El Presupuesto 2021, la nueva
fórmula de movilidad previsional y el acuerdo flexible con el FMI son
estrategias expansivas
La mentira del ajuste
El dispositivo conservador apunta al gobierno de Alberto
Fernández con que está diseñando un programa de ajuste económico. El análisis
riguroso de las medidas y las cifras lo contradice. La polÃtica económica se
mueve en estrechos márgenes de autonomÃa por la crisis, la auditorÃa del FMI y
la tensión estructural en el mercado cambiario.
Por Alfredo Zaiat
El debate económico doméstico es confuso porque existe
una efectiva estrategia polÃtica de inversión en el sentido.
Quienes aplicaron sistemáticamente medidas de ajuste a trabajadores, jubilados
y del gasto público, al momento de no tener responsabilidad de gestión, acusan
a quienes toman medidas reparadoras de estar implementando un ajuste cuando en
realidad se está haciendo lo contrario.
Es un escenario de discusión económica complejo
porque la situación social y laboral es crÃtica. Y si bien el
Gobierno puede estar realizando bastante es insuficiente ante las inmensas
carencias. Pero esa tradicional jugada polÃtica de la derecha, que
durante los años del kirchnerismo era permanente, ahora se reitera con mayor
procacidad puesto que hasta hace poco fue gobierno dejando un saldo desastroso.
La perversidad discursiva es la misma que tiene un
violento que le dice a un violentado que es promotor de la violencia. En
términos semánticos, durante el macrismo las polÃticas de ajuste se
denominaban "sinceramiento", mientras que ahora las
medidas de reconstrucción son calificadas como "ajuste".
En ese cuadro distorsionado se analiza
el Presupuesto 2021, la propuesta de la nueva fórmula de movilidad previsional
y el cuadro fiscal en el marco de la negociación con el FMI.
Conceptos
La discusión económica se puede resumir en dos
vÃas. La ortodoxia opositora habla de ajuste cuando no lo es,
mientras que por otro lado algunos grupos del oficialismo reclaman una mayor
audacia en diferentes frentes cuidándose de no mencionar la palabra
ajuste.
En esta instancia se requiere entonces precisar
conceptos que se reiteran sin importar los contextos históricos y
polÃticos.
El saber económico convencional ha sido exitoso en
ordenar el análisis detrás de nociones como modelo y ajuste. Estas
son expresiones emergentes de categorizar a la economÃa como una ciencia exacta
y, por lo tanto, con la exigencia de conseguir el equilibrio de las
variables.
De ese modo se han ido construyendo modelos
interpretativos con una sucesión de ecuaciones matemáticas e identidades del
funcionamiento de la economÃa. Y ante la presencia de un desvÃo,
aparece la necesidad del ajuste para restablecer el equilibrio.
Existe entonces un orden natural determinado por
el mercado. Es bastante parecido a un dogma religioso. Este es el motivo
de la obsesión por la utilización de la palabra ajuste.
Preguntas
La fragilidad de esta corriente de pensamiento económico –dominante
en el mundo académico y en el análisis cotidiano– es que el objeto de estudio
no es materia inanimada ni deidades, sino sujetos sociales con intereses
diversos y contrapuestos.
La pretensión de encapsular esa puja en el concepto
estático de modelo y de ajuste en la búsqueda de ese mÃtico equilibrio general
de las variables empobrece la comprensión de los fenómenos económicos. Se
enriquece, en cambio, cuando se desplazan esas nociones para abordar la
economÃa como una ciencia social e incorpora la definición de economÃa
polÃtica.
Entonces la idea de modelo queda apartada por la de proyecto
polÃtico con objetivos económicos y la de ajuste, por la de
intervención polÃtica ante determinados acontecimientos que ponen bajo
tensión esas metas. En el transcurrir de diversos eventos, inesperados o
previsibles, los gobiernos aplican herramientas de polÃtica económica cuya
orientación debe ser juzgada por cuál es el objetivo económico que
pretende alcanzar, en lugar de calificarlas en forma esquemática.
¿El Presupuesto 2021 redistribuye recursos en
forma progresiva? ¿La nueva fórmula de movilidad mejorará el
ingreso de los jubilados? ¿El acuerdo con el FMI exigirá reformas
estructurales regresivas y condicionamientos a la polÃtica económica de fomento
de la demanda agregada?
Responder esas preguntas con rigurosidad analÃtica,
teniendo en cuenta el contexto económico y sanitario local e internacional,
permitirÃa relativizar la excitación de calificar a esas
iniciativas del gobierno de Fernández como parte de un "plan de
ajuste".
Restricciones
La economÃa argentina tiene más restricciones que otras. Por eso
requiere de una evaluación no sólo técnica, sino también polÃtica. Y además
atendiendo sus particularidades.
Por caso, si crece mucho por vÃa del consumo, aumentan
las importaciones por el tipo de estructura económica y, por lo tanto, ese
avance colisiona con la restricción externa, que es la escasez
relativa de divisas. Faltan dólares para financiar las importaciones necesarias
para alimentar la expansión del circuito productivo y de consumo
doméstico.
Es una conocida limitación al crecimiento a partir de
la interrupción del proceso de industrialización en la
dictadura cÃvico-militar, que tuvo dos eslabones adicionales de destrucción de
la base industrial local en la década del '90 y durante los cuatro años del
macrismo.
A la vez, si se emite mucho dinero para fomentar la
demanda, la liquidez permite inicialmente impulsar la recuperación pero cuando
comienza a circular el dinero adicional hasta la última estación, que es la de
contabilizar el excedente, éste se dolariza.
Es una limitación que se agudiza a medida que se
profundizan los rasgos bimonetarios de la economÃa.
Gestión
Estas son algunas de las restricciones que existen y que
el responsable de la gestión económica debe saber que existen
para elegir las herramientas adecuadas para administrarlas.
Ahora bien, quienes han enfrentado de la peor manera esas
restricciones han sido los programas económicos neoliberales,
puesto que solo han agudizado los problemas sin aportar ningún avance para
superarlos.
En cambio, los programas heterodoxos fueron
expansivos con el objetivo de construir una economÃa de desarrollo nacional,
pero se toparon con esas restricciones. Sin embargo, en esa tarea no han ido
destruyendo todo a su paso, sino que han intentado lidiar con esas limitaciones
tratando de mejorar las condiciones generales.
En esta instancia se encuentra el gobierno de
Alberto Fernández con sus limitaciones por la propia conformación de
su coalición polÃtica y, en especial, por una relación desigual con el
dispositivo de poder económico y mediático de la derecha.
FMI
La presencia del FMI en la economÃa argentina es el
legado más pesado que ha dejado el macrismo, incluso superior a la deuda con
acreedores privados.
Mientras que ese endeudamiento pudo ser refinanciado con
éxito despejando el horizonte financiero, la relación con el FMI no es solamente
con un acreedor internacional, aunque se trata del principal, sino que es con
un organismo supranacional dominado por las potencias que actúa de auditor de
la polÃtica económica nacional. Esto afecta la soberanÃa y los márgenes
de autonomÃa de gestión.
Con ese potente condicionante resulta fundamental eludir
los lugares comunes del análisis sobre la negociación con el FMI, y
detectar qué habilidad tiene la administración Fernández para ampliar esos
estrechos márgenes de autonomÃa.
Uno de ellos es la nueva fórmula de movilidad
previsional. El fabricante de cemento para rostros Alfonso Prat-Gay afirmó
que el mecanismo de actualización propuesto es el que desea el Fondo Monetario
Internacional.
Es exactamente lo opuesto. El gobierno de Macri,
eliminando la movilidad 2009-2015, cumplió con la exigencia del Fondo respecto
a la reforma previsional.
La economista Julia Strada rescató de un documento
del FMI de 2016 ese pedido. La tecnoburocracia de
Washington consideraba muy costosa la ecuación recaudación más salarios.
Por ese motivo aconsejaba el aumento por la evolución de la inflación.
En forma textual el Fondo decÃa: "La indexación de
los haberes sólo por la inflación pasada permitirÃa a los jubilados preservar
el valor real de su beneficio, pero reducirÃa el aumento del gasto en pensiones
en aproximadamente un 20 por ciento del PIB".
La
fórmula de movilidad
Para quienes han quedado atrapados involuntariamente por
el inmenso dispositivo de confusión, el Fondo quiere la fórmula de
Macri, no la de CFK o la que propone bastante parecida el gobierno de Fernández.
La quiere porque asegura el ajuste del gasto previsional
y es lo mismo que sigue proponiendo ahora, sin traicionar su historia de
castigar a los jubilados, la alianza macrismo-radicalismo.
En forma didáctica, la vicejefa de Gabinete,
Cecilia Todesca, brindó respuesta a las siguientes preguntas:
¿Por qué es más estable atar las jubilaciones a la
trayectoria de los salarios de aquellos que están trabajando y, al mismo
tiempo, a la recaudación? ¿Y por qué no a la inflación?
"Es más estable atar la evolución de la jubilación a
los salarios y a la recaudación. Y por qué no a la inflación: cuando la
economÃa crece y la inflación cae, si los jubilados tienen atados sus ingresos
a la inflación no les compartimos el crecimiento de la economÃa, en cambio
cuando la economÃa cae y la inflación va para arriba, en realidad las
jubilaciones no se pueden pagar por el peso que pasan a tener sobre el
PIB".
Las cifras son elocuentes:
* Las jubilaciones subieron
25,8 por ciento en el perÃodo 2009-2017 por encima de la inflación,
cuando estuvo vigente la fórmula CFK que ahora se propone con
leves variaciones.
* Las jubilaciones bajaron
19,5 por ciento en el perÃodo 2017-2019 respecto a la inflación,
con la fórmula de Macri que tenÃa a la evolución de los
precios como variable principal de actualización de los haberes.
Intereses
de la deuda
El déficit fiscal de este año será de 7 a 8 por ciento
del Producto Interno Bruto. Ese desequilibrio se explica
por dos efectos simultáneos: por un lado, la fuerte caÃda de los ingresos
provocada por la pandemia que castigó el desarrollo normal de las actividades,
y por otro, el esfuerzo fiscal de la red de emergencia para socorrer a empresas
y trabajadores formales e informales durante estos meses de crisis por el
coronavirus.
¿Cuánto de ese déficit puede mantenerse y financiarse en
el 2021?
Si la economÃa no tuviese tantas restricciones, como las
mencionadas arriba, si no hubiese una corriente de derecha dominante que ha
colonizado a un amplio universo de agentes económicos y sociales, y si,
finalmente, no estuviese el FMI como auditor, el margen para seguir
aplicando una polÃtica fiscal muy expansiva estarÃa
disponible.
Pero el escenario es otro. La clave pasa entonces en
cuánto se puede estirar ese margen, que en el Presupuesto 2021 figura
en 4,5 por ciento del PIB mientras que el bloque de presión del
establishment reclama que sea 3,0 por ciento.
¿Es mucho o es poco ese espacio fiscal?
Lo cierto es que un déficit de 4,5 por ciento del
PIB no puede ser definido como un "ajuste", y menos cuando el
gasto primario de la Administración Nacional sube de 17,9 a 20,6 por ciento del
PIB de 2019 a 2021. Al tiempo que el pago de los intereses de la deuda
disminuye de 3,4 a 1,5 por ciento.
Ese saldo a favor no queda como "ajuste" del
gasto, sino que lo que no se paga de intereses se redistribuye de
la siguiente manera: gasto en Infraestructura sube de 1,1 a 2,2 por ciento;
Educación y Conectividad de 1,1 a 1,3 por ciento; Salud Pública de 0,3 a 0,5
por ciento; Innovación y Desarrollo de 0,2 a 0,5 por ciento del PIB.
La tendencia de la polÃtica económica va en lÃnea opuesta
al pedido de ajuste del establishment. Pero para evitar
confusiones, si existe un plan social integral de reemplazo del IFE debe ser
comunicado en el mismo momento en que se anuncia la discontinuidad de ese
programa de emergencia.
Fuente: Página/12

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