Sobre la meritocracia y la acumulación originaria de capital
La economÃa polÃtica de la serie Peaky Blinders
Peaky Blinders ofrece una crÃtica implÃcita a la narrativa del “emprendedor heroico”. Thomas Shelby es presentado como un genio estratégico, pero su éxito no se debe únicamente a su inteligencia, sino a su disposición a ejercer la violencia y a la coyuntura histórica de la posguerra.

A cuatro años del final de la serie que revolucionó las narrativas de gánsters, Peaky Blinders regresó el 20 de marzo de 2026 con su esperada pelÃcula “The Immortal Man”. Este largometraje de 112 minutos, escrito por el creador Steven Knight y dirigido por Tom Harper (quien ya habÃa trabajado en la serie original), se presenta como el cierre definitivo de la historia de Thomas Shelby, aunque no del universo que lo rodea.
La excelente serie Peaky Blinders, donde además del relato y el entrelazamiento con hechos históricos se destaca la musicalización y la fotografÃa, construyó durante seis temporadas una arqueologÃa del capitalismo salvaje de entreguerras, mostrando con precisión cómo la violencia originaria no es una anomalÃa, sino el motor invisible de la acumulación del capital.
La historia comienza en Birmingham durante 1919. Un soldado que regresa del frente descubre que el imperio por el que mató ya no tiene un lugar para él. Ambientada en la Inglaterra de entreguerras, se ha convertido en un fenómeno cultural masivo no solo por su estética impecable, sino porque sus conflictos resuenan con una actualidad incómoda: el ascenso de nuevos ricos que desafÃan a las viejas élites, la porosidad entre crimen organizado y Estado, la financiarización salvaje de la economÃa y la constante reinvención de la violencia como herramienta de acumulación.
Peaky Blinders constituye una de las representaciones más lúcidas de la acumulación originaria del capital en la pantalla contemporánea. Lejos de presentar al capitalismo como un sistema de intercambios virtuosos, el sistema es presentado como lo que realmente es, un proceso violento, contradictorio y profundamente dependiente de la coerción estatal y la explosión de crisis recurrentes. A través del ascenso de Thomas Shelby, asistimos a la metamorfosis del capital ilegal en capital productivo, la colonización del Estado y la transformación de un clan marginal en una fracción de la burguesÃa industrial.
En el primer tomo de El Capital, Karl Marx dedica una sección fundamental a la llamada “acumulación originaria”. La cual, lejos de ser una acumulación “virtuosa” producto del ahorro y el trabajo, es presentada por el propio Marx como un proceso histórico en el que la violencia, la expropiación y la legislación coercitiva separan a los productores directos de sus medios de producción, creando al mismo tiempo a los dos sujetos del capitalismo: el capitalista (poseedor de de los medios de producción) y el trabajador “libre” (desposeÃdo de los medios de producción y obligado a vender su fuerza de trabajo).
Lo que Marx describió como el “pecado original” del capital —la expropiación violenta de campesinos, el saqueo colonial, la esclavitud— no fue un episodio cerrado en el siglo XVIII. Peaky Blinders muestra que la acumulación originaria es un proceso continuo que se reactiva en cada crisis.
El origen del capital
En el imaginario de la economÃa neoclásica, el capital surge del ahorro, la previsión y el intercambio voluntario. Adam Smith hablaba de una cierta “acumulación previa” fruto del trabajo y la frugalidad. Sin embargo, Karl Marx desmonta esta fábula edulcorada en la Parte VIII de El Capital con un concepto incómodo y revelador: la acumulación originaria (o primitiva), lejos de ser un acto de virtud, se trata del parto sangriento del modo de producción capitalista. “El capital viene al mundo chorreando sangre y lodo por todos sus poros, desde la cabeza hasta los pies.”
Los Shelby encarnan con toda crudeza este proceso. Al inicio de la serie, no pertenecen a la burguesÃa industrial establecida. Su capital es ilegal: apuestas clandestinas, contrabando de licores, extorsión. Sin embargo, la serie muestra descarnadamente que el origen violento no es una anomalÃa del sistema, sino su condición de posibilidad. Lejos de ser una reliquia histórica, los conceptos de acumulación originaria del capital que Karl Marx describió en el siglo XIX siguen vigentes; solo han cambiado de escenografÃa.
Una de las tesis centrales de la economÃa polÃtica marxista es que el Estado no es un árbitro neutral entre clases, sino una instancia que organiza y legitima la dominación de clase. Peaky Blinders ofrece una ilustración magistral de este proceso. La relación de los Shelby con el inspector Campbell, primero como perseguidores y luego como colaboradores, y su posterior vÃnculo directo con Winston Churchill, revelan la porosidad entre violencia privada y violencia estatal.
La acumulación originaria no termina cuando el capital se “legaliza”. Al contrario, la legalización es una nueva fase de la misma violencia. Cuando Thomas Shelby compra terrenos, obtiene concesiones oficiales y es nombrado miembro del Parlamento, no está “abandonando” el crimen; está internalizando la lógica del Estado para blindar su acumulación.
“Capitalismo legal”
La serie muestra con crudeza que el “capitalismo legal” no es el reino de la meritocracia ni la moral, sino el espacio donde la violencia originaria se vuelve sistémica. A medida que los Shelby consolidan su imperio, la serie abandona gradualmente los callejones de Small Heath para internarse en el espacio central de la producción capitalista: la fábrica.
En las temporadas centrales, la adquisición de plantas industriales convierte a la familia en empleadora directa de cientos de trabajadores. Aquà es donde la economÃa polÃtica se vuelve más explÃcita. La propiedad del trabajo ajeno pasado u objetivado se presenta como condición única para la apropiación ulterior del trabajo ajeno presente o vivo.
La contradicción entre capital y trabajo no se resuelve con la “meritocracia”. Los Shelby, que nacieron proletarios, se enfrentan ahora a los obreros que reclaman mejores condiciones. La huelga, la exigencia de reducción de jornada y el control sindical se convierten en el nuevo campo de batalla. Thomas Shelby, que antes desafiaba a los patrones, ahora adopta la lógica patronal: los salarios son un costo a reducir, la disciplina un valor a imponer.
Esta transformación ilustra una de las lecciones más duras de la economÃa polÃtica: la posición de clase no es un rasgo identitario fijo, sino una función dentro de la estructura productiva. El capital no tiene memoria; convierte a sus antiguos enemigos en sus nuevos guardianes. La violencia que los Shelby antes ejercÃan contra el Estado ahora la ejercen contra sus propios pares de origen para defender la tasa de ganancia.
El capitalismo, para alcanzar su madurez, no solo necesita explotar el trabajo industrial; necesita mercantilizar todas las esferas de la vida. Peaky Blinders muestra cómo los Shelby extienden su lógica de acumulación a territorios que la burguesÃa tradicional consideraba “no económicos”.
El contrabando de alcohol durante la Ley Seca estadounidense, la expansión de las casas de apuestas y, finalmente, la incursión en el negocio de la comunicación (periódicos, propaganda) reflejan la tendencia del capital a convertir cada relación social en mercancÃa.
La serie también aborda la financiarización incipiente. Cuando Thomas Shelby comienza a operar con letras de cambio, acciones y especulación bursátil, el capital se vuelve aún más abstracto y, paradójicamente, más violento. El crash financiero que lo golpea en temporadas avanzadas no es un castigo moral, sino la manifestación de la inestabilidad endémica del capitalismo, donde la acumulación originaria no es un episodio del pasado sino un riesgo permanente: cualquier crisis puede expropiar al expropiador.
Finalmente, Peaky Blinders ofrece una crÃtica implÃcita a la narrativa del “emprendedor heroico”. Thomas Shelby es presentado como un genio estratégico, pero la serie se encarga de mostrar que su éxito no se debe únicamente a su inteligencia, sino a su disposición a ejercer la violencia y a la coyuntura histórica de la posguerra.
Sin la Primera Guerra Mundial —la gran crisis que desestructuró las jerarquÃas tradicionales—, sin el ejército de veteranos desposeÃdos dispuestos a seguirlo, sin la fragilidad de un Estado en transición, los Shelby no habrÃan sido más que una pandilla local.
El capital no es un atributo individual, sino una relación social. La riqueza de los Shelby no es fruto del mérito, sino de la capacidad de organizar la violencia, controlar territorios, explotar a la clase obrera y capturar rentas. La serie desmonta asà el mito liberal del “self-made man”. Thomas Shelby se hizo a sà mismo con las manos manchadas de sangre ajena, y la serie nunca deja que olvidemos ese precio.
La serie se convierte en un documento de economÃa polÃtica aplicada al ilustrar cómo el capitalismo de entreguerras jamás abandonó sus orÃgenes violentos, sino que los sofisticó. Los Shelby son los herederos directos de aquellos cercadores de tierras, traficantes de esclavos y patrones industriales que forjaron el Imperio Británico. La serie nos recuerda, con estética gánster, que el capital no se lava con el tiempo: se reencarna.
Pablo Caramelo es economista UBA. @caramelo_pablo
Fuente: Página/12
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