Néstor Kirchner, un Presidente
que aprovechó el tiempo
Koraje
Por Nora Veirasç
Imagen: Presidencia
--Si podes, hablá con el Flaco Kirchner, ése la tiene
clara --me dijo un compañero de Página12 un dÃa que tuve que
ir a cubrir una reunión de gobernadores. Confieso que sólo sabÃa que era de
Santa Cruz.
Era cierto, el tipo la tenÃa clara. No era un
protagonista de la polÃtica nacional por esos años pero pronto la debacle
incubada durante el menemismo, desatada por la Alianza que Duhalde atajó hasta
los asesinatos de Maximiliano Kosteki y DarÃo Santillán, acelerarÃa los
tiempos. Se transformó en el Presidente impensado.
No lo voté. Empecé a escuchar con reparos su discurso
inaugural y a medida que avanzaba sentà que la palabra polÃtica podÃa volver a
tener sentido. "Fue conmovedor, ojalá pueda cumplir", grabé en el
contestador telefónico de uno de sus asesores. Fue un impulso, una necesidad de
volver a creer. Una necesidad que inundaba a la Argentina, la urgencia de
recobrar el sentido de la democracia.
"No voy a dejar mis convicciones en la puerta de la
Casa Rosada", leyó ese dÃa y selló en público el compromiso que habÃan
elaborado junto con Cristina Fernández y Carlos Zannini. Sin perder un minuto,
apuró el proceso de juicio polÃtico a la Corte Suprema de la mayorÃa
automática, reimpulsó los juicios por delitos de lesa humanidad, empezó a poner
coto a las exigencias del Fondo Monetario Internacional y afianzó el entramado
de relaciones latinoamericanas como escudo de dignidad en la definición de la
polÃtica exterior.
Diez meses después, el 24 de marzo de 2004 este oficio me
otorgó otro privilegio: ser testigo del momento en que Néstor Kirchner como
comandante en jefe de las Fuerzas Armadas le ordenó al general Roberto Bendini
que descolgara los cuadros de Videla y Bignone del Colegio Militar.
La tensión se respiraba en el patio de armas. HabÃan
pasado diecinueve años del Juicio a las Juntas Militares y los retratos de esos
dos genocidas seguÃan resistiendo desde las paredes de la institución donde se
forman los nuevos oficiales. El Centro de Estudios Legales y Sociales le acercó
la idea a Kirchner y el Presidente la ejecutó. Los dos ex presidentes de facto
habÃan sido directores del Colegio Militar, habÃan sido condenados por el
Juicio a las Juntas durante el gobierno de AlfonsÃn, indultados por Menem y estaban
en prisión domiciliaria por causas abiertas por robo de bebés. La plana mayor
del Ejército sentÃa como una humillación la ceremonia, habÃan pensado que un
ordenanza cumpliera la misión. Llegó Kirchner y a Bendini no le quedó margen.
Tuvo que subirse a la escalerita y sacar el retrato de los genocidas. Ese nuevo
retrato quedó grabado como mojón del kirchnerismo.
A los pocos dÃas de ese acto, donde el entonces
Presidente dijo: “Que las armas nunca más puedan ser direccionadas hacia
el pueblo”, altos oficiales seguÃan rumiando bronca. Uno de ellos le dijo
entonces a esta cronista: “No lo esperábamos de Kirchner, él nos construyó
cuarteles, nos ayudó muchÃsimo en Santa Cruz. Su hermana (Alicia) montó todo el
plan de salud provincial con la ayuda de médicos del Ejército. Nos están
gobernando los montoneros. Sobrevivieron los más aptos”. Dos generales y un
coronel mayor fueron pasados a retiro. La mayorÃa de la oficialidad se cuadró.
Las conspiraciones no pudieron nunca más trascender las puertas de los cuarteles.
Por entonces sólo 77 oficiales estaban en prisión, una vez declarada la
inconstitucionalidad de los indultos y de las leyes de Punto Final y Obediencia
Debida, los juicios se reactivaron. Hoy en dÃa llegan a 999 las condenas a los
responsables del Terrorismo de Estado.
Poco antes, en uno de los primeros viajes a Venezuela
cuando el Tango O1 llevaba también a periodistas, Kirchner se acercó a hablar.
Lo recuerdo impresionado por el poder de PDVSA, la petrolera venezolana, y
lamentándose: "Si nosotros pudiéramos manejar nuestro petróleo".
Pasaron pocos años y Yacimientos PetrolÃferos Fiscales (YPF) pasó a manos del
Estado, eran tiempos en que el precio del barril marcaba diferencia. Los
Kirchner fueron adecuando sus movidas a la correlación de fuerzas que
acumularon en cada momento. Avances y retrocesos signaron el camino, quizás el
más costoso fue el conflicto con las patronales del campo. Ya no estaba en la
Casa Rosada pero desde Diputados padeció la reacción organizada del
establishment contra el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner.
"Traté de hacer lo mejor que pude", dijo al
poco tiempo de cumplir su mandato durante el cual hizo realidad aquello de un
hombre común con responsabilidades importantes. Ejerció el poder con coraje.
Supo ganarse el respeto y el cariño de una mayorÃa popular.
El coraje, entendido como la conjugación de valor,
decisión y pasión, fue la amalgama que unió las decisiones más trascendentes de
Néstor Kirchner. Un sustantivo que merecerÃa adoptar la "K", esa
letra que los medios hegemónicos quieren transformar en maldita.
El 27 de octubre de 2010, gran parte del paÃs estaba de
duelo. Este oficio me habÃa llevado apenas un mes antes a 678. El programa se
transformó en una ceremonia de despedida donde Madres, Abuelas, artistas,
cientÃficos, sacerdotes, juristas, polÃticos se acercaron para conjurar el
dolor por esa muerte inesperada. "Aprovechó el tiempo que le dio la
vida y la historia", dijo Susana Rinaldi. Nada más cierto. Se lo extraña.
Fuente: Página/12

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