La historia de "Isabelita", la agente de la PolicÃa Federal
La justicia tras los pasos de la espÃa que se infiltró
en Madres de Plaza de Mayo
Buscan
determinar si su infiltración fue contemporánea a la del marino Alfredo Astiz o
posterior y vinculada al accionar del Batallón 601.
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Imagen: Daniel GarcÃa / AFP
Isabel Correa entró al Cuerpo de Informaciones de la PolicÃa Federal Argentina (PFA) en
1969. Por entonces, otros jóvenes como ella –que arañaban la mayorÃa de edad–
se entusiasmaban con la ebullición que significaba la revuelta obrera y
estudiantil en Córdoba. Ella, por el contrario, comenzó a codearse con quienes ocupaban los
espacios más lúgubres de la estructura de inteligencia y con
quienes, años después, se convertirÃan en encumbrados torturadores en los
centros clandestinos de la dictadura. Durante los años del terrorismo de
Estado, la espÃa de la PFA se
infiltró en Madres de Plaza de Mayo, tal como figura en su legajo y como reveló este diario el año pasado.
La justicia busca determinar si su infiltración estuvo vinculada a los secuestros de la Iglesia de
la Santa Cruz o si fue posterior.
Al Cuerpo de Informaciones siempre se entra por recomendación. En su caso, quien la llevó fue Pedro Mario Schiaffino, que fue el segundo jefe del Departamento de Informaciones Policiales Antidemocráticas (DIPA) y, durante la dictadura, actuó como Personal Civil de Inteligencia (PCI) del Batallón 601.
En el curso de capacitación para 19 ingresantes, ella
quedó segunda en el orden de mérito. En esa camada estaba Juan Antonio del
Cerro –conocido como “Colores” en los centros clandestinos Atlético-Banco-Olimpo (ABO) y
en la Escuela de
Mecánica de la Armada (ESMA)--. También dos agentes que fueron destinados
al Batallón 601.
“Isabelita” –como la llamaba un exintegrante de la PFA–
estuvo entre 1971 y 1972 destinada al Servicio de Inteligencia del Estado
(SIE), un destino poco común entre los integrantes del Cuerpo de Informaciones.
Entre 1974 y 1975, abandonó la fuerza, pero después se reincorporó. Para entonces empezó a estudiar
Ciencias de la Educación en la Universidad de Buenos Aires (UBA).
Antes del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, reportó
en el Departamento de Asuntos Extranjeros, uno de los enclaves dedicados a la
persecución de los militantes de la región. Después pasó a la División Central
de Reunión, a la Dirección General de Inteligencia y al Departamento de Asuntos
Subversivos.
Entre 1979 y 1980, estuvo en el Departamento Situación y
registró una comisión en la que no se especificó el destino. Una hipótesis que se maneja es
que, en ese momento, haya estado destinada al Batallón de Inteligencia 601 y,
desde allÃ, se haya acercado a las Madres de Plaza de Mayo u otros
familiares que reclamaban saber qué habÃan hecho con los suyos. En ese perÃodo
le dio las mejores calificaciones Pedro Godoy, conocido como “CalculÃn” en los
centros clandestinos ABO y que, en los primeros tiempos de la democracia, quedó
a cargo del temible Departamento de Protección del Orden Constitucional (DPOC)
–un área que continuó con las infiltraciones y hasta tuvo su momento de gloria
en la investigación del atentado a la AMIA al “perder” grabaciones–.
La teorÃa de que la agente de la PFA pudo haber estado
destinada al Batallón 601 se robustece porque ella formó pareja con un PCI en los
últimos años de la dictadura, como remarca un informe que el Programa Verdad y Justicia, de
la SecretarÃa de Derechos Humanos de la Nación, le envió al juez federal Ariel Lijo.
Una espÃa entre las
Madres
En 1981,
el expolicÃa Luis Alberto MartÃnez –conocido como el “Japonés– dio una
extensa declaración ante la Federación Internacional de Derechos Humanos (FIDH)
en Suiza. Como era esperable, le preguntaron por uno de los casos que más
conmoción causó en Europa: el secuestro de las monjas francesas Alice Domon y Leonie Duquet junto
con un grupo de militantes que frecuentaba la Iglesia de la Santa Cruz –entre
los que se encontraban las integrantes de Madres de Plaza de Mayo Azucena Villaflor, Esther
Ballestrino de Careaga y MarÃa Eugenia Ponce de Bianco. En ese momento, MartÃnez dijo que la PFA tenÃa
infiltrada a una agente, “Isabelita”, en ese grupo.
El 16 de diciembre de 1982, el jefe del Departamento
Situación, Eduardo Pedro Antoniuk, pidió el traslado de la agente a Mar del
Plata –donde residÃa su pareja–. Dijo que la mujer figuraba en una “denuncia realizada en el ámbito
internacional como perteneciente a organismos de seguridad involucrados en la
lucha antisubversiva”. Todo indica que se referÃa a la declaración del
“Japonés MartÃnez” que la vinculaba a la infiltración en Madres y a los
secuestros de las monjas francesas.
En una certificación –hecha ese mismo año– por Juan Andrés Fonte, número dos
de la Superintendencia de Seguridad Federal (SSF), figuraba que Correa
cumplÃa funciones de reunión de información en el servicio externo “habiendo estado infiltrada en
la Agrupación MADRES DE TERRORISTAS, siendo detectada”. No especificaba
cuándo ni cómo.
Bajo la sombra de Astiz
Entre el 8 y el 10 de diciembre de 1977, una patota de la
ESMA secuestró a doce
militantes que se reunÃan en la Iglesia de la Santa Cruz. Todos fueron
conducidos al campo de concentración de la Marina, torturados y trasladados en
un vuelo de la muerte que partió
desde el Aeroparque Jorge Newbery el 14 de diciembre de 1977. Ese
operativo criminal tuvo el sello del marino Alfredo Astiz, que se infiltró haciéndose pasar por el
hermano de un desaparecido.
El interrogante es si la infiltración
de “Isabelita” fue contemporánea a la de Astiz o posterior, si hubo
colaboración entre la PFA y la Armada o, por el contrario, una interna entre
las fuerzas.
El fiscal
Federico Delgado advirtió que en el segundo tomo de La verdad los hará libres –el
libro que publicó la Conferencia Episcopal Argentina (CEA)-- estaba citado un
comunicado de “Familiares de los desaparecidos de Santa Cruz” en el que se
apuntaba a la participación de la PFA en los secuestros de diciembre de 1977.
El representante del Ministerio Público se interesó porque él interviene en la
investigación sobre la SSF en el marco de la megacausa del Primer Cuerpo de
Ejército.
Delgado pidió la información al Episcopado, que envió los documentos. El comunicado era una respuesta a una información que habÃa hecho circular la dictadura en la que responsabilizaba a Montoneros por los secuestros de Domon y Duquet, para lo cual sirvió la foto que les tomaron a las religiosas dentro de la ESMA con una bandera de la organización polÃtico-militar.
El comunicado citado en el libro La Verdad los hará libres y que el fiscal Delgado le pidió a la CEA.
El comunicado mencionaba, por ejemplo, que cuando un
familiar fue a denunciar la desaparición a la ComisarÃa 24 le hicieron una
descripción fisonómica de su pariente o que la PFA allanó domicilios de
familiares. Por lo que pudo reconstruir Página/12, el episodio de la ComisarÃa 24 corresponde
a lo sucedido con un familiar de Remo Berardo mientras que la casa que fue
allanada en la madrugada del 9 de diciembre de 1977 fue la de los padres de
Horacio Elbert. Ambos integraban el grupo de activistas de la Iglesia de la
Santa Cruz.
Delgado envió la información que recabó al Juzgado Federal
12 –a cargo de la causa ESMA– para que continúe con la pesquisa.
Fuente: Página/12
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