Sin Derechos Humanos en Gaza
¿Puede una sociedad
militarizada vivir una paz genuina?
Silvana Ravinovich es
investigadora en el Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM,
autora de La biblia y el dron. Sobre usos y abusos de figuras bÃblicas en
el discurso polÃtico de Israel, un libro en el aborda el paso de la lengua hebrea
de la religiosidad a la instrumentalización, al punto que muchas de las
operaciones israelÃes y sus armas de guerra llevan nombres que, en hebreo,
aluden al poder de Dios. DiscÃpula del recientemente fallecido Enrique Dussel,
aboga por una palabra vulnerable, capaz de abrir el diálogo para que la común
empatÃa se abra lugar.
10 de noviembre de 2023 - 00:01
·
Silvana Rabinovich,
investigadora en el Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM.
Silvana Rabinovich aprendió
hebreo en su casa, como algo lúdico, con su abuelo. Estudió filosofÃa en la
Universidad de Rosario y durante diez años fue maestra y educadora judÃa. En
1984 fue a estudiar a la Universidad Hebrea de Jerusalén. Quiso estudiar árabe,
pero se dio cuenta de que el programa estaba estructurado para el estudio del
enemigo y no del de una cultura, asà que decidió estudiar Biblia hebrea. Se
consideró sionista hasta 2006, cuando Israel decidió “desconectar”
a Gaza y luego invadir con el ejército. Ese año tradujo el libro del
pensador MartÃn Buber, crÃtico de los padres del sionismo que dio origen al
actual Estado de Israel, el de Herzl y Ben Gurion. En México conoció al
recientemente fallecido Enrique Dussel, a quien define como un “maestro de
vida” y en quien se inspiró para su trabajo en defensa de una teologÃa polÃtica
contraria a la nacional colonial presente en paÃses como
Israel.
Hoy Silvana es
investigadora en el Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM.
Comparte con el director de la orquesta palestino-israelà Barenboim que la
solución al conflicto no es militar pero tampoco diplomática. “La
palabra diplomática es venenosa, en ella la guerra afila sus colmillos, sólo la
palabra vulnerable hará asomar un cabo de esta maraña de miedo y odio” dice
Silvana, y abre asà un universo en donde la traducción, el diálogo y la empatÃa
vuelven a tener lugar.
¿Qué pasó en tu vida a partir
de que te alejaste del sionismo? ¿Cuánta valentÃa se necesita para tomar una
voz pública desde el judaÃsmo crÃtica del Estado de Israel en un contexto de
total hegemonÃa de esa posición dentro de la colectividad?
--En diciembre del 2008, el
gobierno israelà lanzó la “operación plomo fundido”. Mi angustia fue tal al ver
en enero de 2009 una plana del diario Haaretz con un enorme
obituario de la asociación de derechos humanos ACRI que en medio decÃa
“¡Basta!” (a las muertes infantiles) y alrededor, en pequeños recuadros,
nombres y datos de niños palestinos asesinados en esos dÃas. Yo no podÃa, como
tantos intelectuales judÃos, decir “no en mi nombre”. No, porque yo habÃa sido
educada en el sionismo y era en mi nombre que lo hacÃan, yo necesitaba decirles
“¡No les permito que lo hagan!” Entonces, escribà un texto que mandé a un
periodista de La Jornada. Él me propuso organizar juntos un
grupo de judÃos para lanzar la iniciativa “Adopta a un niño muerto”. Ese
texto mÃo y esa iniciativa de un grupo entrañable (con todas las actividades
que hicimos en ella) me costaron muchas amistades, incluso familia demasiado
cercana que hasta el dÃa de hoy sigue ofendida conmigo. Creo que esto fue asÃ
porque la gente en la colectividad no distingue fidelidad de complicidad: yo
por fidelidad soy crÃtica y trato de impedir la injusticia, en cambio quienes
obedecen los mandatos de la hasbará (la oficina de información
de las embajadas de Israel) cierran filas por miedo y por complicidad.
¿Qué lugar ocupa el
lenguaje en este conflicto? ¿Podrás contarnos cuál es la hipótesis de tu
libro La biblia y el dron. Sobre usos y abusos de figuras bÃblicas en
el discurso polÃtico de Israel?
--En mi libro abordo los
peligros que entraña la secularización del lenguaje. El hebreo habÃa sido
durante milenios lengua ritual. Los judÃos hablaban las lenguas de sus paÃses y
frecuentemente las escribÃan con letras hebreas (el Ãdish en Europa central, el
judeoespañol o el judeo-árabe). La secularización del hebreo (haberlo sacado a
la calle) jugaba a reprimir aspectos sagrados que, como muestra René Girard,
retornan de manera violenta. Una lengua que vivÃa en el mundo de la
religión, siguiendo el ritmo del calendario festivo, e invocando la Redención,
se volvió de uso cotidiano, profano: instrumental. Lamentablemente no se
potenció la parte espiritual, sino que se redujo la lengua a instrumento,
incluso a arma de guerra (las “operaciones” del ejército de Israel suelen
tener nombres que aluden al poder de Dios en la Biblia hebrea, igualmente
los nombres de armas y tanques). Esto no cancela la esperanza (Walter Benjamin
propone “organizar el pesimismo” y en mi libro yo trato de hacerlo a partir de
la traducción). Es el caso de la lengua judeo-árabe, hablada por los judÃos que
vivieron durante un milenio en tierras gobernadas por musulmanes, en las cuales
desarrollaron relaciones interreligiosas de solidaridad de clase. Mi idea es
refrescar esa memoria y de esta manera tratar de acabar con la idea errónea de
“un odio milenario entre judÃos y árabes”. Lo primero que hay que corregir es
que hay árabes musulmanes, cristianos y judÃos, y que estos últimos son los que
conocÃan (en la lengua y en los modales) la llave para convivir en paz con los
habitantes palestinos que recibieron hospitalariamente a los inmigrantes hasta
que el expansionismo tomó el rostro de la colonización al estilo europeo.
Tu obra está atravesada por
grandes debates y autores que escribieron sobre los horrores del Siglo XX ¿Qué
implica para el pensamiento, para la filosofÃa, y para el judaÃsmo, que el
Siglo XXI inicie con este genocidio?
--La nakba palestina,
como muestra el historiador Ilán Pappe, es un proceso de limpieza étnica que
inicia en el siglo pasado y que, unos años antes de la fundación del Estado de
Israel, se vuelve una catástrofe mayor para los palestinos (expoliación,
destierro, negación de su existencia, discriminación en los derechos de quienes
quedaron dentro de los lÃmites territoriales de Israel: apartheid).
En los años posteriores, se va naturalizando y a los periodos sin guerra se los
confunde con “paz”. Pero un régimen de ocupación militar, asà como una sociedad
militarizada no vive una paz ni una democracia genuinas. Ahora bien, en 2005 la
“desconexión” de la Franja de Gaza (idea de Ariel Sharon) significó sitiar a
esa población de refugiados para volverla escaparate de las “armas probadas”
por la industria bélica cÃvico-militar israelÃ. En ese momento, empezó un
proceso de tintes genocidas. Yo creo que para la filosofÃa implica la necesidad
de un pensamiento crÃtico radical, como el que un autor como Benjamin exige.
Considero que la ética heterónoma de Levinas, por ejemplo, debe proyectarse al
nivel social y polÃtico como “justicia del otro”. Desde la
perspectiva del otro, lo que una considera derechos ganados posiblemente sea
visto por el otro como privilegios a costa de sus propios derechos… El
ejercicio que plantea Levinas de leer los derechos humanos en segunda o tercera
persona es revelador y puede cambiar las cosas.
Esta semana falleció
Enrique Dussel, que prologó tu libro y a quien reconocés como un maestro ¿Cómo
puede su legado ayudarnos a pensar no sólo el conflicto Israel-Palestina sino
también una posible salida? ¿A qué llamás descolonización de la
teologÃa polÃtica?
--Dussel dio cauce a mis
inquietudes relacionadas con las fuentes proféticas de la Biblia hebrea, con
las leyes sociales de la Torá. Sus Metáforas teológicas de Marx fueron
reveladoras para mÃ. Su forma paciente y generosa de enseñarme marcaron mi
camino desde que empezó a dirigir mi tesis, y al pasar de los años fui
entendiendo cada vez con más profundidad el alcance de su enseñanza. No fue
sólo un maestro de clase o un autor más: fue un maestro de vida. Constato
que hay teologÃa polÃtica (no acuerdo con quienes piensan que
hay una laicidad exenta de la misma) ¡al contrario! Yo considero que la
polÃtica (no sólo la del Estado) tiene esa raÃz religiosa. De otras espiritualidades
se desprenden otras formas polÃticas.
En La Biblia y el
dron, abordé la teologÃa polÃtica nacional colonial de Israel pero en Trazos
para una teologÃa polÃtica descolonial ensayo maneras de descolonizar
la teologÃa polÃtica, entre otras formas, desde la traducción. Como los buenos
maestros, Dussel es inspirador no sólo en su escritura, sino en su forma de
hacer filosofÃa: ese viaje que hizo a Galilea entre 1959 y 1961 que, movido por
una inquietud religiosa, emprendió a los 25 años, le hizo experimentar la
filosofÃa desde el trabajo (en el sentido que él mismo recupera de la tradición
semÃtica como oficio religioso y, a la vez, servicio al
otro: carpintero que trabajó en la construcción de viviendas de palestinos). En
esa experiencia yo veo una llave para descolonizar la teologÃa polÃtica (y la
llamo “llave”, no como simple metáfora, sino como metonimia del derecho al
retorno de los palestinos, liberación de la nakba: he aquà la salida que me
preguntaste).
Has traducido del hebreo al
pensador MartÃn Buber. En Buenos Aires, un docente de la escuela que lleva su
nombre fue agredido por xadres de la escuela luego de publicar una nota con
posiciones crÃticas de la polÃtica del Estado de Israel y de los ataques en
Gaza ¿Podés contarnos brevemente quién fue MartÃn Buber? ¿Por qué pensás que,
incluso en Argentina, a tantos kilómetros de distancia, tampoco pudo sobrevivir
su legado?
--Buber fue un filósofo
libre, socialista utópico (amigo del entrañable anarquista Gustav Landauer) y
traductor de los relatos jasÃdicos (una especie de pietismo judÃo). Su legado
de una polÃtica de raÃz ética es muy potente. Una ética dialógica que, en
comunidad, se cultiva como polÃtica. En 1918, dentro del movimiento sionista,
tenÃa posturas que buscaban honrar en Palestina las “semillas mesiánicas” de un
pasado acorde a la moral de los profetas bÃblicos, de los esenios… En 1925,
durante el Mandato británico, dio cuerpo a la idea binacional con una
organización llamada Brit Shalom (cuyos estatutos estaban redactados en hebreo,
árabe e inglés). Desde 1918 hasta 1965 (año de su muerte) abogó por una forma
de cooperación. En 1946, cuando la Comisión anglo-americana de investigación
llegó a Palestina para conocer el sentir de la población respecto al plan de
partición de la tierra, fue visitada por Buber, Magnes y Smilansky. Estos tres
profesores de la Universidad Hebrea de Jerusalén, contrariamente al
posicionamiento de la conducción sionista -que pretendÃa representar a todos
los judÃos-, convencieron a esa Comisión de no partir la tierra. Les explicaron
que el modelo de estado nacional no era idóneo para la región y que lo más
adecuado era una confederación de comunidades autónomas en la cual ninguna
mayorÃa determinara a ninguna minorÃa. DebÃa llamarse (como era conocido el lugar:
en árabe Bilad Hasham) Confederación de la Gran Siria… Pero más
allá del convencimiento de esa comisión, la ONU decidió dividir para gobernar
(otorgándole a un número menor de habitantes una tierra más amplia que al
número mayoritario). Allá por los años 50 Buber se atrevió a decir que el único
socialismo factible era el utópico (porque el real habÃa fracasado), cultivaba
una utopÃa que Ernst Bloch llamará “utopÃa concreta”. Era un filósofo de
acción, creativo y valiente. TenÃa una autoridad moral bastante difÃcil de
soportar por lÃderes pragmáticos (inmorales) como Herzl o Ben Gurión.
Fuente: Página/12
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