Los mercaderes de la angustia
y la polÃtica de las tensiones cambiarias
La obscena protesta de los
privilegiados cuando crece la desigualdad por la pandemia
El grupo social que más se queja de la peor crisis global
de la era moderna es el más acomodado en la pirámide de ingresos. En este mundo
al revés, el manejo del mercado cambiario, con medidas de control como también
la forma de instrumentarlas y comunicarlas, es clave para orientar las
expectativas económicas y eludir la profundización de la crisis que busca el
poder devaluador.
Por Alfredo
Zaiat
Existen varios aspectos
sorprendentes del impacto económico de la pandemia pero uno, a esta altura, es
desconcertante: el grupo social que más se queja de la peor
crisis global de la era moderna es el más acomodado en la pirámide de
ingresos y en el acceso a los cuidados de la salud y a la atención
sanitaria del coronavirus.
Convoca a movilizaciones con
autos de alta gama, circula por los noticieros cuestionando las polÃticas
sanitarias de la protección de vidas, protesta porque los muy ricos tendrán que
hacer un pequeño aporte según el patrimonio declarado, cuestiona la
desesperación de familias que no tienen viviendas o fueron expulsados de
alquileres de piezas miserables, y se queja por las restricciones cambiarias.
La alteración de las
prioridades personales y colectivas es tan obscena que alegan que
tienen su libertad limitada porque no pueden ir a comer a un restaurante
mientras por dÃa se informan cientos de muertes a causa de la covid-19, con el
personal médico mal pago y al borde del colapso fÃsico y emocional.
Clases medias acomodadas y
altas con todas las necesidades básicas satisfechas se quejan de una crisis
global que se montó sobre la debacle económica que dejó el macrismo, como si
fueran los únicos afectados, cuando en términos relativos no integran
los grupos más castigados por la pandemia.
Concentración
Este escenario de lamentos de
privilegiados, que gran parte de los medios de comunicación convalidan sin
pudor, se despliega cuando se conocen los últimos datos de la distribución del
ingreso: aumentó la concentración de la riqueza en estos meses.
En el segundo trimestre, en
los peores meses de la pandemia y cuando hubo más expresiones de descontento de
mimados por un sistema desigual, el 10 por ciento de la población
ubicado arriba de la pirámide de riquezas pasó a percibir 19 veces más ingresos
que el 10 por ciento de la base. La brecha se amplió en ese perÃodo y es
tres veces más que hace un año, cuando la diferencia era de 16
Otro indicador de aumento de
la desigualdad del ingreso per cápita lo ofreció la evolución del
coeficiente Gini, que se mide entre 0 y 1, en donde 0 se corresponde con la
igualdad perfecta y 1, con la desigualdad extrema. Ese Ãndice aumentó de 0,434
a 0,451 en el segundo trimestre de 2020 en relación al mismo perÃodo del año
anterior.
Estas cifras hubiesen sido
peores sin la oportuna y efectiva intervención del gobierno de Alberto
Fernández con la instrumentación del IFE, ATP, subsidios,
congelamiento de tarifas, la tarjeta alimentaria y otros programas sociales.
La pandemia dejó al
descubierto la desigualdad estructural de un sistema que concentra riquezas, con acceso
desigual o directamente sin acceso a servicios básicos, como el agua potable
para el cuidado sanitario o a la conectividad para alumnos y familias de
barrios marginados. El coronavirus no sólo dejó en evidencia esas
inequidades sino que acentuó el reparto desigual del ingreso.
Desempleo
En estos meses de protestas y
movilizaciones de grupos sociales acomodados, no sólo hubo aumento de la
desigualdad, sino que además hubo un impacto sociolaboral fulminante
debido a la pandemia: el desempleo subió a 13,1 por ciento en el
segundo trimestre, 2,5 puntos por encima de igual perÃodo del año pasado.
Ese incremento se produjo pese
al esfuerzo oficial de proteger el empleo con el decreto de prohibición de
despidos, el acuerdo sobre suspensión de trabajadores y el decreto que fijó la
doble indemnización. El saldo de pérdidas de empleos hubiese sido aún
peor sin esas medidas de emergencia y el marco normativo laboral que,
pese a las olas neoliberales que buscaron desarmarlo durante las últimas
décadas, continúa siendo un potente dique defensivo frente a las presiones de
precarización del empleo.
En ese aumento del desempleo, los
trabajadores informales y por cuenta propia fueron los más castigados, lo
que expone en forma más dramática el impacto desigual del coronavirus.
Hubo también un alza en el
indicador que mide la cantidad de trabajadores que dejaron de buscar empleo. El
porcentaje de inactivos fue record al anotar el 61,6 por ciento de la población
urbana, universo que está conformado por quienes no están en edad de
desempeñarse en el mercado laboral o, bien teniendo edad para hacerlo, optan
por no trabajar ni buscar trabajo porque las condiciones son
desfavorables para conseguirlo.
En ese contexto general de un
mercado laboral negativo hubo una impresionante y exitosa campaña del mundo
empresarial de privilegiar el funcionamiento de las fábricas sobre el cuidado
sanitario de trabajadores.
La mayorÃa de las
corporaciones aplicó estrictos protocolos de seguridad sanitaria. Otras
ocultaron casos de contagios y muertes para evitar frenar la producción. El
caso extremo es el del Ingenio Ledesma de la familia Blaquier, con cientos
de trabajadores contagiados y decenas de fallecidos por la covid-19.
La presión sobre los
trabajadores se da en condiciones de vulnerabilidad extrema ante
el miedo que tiene la mayorÃa de perder el empleo en medio de la peor crisis
económica de la era moderna.
Miedo
El premio Nobel Joseph
Stiglitz escribió en El precio de la desigualdad (2012)
una descripción que, si bien es en referencia a Estados Unidos, vale para estos
tiempos de pandemia.
El mentor del ministro MartÃn
Guzmán señaló: "El gran enigma es cómo en una democracia supuestamente
basada en el principio de 'una persona, un voto', el 1 por ciento habÃa
podido tener tanto éxito a la hora de condicionar las polÃticas en su propio
beneficio. Hay otro método por el que los grupos económicos consiguen lo
que quieren del gobierno: convencer al 99 por ciento de que tienen
intereses compartidos. Esta estrategia exige un impresionante despliegue de
prestidigitación. El hecho de que el 1 por ciento haya condicionado con tanto
éxito la percepción del público atestigua la maleabilidad de las
convicciones".
Stiglitz advierte sobre la
trampa en que puede caer una mayorÃa asustada. En
pandemia, la queja de los grupos privilegiados ocupa un lugar predominante y,
si no se la atiende, aparece que toda la sociedad se perjudicarÃa.
En cambio, cuando
aparecen situaciones crÃticas que viven grupos vulnerados, como la falta de
servicios básicos en las villas o la desesperación por no tener una vivienda
digna, el mensaje dominante en el espacio público es estigmatizador de esa
población.
Disciplinar
Para lograr ese comportamiento
social, la amenaza de perder el empleo o, en esta última semana, la posibilidad
de afectarse los depósitos en dólares forman parte de la estrategia de
disciplinar a una mayorÃa vulnerable para que acepte situaciones que
serÃan rechazadas si fueran ofrecidas en una situación normal, para terminar
defendiendo intereses que no son propios. Por ejemplo, convalidar una
brusca devaluación.
El miedo es el vehÃculo para
condicionar el comportamiento colectivo. En una era
de incertidumbre global y más aún hoy con la pandemia, el propósito es imponer
de ese modo polÃticas impopulares. Estas consisten en ajustar el gasto público
o recortar la red de protección a grupos sociales vulnerados.
Las dudas sobre lo que está
sucediendo y el temor sobre lo que vendrá en la economÃa provocan
intranquilidad. Gran parte de la sociedad se encuentra asà indefensa para
absorber teorÃas conspirativas, escenarios apocalÃpticos y análisis de
caos inminentes.
Los mercaderes de la
angustia ocupan el centro de la escena, circulando por medios de
comunicación con pronósticos de catástrofes económicas. Se requiere de una
firme voluntad polÃtica y convicciones para desenmascarar sus intenciones y
neutralizarlos.
Expectativas
El manejo de las expectativas
juega un rol fundamental en este contexto de incertidumbre, puesto que permite
definir consensos sobre cómo se desarrolla la economÃa local en una
crisis global.
Las fuerzas en pugna
sobre la orientación de las expectativas determinan si la
economÃa ingresa en un cÃrculo vicioso de las exageraciones o
en uno virtuoso de recuperación colectiva.
Anunciar que existen riesgos
sobre los depósitos en dólares refuerza los miedos preexistentes
por traumas pasados (el corralito de Cavallo) o incluso puede desencadenar el
pánico de una corrida. No existe ningún elemento objetivo, en términos de
solvencia y liquidez de los bancos y de disponibilidad de dólares en el Banco
Central para atender retiros, para convalidar ese peligro.
La generación de expectativas
y la profecÃa autocumplida están Ãntimamente conectadas. Como la
economÃa es un espacio de disputa de poder, la construcción de expectativas es
uno de los terrenos de la batalla polÃtica más importante
donde participan diferentes actores económicos y polÃticos.
Si se propaga que va a
escasear determinado alimento o el combustible, muchos probablemente corran a
comprarlo. El previsible comportamiento de acopio contribuirá a que aquella
sentencia inicial se convierta en realidad. Es, en sus comienzos, un anuncio
falso de una situación que conduce a una nueva conducta que convierte en
“verdadera” la mención inicialmente falsa.
La construcción de esas
profecÃas está muy ligada al manejo de las expectativas sociales sobre
acontecimientos económicos. Por eso en esa puja intervienen en forma
activa diferentes actores polÃticos y económicos, con los medios de
comunicación actuando como los principales canales de propagación.
Crisis
La economÃa mundial está
transitando la crisis más extraordinaria de la era moderna. El
derrumbe de la actividad en Occidente es impactante. China es la única gran
potencia que terminará el año del coronavirus con crecimiento económico.
A comienzos de este año, el
FMI esperaba un crecimiento del ingreso per cápita en más de 160
paÃses, mientras que ahora más de 170, equivalente a casi el 90 por ciento de
la economÃa mundial, registrarán una caÃda en ese indicador.
El saldo monetario de esta
crisis calculado por el Fondo es impactante: una pérdida acumulada para
la economÃa mundial durante dos años (2020-2021) de más de 12 billones de
dólares.
Esta referencia parece
innecesaria porque no es un dato desconocido, pero resulta esencial reiterarlo
puesto que el análisis vulgar acerca de las fuentes de la crisis local
ignora uno de sus principales componentes: la debacle de la economÃa global.
Al sumar en esa evaluación
sesgada el ocultamiento del desastre económico que dejó el macrismo, queda asÃ
conformado el combo de la confusión deliberada.
En ese terreno hostil para
manejar las expectativas económicas, el frente cambiario es
hoy el de mayor tensión que debe enfrentar el Gobierno. En esa tarea lo primero
es entender el problema, cuestión en la que no hay dudas de que ha
sabido identificarlo: cuidar las reservas del Banco Central,
privilegiar las divisas para la producción y evitar una brusca devaluación.
En la siguiente instancia, que
consiste en la instrumentación de las medidas defensivas frente
al poder devaluador y, en especial, en la forma de comunicarlas, ha
mostrado debilidades que están agudizando las tensiones.
Para evitar interpretaciones
extraviadas, las deficiencias estructurales de la economÃa por la escasez
relativa de divisas no se salvarán con una mejor comunicación, pero sin ésta se
complica el manejo de la coyuntura relacionada con la construcción de
las expectativas económicas.
Pocos dudan de que la economÃa
local deberá convivir con brecha cambiaria durante un tiempo. Por
lo tanto, el objetivo es administrarla y estabilizarla en un nivel que
disminuya las expectativas de devaluación. Ampliarla en las actuales
circunstancias, como ha sucedido con las últimas medidas cambiarias, sólo
alimenta a los promotores de rumores y generadores de miedo en la economÃa.
Fuente: Página/12


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