A 90 años
de la publicación de "El malestar en la cultura", el libro de Freud
está más vigente que nunca
Cuando muchos reivindican los
derechos individuales poniéndolos sobre los colectivos, Freud recuerda que la
vida social necesita de ciertas renuncias personales para ser posible y que la
felicidad absoluta y la satisfacción permanente no son objetivos posibles
cuando se vive en comunidad.
22 de septiembre de 2020
Pese a sus
muchos detractores, los conceptos de Sigmund Freud permearon en los ámbitos más
diversos, desde el de los especialistas hasta el de los legos. Las ideas sobre
la infancia, la sexualidad, el inconsciente que se expresa a través de los
actos fallidos hoy están tan naturalizados en nuestra vida cotidiana que cuesta
pensar que esos conceptos tienen un autor preciso. Existe incluso una
vulgata de la teorÃa psicoanalÃtica que no siempre es fiel a la letra, pero que
es también una evidencia de hasta qué punto sus ideas forman parte de nuestro
imaginario.
Hace 90 años,
Freud escribÃa El malestar en la cultura. Aún se encontraba en
Viena –faltaban aún ocho años para que, por su condición de judÃo, tuviera que
exiliarse en Londres-, la bolsa de Nueva York se desplomaba produciendo una de
las crisis económicas mayores de la historia mientras el padre del
psicoanálisis estaba por entregar a la imprenta uno de los libros en el que
algunos vieron más un tratado sociológico que una profunda observación
psicológica.
Aunque hoy el
aislamiento obligatorio como consecuencia de la pandemia tiñe todo y parece
habilitar y hasta forzar la lectura de textos de otra época en clave actual, no
sucede lo mismo con El malestar en la cultural. Quienes reclaman la
libertad absoluta y llaman incluso a la desobediencia civil por entender que el
aislamiento obligatorio es un cercenamiento injustificado de sus libertades
individuales, parecen desconocer que, según lo señaló Freud hace 90 años, la cultura
misma se funda en una prohibición que es la prohibición del incesto.
“El malestar
en la Cultura - dice el psicoanalista y escritor Domingo Boari, actual
vicepresidente y cofundador del Centro psicoanalÃtico de Estudio y Asistencia
(CPSEA)- es un trabajo del Freud ya maduro. Él comenzó a escribir sobre
Psicoanálisis en 1895 y este libro fue escrito 35 años después. Es un momento
en el que está golpeado por la triste realidad de la época entre las dos
guerras. A Freud suele leérselo como un defensor de las pulsiones, como si
fuera un pansexualista. Pero él pide tiempo porque su propósito de ir desde
abajo hacia arriba, desde lo pulsional hasta la más alta espiritualidad del
hombre. No quisiera usar el término “pesimista”, pero en El malestar en
la cultura señala que el desarrollo humano conlleva necesariamente
sufrimiento. En ese libro hace un recorrido por su propia teorÃa, por su propia
obra. Fundamentalmente, sobre sus dos teorÃas principales referidas a la
naturaleza humana, a las pulsiones, a lo más básico. La primera, que abarca
hasta 1920, es la teorÃa de las pulsiones sexuales que luchan contra las
pulsiones personales llamadas yoicas porque defienden al yo. Son las pulsiones
que trabajan para la supervivencia personal. Para la supervivencia de la
especie trabajan las pulsiones sexuales. La conservación de la propia vida,
según Freud, podÃa entrar en lucha con la conservación de la especie.”
Acerca de la
prohibición del incesto como fundadora de la cultura dice el profesional:
“Freud habla del mito de la humanidad y de la cultura, el concepto de
hominización, es decir, cómo el hombre llegó a ser hombre. Se basó en estudios
antropológicos que mostraban que en las culturas primitivas, allà donde estaba
prohibido el incesto, habÃa un tótem y se preguntó por qué. De acuerdo al mito,
en ese proceso de llegar a transformarse en hombre, los homÃnidos vivÃan en
hordas primitivas dentro de las cuales habÃa una gran violencia. El mono más
fuerte, el que ocupaba el lugar del padre, mataba a los monos jóvenes para
quedarse con las hembras, era su propietario. Entonces los hermanos lo mataron
y, como al mismo tiempo, lo amaban y buscaban su protección, lo devoraron como
era la costumbre. Esta matanza del padre hizo que, por la noche, entraran en
pánico porque tenÃan el recuerdo de lo acontecido, podÃan separar la presencia
fÃsica de ese recuerdo. Ninguno de los hermanos quiso ejercer como jefe de la
tribu por miedo a correr la misma suerte que el padre. Entonces se pusieron de
acuerdo en que a partir de ese momento las mujeres de la tribu estaban
prohibidas. La ley del padre triunfó luego de haberse muerto y triunfó,
precisamente, por haberlo matado. Ante el temor por el asesinato del padre, el
homÃnido construye un tótem que lo simboliza y esta es la primera concepción
simbólica. Sobre este tema hay pelÃculas maravillosas como La guerra del fuego.
Allà aparecen culturas que tienen prohibido el incesto con culturas que no
tienen esa prohibición. Luego, cada año hay una fiesta totémica en
conmemoración del asesinato del padre. En ella se come todo lo que no puede ser
comido el resto del año. Es un dÃa de libertad en el que se puede dar rienda
suelta a las pulsiones, es como un dÃa de carnaval. Esta guerra totémica está
muy descripta por Juan José Saer en El entenado. Sin embargo,
es un ritual de la conmemoración del padre, que no está, pero que ellos llevan
dentro. Es lo que los psicoanalistas llamamos identificación.”
Boari agrega que
este criterio, llevado al ámbito social, es el contrato social: “la sociedad
–dice- es más fuerte que el individuo y es la única que puede ponerle lÃmites.”
El reclamo de
libertad absoluta aunque esta pueda afectar a otros, está directamente ligado
al malestar que marca Freud: es necesario reprimir pulsiones personales en
beneficio de la sociedad. La cultura es, precisamente, el freno a la agresión y
a la sexualidad. “La cultura –dice Boari- es lo que hace que el hombre viva
medianamente infeliz dentro del margen estrecho de las leyes que él mismo
generó. Pero no hay otra alternativa. Este tipo de malestar serÃa algo asà como
una querella doméstica de la libido (risas). También existe la pulsión de
muerte que es totalmente contraria a la libido, a la organización. Tiende a
desorganizar todo para lograr que todo vuelva a lo indiferenciado.”
Freud no es
demasiado optimista acerca de las posibilidades de felicidad del ser humano.
Hacia el final de El malestar en la cultura señala: “A mi juicio, el destino de
la especie humana será decidido por la circunstancia de si, -y hasta qué punto-
el desarrollo cultural logrará hacer frente a las perturbaciones de la vida
colectiva emanadas del instinto de agresión y de autodestrucción.”
En un momento en
que la autoayuda ha generado la casi obligación de ser feliz y el
individualismo parece querer ganarle la pulseada al bien de la mayorÃa,
releer El malestar en la cultura es una buena forma de
comprender que la vida social está hecha de algunas renuncias personales y que
pretender la libertad absoluta, el bienestar total, la satisfacción inmediata
de todos los deseos del individuo es absolutamente contrario a la vida en
sociedad.
Fuente: Tiempo Argentino

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