León Gieco sobre la destrucción del monumento a
Osvaldo Bayer
El tiro por la culata
27 de marzo de 2025 - 22:43
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Muevo monumento realizado
en El Calafate.. Imagen: Gentileza
Por estos dÃas estoy en
Uruguay, donde vine a tocar con Agarrate Catalina en el homenaje al
querido Pepe Mujica. Un poco desconectado de las noticias, me
entero por el presidente Yamandú Orsi, con quien tuve la suerte de estar, sobre
la destrucción
del monumento a Osvaldo Bayer en la entrada a RÃo Gallegos. Siendo
él profesor de historia, hablamos sobre las formas en que esa historia se
repite cÃclicamente, y en ocasiones, como esta, muestra su cara oscura y
grotesca, que siempre es pasajera.
Una amiga que vive en
Boston me dijo que tenemos que agradecerle al gobierno por avanzar con esa pala
mecánica que vimos en las imágenes que difundieron como un logro. Porque es
probable que muchos argentinos que todavÃa no saben quién es Osvaldo Bayer,
ahora se intriguen y vayan a leer La patagonia rebelde, o
quieran ver la pelÃcula, y conviertan en éxito nuevamente al libro y al clásico
de Héctor Olivera.
Las historia muestra que mi
amiga tiene razón, y puedo dar varios ejemplos de ello. Recuerdo que antes de
la dictadura ya venÃa a tocar Joan Manuel Serrat, yo lo fui a ver al Gran Rex
en el año 73. A partir del 76, la dictadura lo prohibió: buscaban silenciarlo,
que la gente se olvide de él. Y bien, cuando volvió a venir en 1984, la gente
hizo tres dÃas de cola alrededor del Luna Park para comprar las entradas, en
tiempos en los que, por supuesto, el modo de comprarlas era ir a la boleterÃa.
Esa vez el Nano terminó haciendo cuatro Luna Park, y siguió llenando teatros y
estadios, cada vez que vino.
Recuerdo también que
durante la dictadura, en los asados con amigos siempre llevábamos discos. A los
de Silvio RodrÃguez y Pablo Milanés, habÃa que llevarlos adentro de los sobres
de los Beatles y los Rolling Stones, porque si no podÃamos caer presos. También
pensaron que prohibiéndolos, los iban a borrar. Pasaron esos años de plomo y en
abril del 84 vinieron a tocar a Obras Sanitarias, donde tuve el honor de tocar
con Pablo. El resto es historia conocida, porque esos conciertos se volvieron
históricos: Pensaban hacer un Obras, hicieron 14.
Son solo dos ejemplos que
demuestran que, como decÃan en mi pueblo, este tipo de actitudes siempre
terminan igual: les va a salir el tiro por la culata.
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