Fue el
ministro bonaerense de Gobierno durante la dictadura y acumula condenas a
prisión perpetua
Jaime Smart: la mano detrás de la solicitada que reivindica la persecución a los militantes de los '70
Motorizó un texto para celebrar la experiencia del "Camarón". Lo firmaron defensores de genocidas y Eduardo Riggi, que hasta este año integró la Casación Federal.
Jaime Lamont Smart fue uno de los civiles más influyentes de la última dictadura. Su poder residÃa en su prédica sobre Poder Judicial, un ascendiente que hay quienes creen que no perdió en estos 40 años de democracia. Si bien desde 2012 empezó a cosechar condenas a prisión perpetua por secuestros, homicidios y desapariciones ocurridos en la provincia de Buenos Aires, ninguna de esas sentencias está firme. Smart levantó la cabeza el 25 de mayo para reivindicar mediante una solicitada al tribunal que creó la dictadura de Alejandro AgustÃn Lanusse para perseguir a los militantes de los años ‘70.
Smart tiene
87 años y, desde hace 16, se convirtió –de alguna manera– en protagonista de
los juicios que se llevan adelante en La Plata. En 2007, en pleno juicio contra
el capellán Christian Federico Von Wernich, los hijos de Jacobo Timerman,
Héctor y Javier, lo denunciaron –con el patrocinio de Alejo Ramos Padilla–
por el secuestro de su padre. El 15 de abril de 1977, el director del diario La
Opinión fue raptado y llevado a distintos campos de concentración que
dependÃan del entonces jefe de la PolicÃa bonaerense, Ramón Camps.
En los años
más álgidos de la dictadura, Smart fue el ministro de Gobierno de la provincia
de Buenos Aires y, como tal, tenÃa bajo su responsabilidad el área de
Seguridad. Después del golpe, Ibérico Saint Jean –gobernador de facto
bonaerense– lo convocó y le ofreció la SubsecretarÃa de Justicia, según cuenta
Smart. Antes de que contestara ya le habÃan mejorado la oferta: el Ministerio
de Gobierno, cargo en el que se mantuvo hasta septiembre de 1979 –es decir, en
los años de esplendor de los campos de concentración del llamado Circuito
Camps–.
Smart
conformó lo que se conoció como el “Grupo La Plata” con Saint Jean y con
Alberto RodrÃguez Varela, quien ejerció como fiscal de Estado bonaerense y
después como ministro de Justicia nacional. Como explica la socióloga Paula
Canelo en La polÃtica secreta de la dictadura, el Grupo La Plata fue
una usina ideológica que proponÃa la creación de una nueva clase dirigente y la
edificación de un nuevo Estado –”la tercera república”-- después de lo que
ellos denominaban como la agresión “subversiva”. Todo se hacÃa en sintonÃa con Carlos
Guillermo Suárez Mason, por entonces comandante del Primer Cuerpo de Ejército y
uno de los “duros” de la dictadura. De hecho, antes de su secuestro, Timerman
decÃa en La Opinión que la intención de Saint Jean era desbancar a
Jorge Rafael Videla para quedarse con la presidencia.
Desde que
se sentó en el banquillo, Smart se preocupó por mostrarse ajeno a la represión
y, sobre todo, a Camps: su argumento es que, como civil, no podÃa ser el
superior de un militar. Sin embargo, una entrevista que dio a Radio
Provincia en diciembre de 1976 –y que citaron los Timerman en su denuncia–
lo muestra consustanciado con la causa. “En el Ministerio de Gobierno hemos
tenido siempre la necesidad de volcar todos los recursos en la lucha contra la
subversión. Lo cierto es que la subversión no es la subversión meramente
armada”, decÃa entonces Smart. “Hay mucho todavÃa que averiguar en este paÃs
porque la subversión y estos combatientes no nacieron de la nada –evaluaba
cuando la dictadura llevaba ocho meses en el poder–. Todo esto fue a causa de
personas, llámese polÃticos, sacerdotes, periodistas, profesores de todas las
categorÃas de la enseñanza que, en su momento, los armaron y ahora han dado un
paso atrás para pasar desapercibidos”.
Smart fue condenado
a perpetua por primera vez en 2012 en el juicio que se conoce como
“Circuito Camps”. Después siguieron las condenas por el centro clandestino de
detención “La Cacha”, por la Brigada de San Justo y, a principios de este mes,
por dos
operativos de marzo de 1977 en los que seis personas fueron asesinadas y tres
chiquitos robados de su familia y llevados a un hogar
de menores –Casa de Belén– en el que fueron sometidos a todo tipos de abusos. Ninguna
de sus condenas fue confirmada por la Corte Suprema.
“Es uno de
los personajes siniestros que hubo en nuestra historia y cuya influencia sigue
vigente. Se ve en la demora en pronunciarse sobre los fallos condenatorios que
tiene”, le dice a Página/12 Carlos Rozanski, presidente del tribunal
que lo condenó en La Plata. “Su condena por los delitos más graves fue el
comienzo del avance de la investigación sobre los civiles que hoy sigue
resistiendo el poder real”, remarca.
“Smart fue
condenado y es juzgado como autor de los crÃmenes de la dictadura porque tipos
como él fueron genocidas, no solamente las fuerzas que actuaron como brazo
ejecutor”, apunta la abogada querellante Guadalupe Godoy, referente de la
Liga Argentina por los Derechos Humanos (LADH). “Smart es tan homicida como el
que apretó el gatillo. Parece que al dÃa de hoy cuesta internalizar esta
situación. Al Poder Judicial le costó: le permitÃan pasar las vacaciones en el
sur, llegó excarcelado al juicio del Circuito Camps y, al dÃa de hoy, ninguna
de sus sentencias está firme”.
Elogio de
la persecución
Durante la
dictadura de Lanusse, Smart fue uno de los nueve jueces que integró la
Cámara Federal en lo Penal. En los pasillos, se conoció a ese tribunal como el
“Camarón” o la “Cámara del Terror”. La Cámara fue una invención del ministro de
Justicia de esa dictadura, Jaime Perriaux. Fue un fuero de excepción:
estaban abocados a los casos de lo que ellos llamaban “subversión” –por lo que
no habÃa juez natural para los militantes– y sus fallos eran inapelables. En la
solicitada que promovieron, Smart y sus amigos sostienen que si no se hubiera
disuelto el Camarón el 25 de mayo de 1973 –tras la asunción de Héctor Cámpora–,
se habrÃa evitado el “baño de sangre” posterior.
El
argumento no es novedoso para quienes vienen escuchando a Smart en los juicios.
El 2 de noviembre del año pasado, pidió ampliar su indagatoria en el juicio por
el Hogar Casa Belén y dijo: “A los critican a la Cámara Federal en lo Penal les
señalarÃa que en los 22 meses posteriores (a su creación) no hubo un solo
desaparecido”, se despachó. Eso sÃ, admitió que la masacre de 16 presos
polÃticos en la base Almirante Zar de Trelew habÃa “empañado” un poco su
trayectoria.
“No me
extraña que el diario La Nación, uno de los socios de Papel Prensa,
publique una solicitada en defensa de Smart o de la ‘Cámara del Terror’”, le
dice a este medio el juez federal Alejo Ramos Padilla. “Sus responsables
editoriales ya lo habÃan hecho cuando fue imputado por los hijos de Jacobo
Timerman. Tienen la misma actitud que tuvo Mariano Grondona –que durante veinte
años siguió entrevistando a Miguel Osvaldo Etchecolatz y evitó hablar de las
torturas que le infligió a Alfredo Bravo –que padeció el terrorismo de Estado y
el negacionismo”.
La
solicitada que reivindica al “Camarón” incluye las firmas de varios juristas
que después defiendieron a genocidas como RodrÃguez Varela (defensor de Videla),
Adolfo Casabal (abogado del dictador y de Etchecolatz), Edgardo Frola (defensor
de Samuel Miara y de varios militares ligados a la inteligencia), Eduardo
Gerome (defensor del exjefe de la Fuerza Aérea Omar Rubens Graffigna), Fernando
Goldaracena (defensor de Alfredo Astiz). También rubricó el exjuez MartÃn
Anzoategui, que allanó los organismos de derechos humanos antes de la visita de
la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en 1979 y, dos años
después, mandó a detener a los fundadores del Centro de Estudios Legales y
Sociales (CELS).
Una de las
firmas que más llamó la atención fue la de Eduardo Riggi, que hasta este año
integró la Cámara Federal de Casación –el máximo tribunal penal del
paÃs–. En ese cargo, no solo debió revisar infinidad de sentencias en
juicios de lesa humanidad sino que también intervino en un pedido de Smart para
sacarse de encima al juez que lo investigaba, Ernesto Kreplak. Por
supuesto, Riggi le dio la razón a Smart.
“El Camarón
es uno de los ejemplos más nefastos del rol que puede cumplir el Poder Judicial
en nuestro paÃs siendo parte de la represión y de la persecución polÃtica”,
opina la diputada del FIT-U Myriam Bregman. “Si bien conocemos y hemos
denunciado a muchos de los que firman, no se puede dejar pasar que haya un
exjuez de Casación acompañando esa solicitada porque eso habla de la gravedad
de la situación del Poder Judicial en la Argentina”.
Fuente: Página/12
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