El bombardeo a la Plaza de Mayo del 16 de junio de 1955
El
mayor atentado terrorista
16 de junio de 2023 - 12:06
“Después
ella se movió para irse. Fabricio la sostuvo fuerte del brazo, por encima del
codo. SentÃa la tela áspera del traje de tweed. Y entonces, en ese momento, los
aviones empezaron a bombardear la plaza. CaÃan en picada y volvÃan a levantar y
caÃan otra vez hacia la ciudad, rozando la Casa de Gobierno, ametrallando las
calles. Una explosión extraña, sorda, se oyó en el borde de la Recova y el
trole se quebró al recibir la bomba. La gente caÃa una sobre otra; se los veÃa
por la ventanilla moverse y agitarse, lejanos, como suspendidos en el aire
sucio. Los asientos vacÃos arrancados. Una mujer abrÃa y cerraba los brazos,
gritaba, en silencio, del otro lado del vidrio. Todo sucedió en un instante.
Elisa retrocedió, Fabricio no la soltó. La gente corrÃa, el ruido era
intermitente. Estaban sobre Paseo Colón, a resguardo. La arrastró hacia la
Recova. El humo y los escombros ensombrecÃan el cielo. De golpe empezaron a
sonar las sirenas de alarma. Recién en ese momento Fabricio supo lo que habÃa
venido a hacer.” (Del cuento Desagravio, de Ricardo Piglia).
Ahora
se puede leer, se puede saber y se puede hablar, pero en ese momento ni
siquiera el gobierno peronista se animó a mostrar escenas del bombardeo para no
provocar represalias. Durante décadas se ocultaron. Fue el bautismo de fuego
vergonzoso, en plan de acción terrorista, de la Fuerza Aérea y de la aviación
aeronáutica. Hubo glorificación de los asesinos y silencio para las vÃctimas.
308
muertos, a los que deberÃa sumarse "un número incierto de vÃctimas cuyos
cadáveres no lograron identificarse, como consecuencia de las mutilaciones y
carbonización causadas por las deflagraciones", según la investigación que
hizo en 2010 el Archivo de la Memoria de la SecretarÃa de Derechos Humanos de
la Nación.
De los
más de treinta aviones que arrojaron trece toneladas de bombas aproximadamente,
decÃa Gonzalo Chávez en su libro sobre los bombardeos: “El más perverso fue
Carlos Enrique Carus quien tiró la última bomba y además arrojó los tanques
suplementarios de combustibles sobre 30.000 trabajadores que estaban en la
Plaza, para prenderles fuego”.
El
informe del Archivo de la Memoria dice también que “entre las personas
asesinadas fueron identificadas 111 activistas sindicales de la CGT, de las
cuales 23 eran mujeres. También fueron identificados 6 niños y niñas muertos,
el menor de ellos de 3 años. La mayorÃa de los muertos fueron argentinos, pero
fueron también identificados 12 italianos, 5 españoles, 4 alemanes y 6 muertos
de nacionalidades boliviana, chilena, estadounidense, paraguaya, rusa y
yugoslava”.
Algunos
nombres de los involucrados, algunos de ellos arrestados, por el mayor atentado
terrorista de la historia argentina intervinieron en la vida polÃtica del paÃs
y muchos en la última dictadura. Los pilotos fugados a Uruguay fueron recibidos
por Guillermo Suárez Mason, prófugo de la Justicia argentina desde su
participación en el intento de golpe de 1951. Entre los pilotos y tripulantes
de aviones estaba Máximo Rivero Kelly, quien luego fue acusado de delitos de
lesa humanidad como jefe de la Base Almirante Zar de Trelew y de la Fuerza de
Tareas 7 de la zona norte de Chubut; Horacio Estrada, jefe del grupo de tareas
de la ESMA; Eduardo Invierno, jefe del servicio de Inteligencia Naval en la
dictadura; Carlos Fraguio, jefe de la dirección general naval en 1976 con
responsabilidad en los centros de detención como la ESMA y la escuela de
suboficiales de la Marina; Carlos Carpintero, secretario de prensa de la Armada
en 1976; Carlos Corti, su sucesor, y Alex Richmond, agregado naval en Asunción.
De la Fuerza Aérea, Jorge Mones Ruiz, delegado de la dictadura en la SIDE de La
Rioja y Osvaldo Andrés Cacciatore, futuro intendente de la ciudad de Buenos
Aires. Los tres ayudantes del contraalmirante AnÃbal Olivieri, ministro de
Marina y jefe de la conspiración eran los capitanes de fragata Emilio Massera,
Horacio Mayorga y Oscar Montes. Massera integró la primera de las Juntas
Militares, a partir de 1976, Mayorga estuvo involucrado en la masacre de Trelew
y Montes fue canciller de la dictadura. Lo que mostraron en esos años, lo
fueron aplicando a lo largo de varias dictaduras con el beneplácito de una
parte importante de empresarios y polÃticos.
Crecimos
viendo los agujeros de metralla en los edificios que rodean la Plaza de Mayo.
Pero misteriosamente habÃa sido un bombardeo en el que más de 30 aviones
arrojaron 13,5 toneladas de bombas sobre la población civil, además de
ametrallarla, y nadie habÃa visto imágenes de lo bombardeado. Seguramente habrá
sido un bombardeo con la plaza vacÃa, se podÃa pensar. Porque todavÃa no se
habÃan escrito cuentos y menos se habÃa investigado o publicado y lo único que
habÃa era un boca a boca que cualquiera podÃa pensar que era exagerado.
Cuando
en esos años posteriores a 1955 hablaban de la “Revolución Libertadora que
habÃa salvado a la Argentina de una tiranÃa”, se glorificaba a estos bombardeos
y mostraban en la tele unos avioncitos dando vueltas en el cielo. Pero no
mostraban lo que habÃa pasado abajo. No mostraban el trolebús con los pasajeros
destrozados, ni los autos incendiados con cuerpos sangrantes, ni los gritos de
los heridos, ni la gente corriendo bajo la metralla.
Estos
militares se autodefinÃan como republicanos y democráticos, odiaban a Perón,
pero más odiaban a los peronistas. Porque el bombardeo a la población civil fue
a conciencia, para amedrentar, para que los peronistas aprendieran a portarse
como ovejas y agacharan la cabeza. Por eso Gonzalo Chávez dice en su libro que
el más perverso de todos fue Carus, porque fue el último que sobrevoló la
plaza, donde habÃan empezado a reunirse los obreros convocados por la CGT. El
levantamiento ya habÃa sido derrotado, los cabecillas habÃan huido a Uruguay, y
a su avión se le habÃa acabado la munición, pero decidió bombardear a los
obreros con su tanque de combustible extra.
Hubo
una generación que creció con muchas preguntas en la cabeza, con demasiadas
paradojas entre dictaduras buenas y gobiernos populares malos.
El
drama de las cientos de vÃctimas y sus familias, la enorme cobardÃa de esos
aviadores y de sus jefes, fue tapada por la historia. Recién en 2008, la
justicia determinó que se trató de delitos de lesa humanidad, pero el juez
Rodolfo Canicoba Corral determinó que se habÃa tratado de un “intento de
magnicidio” y archivó la causa. Pasaron 68 años y esa masacre cobarde todavÃa
se considera por algunos como “republicana y democrática”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario