Un relato en el aniversario del asesinato del lÃder guerrillero
El mensajero entre Perón y
el Che
9 de octubre de 2025 - 00:01
·
·
. Imagen: Archivo
Entrevisté al Comandante
Jorge Serguera, cuyo “nom de guerre” era “Papito”, en su casa en La Habana para
mi biografÃa del Che. Tuvo una destacada actuación durante la campaña de Sierra
Maestra y como premio fue nombrado embajador en Argelia, que acababa de lograr
su independencia luego de una prolongada y sangrienta lucha contra Francia.
“En marzo de 1963 recibà una
extraña e inesperada visita: dos argentinos de apellido Luco y Villalón se
presentaron como mensajeros del expresidente argentino, derrocado y asilado en
España, Juan Domingo Perón. Me contaron que habÃan estado varias veces en
La Habana y que el Che los habÃa recibido. QuerÃan continuar ese contacto a
través mÃo y no pude entonces aclarar si eso habÃa sido a instancias del Che o
de Perón.
“Mi impresión de esos
emisarios no fue buena pues los noté con una desenvoltura histriónica y se
demostraban tan de acuerdo entre sà que lo que decÃan y hacÃan parecÃa producto
de ensayos. La conversación giró en torno a la situación en Argentina y a la
apreciación de la misma por parte del general Juan Domingo Perón, conjuntamente
con interrogantes y afirmaciones que yo no podÃa identificar si pertenecÃan a
ellos o a Perón, para quien con mucho remilgo pedÃan ayuda para llevar adelante
sus proyectos.
“A lo largo del encuentro no
pude hallar respuesta a la pregunta: ¿Por qué esta entrevista en Argel? ¿Por
qué conmigo? Ello me hizo sospechar y los despedà con la promesa de trasladar
sus propuestas al Presidente Castro y al Comandante Guevara y subordiné la
aceptación a concurrir a Madrid para encontrarme con Perón a la decisión que se
tomase en La Habana.
Por entonces, Jorge Masetti
estaba entrenándose en Argel con un grupo de guerrilleros como parte del plan
concebido con el Che y que debÃa concluir con un alzamiento en la provincia de
Salta donde, según ellos, habÃa condiciones sociales y geográficas muy
semejantes a las de la Sierra Maestra. Su grupo también lo integraban dos
custodios del Che, Alberto Castellanos y Hermes Peña, lo que da una idea de la
importancia que le daba el argentino a la operación. Se habÃan entrenado en
Cuba y también en Praga.
“Esa misma noche llamé a
Masetti, le hice una sÃntesis de lo ocurrido y le pregunté si pensaba que esos
hombres sospecharÃan algo de la expedición guerrillera que estaba en marcha.
Decidimos que lo mejor serÃa que yo volase a La Habana para consultar al Che
sobre el asunto.
“Guevara me escuchó con
mucha atención y finalmente tomó la decisión de que yo fuese a Madrid a ver a
Perón. “Le vas a llevar algo de mi parte”. Después se quedó un rato pensativo,
envuelto en el humo de su cigarro y al cabo me preguntó: “¿Tú crees que Ben
Bella estarÃa dispuesto a darle acogida?” Le respondà que creÃa que no habrÃa
inconvenientes porque en Argel no habÃa embajada argentina y Perón no era un
problema para el Islam.
“Eso mejorarÃa su imagen en
América Latina, porque Franco no goza de prestigio en los sectores populares
del lado de acá del Atlántico. De todas maneras no hables con Ben Bella hasta
saber si Perón está de acuerdo”.
"Al despedirnos me era
claro que el Che estaba muy interesado en el asunto: ‘Papito’, sondea a Perón,
trata de ver qué puedes sacar de un diálogo con él. Dile que nosotros estamos
dispuestos a ayudarlo”. Yo le pregunté qué podÃa esperarse de Perón, a lo que
respondió: “No sé. Ten presente que tú eres el primero que puede ofrecerme un
punto de vista diferente acerca de él, hasta el momento yo sólo he hablado con
sus enviados que tampoco me han dado una buena impresión. Me interesa tu
perspectiva sobre este asunto. Ve qué puedes sacarle”.
Perón era el lÃder
indiscutido de las mayorÃas populares argentinas y su apoyo serÃa de enorme
significación para los proyecto insurreccionales del Che, y a su vez éste
pensaba que podrÃa sumarle a Perón un prestigio y una convocatoria
internacional de la que carecÃa. Guevara lamentó su caÃda, como lo demostrarÃa
una carta a su madre desde México: “Te confieso con toda sinceridad que la caÃda
de Perón me amargó profundamente, no por él, sino por lo que significa para
toda América, pues mal que te pese y a pesar de la claudicación forzosa de los
últimos tiempos, Argentina era el paladÃn de todos los que pensamos que el
enemigo está en el norte”. Y hasta se permite advertir a su madre: “Gente como
vos creerá ver la aurora de un nuevo dÃa... Tal vez en un primer momento no
verás la violencia porque se ejercerá en un cÃrculo alejado del tuyo”.
Serguera: “Salà de La Habana
de regreso a Argel vÃa Madrid. Antes informé a Fidel de la misión que llevaba
de parte del Che para encontrarme con Perón pero no hizo ningún comentario. A
mi llegada me hospedé en el Hotel Plaza y localicé a Luco y Villalón, quienes
me informaron que Perón me recibirÃa el dÃa siguiente a las once de la mañana.
“Me levanté temprano. Puntualmente a las 10 a.m. pasó Luco a buscarme. Parado en la puerta de su quinta ‘Puerta de Hierro’ en el residencial barrio madrileño del mismo nombre me esperaba un sonriente Perón y a su lado, también amable, Villalón.
“Alto, de 68 años, de pelo
teñido de un negro que ocultaba todas las canas, corpulento y en buen estado
fÃsico, Perón disimulaba muy bien sus años. Dueño de un innegable carisma y
exhibiendo una soltura casi profesional comenzó con preguntas y afirmaciones
que me llevaron pendularmente del acuerdo a la perplejidad. Preguntó con
familiaridad por Fidel y por Ernesto.
“Consideré que ya era el momento y le entregué el maletÃn subrayando que era el Che quien se lo enviaba. Lo tomó, lo entreabrió y pude ver que estaba lleno de dólares, lo puso a un lado y continuó hablando sin darle importancia. Cuando fue mi turno dije:
“--La situación en Cuba se
ha normalizado bastante luego de la crisis de octubre. Kennedy mantiene el
embargo económico que nosotros calificamos de bloqueo y persiste en el
hostigamiento. Por otra parte usted conoce que salvo México y Uruguay todos los
paÃses de América Latina han roto con nosotros y persisten en su polÃtica de
aislamiento. La URSS nos ayuda y pienso que podremos resistir.
“--Ustedes saldrán airosos
de la embestida norteamericana --dijo Perón--. Los norteamericanos son unos
intervencionistas a los que cada vez les será más difÃcil mantener manumitida
a América Latina. Creo que se producirán cambios radicales en el continente
sudamericano que contribuirán al triunfo de vuestra polÃtica.
“Esto último lo dijo
sugestivamente aunque se me escapó su sentido. Entonces le sugerà la idea de
mudarse a Argel y lo interesante que luego aceptase residir en La Habana.
Sonrió y afirmó que lo pensarÃa. Entonces se refirió a la Argentina:
“--Los últimos
acontecimientos son muy favorables, el gobierno se halla entre la represión o
el derrumbe. Todo variará muy pronto.
“Nuevamente habÃa querido
sugerirme algo pero no quise ahondar en el tema”.
Es claro, aunque Serguera no
tenÃa por qué saberlo entonces, que Perón aludÃa a su proyecto de regresar a la
Argentina y que los dólares del Che estaban destinados a financiar aquel primer
intento frustrado en RÃo de Janeiro por la intervención de la cancillerÃa del
presidente Arturo Illia.
“No fue ése mi último
encuentro con Perón. Aquel mismo año me reunirÃa con él dos veces más, siempre
en su casa en Madrid. Las conversaciones en tales ocasiones no fueron más que
variaciones sobre el mismo tema, por eso no las relato. No volvà a llevarle un
maletÃn de dinero aunque eso no quiere decir que no los haya recibido por otro
conducto”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario