, me comentó que a ese lugar su padre -a quien adoraba- lo llevaba
cada vez que venÃa a Buenos Aires. Es que el abuelo de mis hijos era empleado
del Correo, llegando a ser su tesorero allá en Santa Cruz. Néstor me contó que
le enseñaba con orgullo la grandiosidad del lugar, como si fuera suyo, una
caracterÃstica de los empleados del Correo Argentino… Orgullo de pertenecer.
Mientras me contaba se le vidriaban los ojos, como cada vez que se acordaba de
su padre. SÃ,
definitivamente es un buen lugar para él.
Fuente: Página/12

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