¡Hay que tener ganas!
Por Fabián Restivo
27 de octubre de 2023 - 19:54
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·
. Imagen: Fabián Restivo
El 15 de marzo pasado nos
subimos a una lancha que nos llevó a la isla MartÃn GarcÃa. Fuimos invitados a
ver una obra que inauguraba el gobernador Kicillof: una planta de paneles
solares que cubrirÃa la demanda de electricidad de la isla. La explicación del
por qué de esa inversión era simple: los generadores están envejeciendo por lo
que muchas veces se quedan sin luz, y esta nueva planta, además, ahorrarÃa
mucho dinero que se gasta en combustible.
Alguien en el viaje de ida,
dijo: “ahà viven un puñado chiquito de personas ¡hay que tener ganas de venir
hasta acá para hacer esto, eh!”
No es un pensamiento
original, “¡hay que tener ganas!” es algo que todos o casi todos escuchamos
alguna vez, y siempre referido a algo parecido: un esfuerzo para algo que parece
pequeño. Es una frase tan popular como “cerrá el portón que se escapó el
caballo” cuando alguien hace algo que llega tarde y que podrÃa haberse
previsto. La cultura popular está llena de dichos, “nunca falta un roto para un
descosido”, o “dios los crÃa y el diablo los amontona.” Dependiendo de las
creencias, es el diablo o el viento quien los amontona, pero si me meto en esas
dos frases corro el riesgo de terminar escribiendo sobre esta pantomima que
ocupó la atención toda la semana y que acaba (parece) en un empate entre malos,
tan indigno como fraudulento, con la única salvedad que ya de antes no tenÃan
dignidad ninguna que perder.
Hace muchos años, escribÃ
que en Bolivia, durante el gobierno de Evo Morales, tenÃamos una oposición
intelectualmente nula, polÃticamente estéril y humanamente miserable. Es
increÃble lo fácil que es darle la razón a Jorge Luis Borges cuando dijo que
todos nuestros pueblos son iguales, “incluso en eso de creerse distintos.”
Y me fui nomas para donde
no querÃa. Es increÃble como no podemos escapar de lo que pasa. La ultima cena
con amigos comenzó con “che, por favor, no hablemos de polÃtica” y no es
necesario contar como acabó la noche. Pero lo cierto es que hay mucha gente
defraudada y triste, y el triste no perdona, aunque disimule ante sà mismo y
parezca que perdonó.
Pero retomando el
principio, Axel Kicillof inauguró aquello como si fuera una planta nuclear.
Quizá fue el mismo entusiasmo que lo llevó hace algunos años a recorrer la
provincia a bordo del ya famoso ClÃo donde muy probablemente alguno de sus
amigos le dijera “viejo, de verdad ¡hay que tener ganas!”. Quizá la magia
resida en hacer las cosas pequeñas con el espÃritu de que todo puede ser épico,
o con la máxima de Hebe: “no hay tareas chiquitas”.
La diferencia en esta
elección entre las nacionales y la Provincia de Buenos Aires deja una claridad
que casi nadie quiere ver o les da tanta fiaca que prefieren ignorarla, que es
volver a la polÃtica cara a cara, mate a mate, charla a charla. Pareciera que
las grandes palabras por televisión o radios o redes, perdieron esa vez frente
a algo tan simple como bajarse del autito y conversar. Cuando después Axel
salió a hacer campaña por los medios hace cuatro años, la gente ya lo conocÃa,
lo habÃa visto, habÃa charlado tomando mate con él, incluso allá, en esos
pueblitos donde no llegan ni las cartas. Mucha gente pasó de mirar por la tele
al ministro de economÃa, a ver ese muchacho que bajaba del auto, mate en mano
junto con su amigo, a preguntar que tal va la vida, en que andan, que cosas
están pasando. Quizá -no lo sé- armó una bitácora y con eso en una libreta hizo
el plan que le permitió gestionar gobierno para una provincia que tiene más
población y mas diversidad que varios de los paÃses del continente, repartido
en una extensión asombrosamente grande y donde siempre hay muchas necesidades
por cubrir.
El asunto en cuestión es
que si, tuvo ganas de mejorar la vida de los habitantes de una isla poblada por
poco mas de cien almas, y si tenemos en cuenta que el ClÃo (por mas famoso que
sea ahora) no es anfibio, se deduce que su gestión se extendió mas allá de la
bitácora.
Ahora bien, una cosa es la
campaña, más o menos ingeniosa, más o menos pensada, con o sin estrategia, y
otra lo que viene después; ideas, trabajo, equipo, ejecución. Y allà se puede
notar de donde viene el resultado de esta elección en la Provincia de Buenos
Aires: más de veinte mil casas entregadas y otras tantas en proceso de
construcción, hasta otra cantidad de obra pública y social, el mejoramiento de
escuelas y hospitales y una ristra de números que aturdirÃan al más interesado,
porque vivimos unas épocas raras, donde la mayorÃa quiere información, pero
cortita y rápido, datos pero sin detalle, y crónicas sÃ, pero livianas, sin
tantas letras. En todo caso, como dijo Dolina “a la gente no le gusta leer, le
gustarÃa haber leÃdo.”
Esta segunda campaña tuvo
la misma matriz que aquella primera, pero recargada por la gestión, también
cara a cara, también charlada, también con mate preguntando: “¿cómo va la
vida?” y no por preguntar, sino para saber que más hacer, para donde ir. Con
ganas de ir. Y en estos tiempos de tik tokers chistosos, influencers de
alquiler, youtubers opinadores y memes revalidados como suplentes de cualquier
razonamiento, lo realmente normal, que es hablar tomando mate, se convierte en
algo digno de ponderar. Y no es sarcasmo. Entonces cuando el lunes, Axel
Kicillof con los veinte puntos de diferencia a su favor en la mano, anunció:
“la campaña sigue hasta que Sergio Massa sea presidente” fue más allá del apoyo
partidario. No lo explicó, pero la razón atañe directamente a la gestión: en
algunos casos una parte de las inversiones en casas, escuelas, obras y otras
cosas que benefician a los bonaerenses, vienen del gobierno nacional, y eso
está en riesgo. Ese anuncio fue una forma avisar, de prever y cerrar el portón
antes de que se escape el caballo, no sea que el rejunte de rotos y descosidos
amontonados por el viento o por el diablo, nos dejen a todos sin luz, como
antes pasaba en la isla.
Asà que sÃ, hay que tener
ganas.
Fuente: Página/12
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