"Conociendo a Perón" de Juan Manuel Abal Medina
El
libro del que todos hablan
A 50
años del "Luche y vuelve", que otra vez aparece como consigna, el
último delegado de Perón y hermano de Fernando, fundador de Montoneros, narra
la etapa final del General en un tono casi familiar. Un libro más que oportuno.
14 de marzo de 2023 - 00:40
En la sociedad hiperconectada e hiperestimulada, en la que proliferan discursos de todo tipo y formato, el libro perdió su centralidad pasada. DifÃcilmente un libro se convierte en tema de agenda, atraviesa distintos públicos y comunidades de sentido, para trascender más allá de la burbuja bibliófila. Y si ese libro, además, es de polÃtica, el campo de la acción humana más estigmatizado en esta época, el mérito es doble.
Es
justamente lo que ocurre con “Conociendo a Perón”, las memorias de Juan Manuel
Abal Medina: los que lo leyeron, lo recomiendan, los que no, lo leen apurados,
para no quedar fuera de las conversaciones. Un libro es un texto determinado,
en un contexto especÃfico. Si “Sinceramente” fue, en 2019, más que un libro, un
hecho polÃtico, que remarcaba la centralidad de Cristina Fernández de Kirchner
a pesar de la persistente campaña mediática y judicial en su contra, para
convertirse en plataforma de lanzamiento de la fórmula presidencial que hoy
gobierna, “Conociendo a Perón” es el libro que necesita este 2023. Trae
al último Perón, el más ecuménico, el que recurre a toda su magia para
administrar las tensiones internas del movimiento justicialista mientras acumula
fuerzas y se mide con la dictadura.
Tan
oportuno y necesario es este libro, que su caracter politico supera al
comercial. "Alguien" decidió, dÃas atrás, liberar la versión digital,
que se viralizó rápidamente en todos los chats de militantes, dirigentes y
funcionarios.
Es,
también, el libro que necesita Juan Manuel Abal Medina, para saldar cuentas con
la historia, para dejarles valiosÃsima información a los peronistas de hoy y de
mañana, sobre dos personajes centrales del siglo XX, que tuvo el privilegio de
tratar: el lÃder del movimiento justicialista y el lÃder de Montoneros. Abal
Medina, que tenÃa entre 26 y 28 años cuando ocurrieron los hechos que narra,
tiene hoy 78 años, los msmos que tenÃa entonces Perón.
Un
joven abogado de clase media acomodada, de familia no peronista, por un
encadenamiento fortuito de sucesos termina siendo, un par de años más tarde, el
delegado del lÃder polÃtico más importante del paÃs y la región, desde el
exilio, y jefe de la campaña por su regreso, al paÃs y a la presidencia. Si
fuera una novela, serÃa atrapante. Pero es más que eso. Aunque algunos pasajes
estén más o menos novelados, “Conociendo a Perón” es un libro histórico. Narra
sucesos cruciales para el paÃs, desde la perspectiva de uno de sus
protagonistas. Esto es, tal vez, lo más importante. Le devuelve al drama la
dimensión humana, accesible, que nos recuerda que el general Perón, Fernando
Abal Medina, Héctor Cámpora, José Ignacio Rucci, Rodolfo Galimberti, Isabel
Perón, José Lopez Rega, eran todos, sin excepción, hombres y mujeres de carne y
hueso.
Si bien
ese perÃodo del peronismo es el menos abordado, porque sus heridas aún duelen y
supuran, cuando se lo aborda se lo hace desde una perspectiva solemne y rÃgida,
que poco tiene que ver con su propia sustancia. Abal Medina narra la emoción
incontenible de Perón al recorrer en auto, de noche, casi de incógnito, cada
barrio de la ciudad después de 18 años o las dificultades de un octogenario
para resolver sin ayuda cuestiones menores como encontrar los anteojos o atarse
los cordones. La lucha doméstica permanente entre el deseo de asomarse a la
ventana balcón de la casa de Gaspar Campos, en Vicente López, a bañarse en el
cariño de su pueblo, y la marca personal de Isabel y López Rega para que no
salga, no se resfrÃe, no se arriesgue.
Para la
historia oficial, Leopoldo Marechal fue un escritor católico, autor de novelas,
poemas, obras de teatro y ensayos, que simpatizaba con el peronismo -su primera
novela, Adán Buenosayres, describe a los descamisados, a ese nuevo sujeto, pero
es anterior al 17 de octubre- y se retiró de la vida pública tras el golpe del
55, haciéndose llamar “el poeta depuesto”, en solidaridad con Perón, “el tirano
depuesto”. Para Abal Medina, Marechal no fue un intelectual pasivo sino
un hombre inquieto y comprometido, factor central en el proceso de
encuadramiento de ambos hermanos, Juan Manuel y Fernando, dos años menor. En la
casa de Marechal o por su intermedio, los muchachos conocieron a Pepe Rosa, a
Arturo Jaureche y a muchos otros que completaron su formación.
A
Fernando Abal Medina y a Leopoldo Marechal, cuenta Juan Manuel, los unÃa su
profunda fé cristiana. Tal vez por eso, Leopoldo le permitió a su joven
discÃpulo leer, de un tirón, en su departamento de la avenida Rivadavia, en el
barrio de Balvanera, el manuscrito de “Megafón o la guerra”, su novela póstuma.
Es probable, señala, prudente, Abal Medina, que en esas páginas de ficción,
Fernando haya encontrado la inspiración para la operación Pindapoy, el
secuestro de Pedro Eugenio Aramburu. La muerte de Marechal y el secuestro de
Aramburu, ocurrieron en junio de ese intenso 1970, con pocos dÃas de
diferencia. El libro vio la luz, un par de meses después, a través de Editorial
Sudamericana. En el peronismo, literatura y realidad, ficción y no ficción, se
entrecuruzan y retroalimentan.
El
entierro de Fernando es la primera circunstancia en la que Juan Manuel recibe,
de primera mano, el cariño y respeto del peronismo, que se lo transfiere de su
hermano a él. En el peronismo, el amor es transitivo, familiar. Es el inicio de
una sucesión de viajes, aventuras y enredos. Juan Manuel será "un
hombre de dos mundos", entre el cariño que le profesan los compañeros de
su hermano y su lugar en "la corte", como llama Cámpora al entorno
palaciego de Perón.
Abal Medina
y Perón saben que, si éste vuelve a Argentina, su precaria salud se resentirá
aún más. Saben que vivirÃa más años y más tranquilo en Madrid, pero Perón elige
el sacrificio. Lo que no sabe de antemano, pero comprobará pronto, es que el
regreso es doblemente tardÃo. Por un lado, porque le queda poco tiempo y
energÃa. Por otro, porque el conflicto interno ha superado ya el punto crÃtico
y el derramamiento de sangre puede, como mucho, postergarse, pero ya no
evitarse.
Perón,
en la pluma y los recuerdos de Juan Manuel, es un padre que quiere por igual a
sus hijos adoptivos, Rucci y Galimberti. José, “el Petiso”, y el “loco
Galimba”. Administra tensiones y conflictos a base de campechanÃa, viveza, como
un campeón de truco. Le duele Ezeiza como le duelen a cualquier viejo las
peleas entre hermanos en su familia. Sabe que algunos juegan a otra cosa y los
va raleando, alejando de su primer cÃrculo.
“La
vuelta de Perón era su victoria y viceversa”, concluye, didáctico, Abal Medina.
Pisar suelo argentino era dejar en ridÃculo a la dictadura. Logrado eso, se
encadenaron las siguientes victorias tácticas, en un efecto dominó que lo
llevarÃa a la presidencia. A veces, en polÃtica, se agotan las palabra y hay
que medirse. Y los objetivos se logran o no, se gana o se pierde. Perón,
aconsejado por Abal Medina y su incondicional amigo Rucci, apostó y ganó.
Rucci
es el otro gran reivindicado en este libro. Su crimen fue el dolor que Perón no
pudo procesar, el que finalmente se lo llevó. Abal Medina narra con maestrÃa su
encuentro con Perón, apenas posterior al entierro. El
silencio espeso, apenas roto por los ladridos lejanos de los caniches, la plena
comprensión compartida del dolor presente y el drama que golpeaba a las
puertas, la innecesariedad de abrir la boca, porque ambos, al cabo de esos
pocos pero intensos años, se entendÃan ya con la mirada.
"Si
Fernando viviera, esto no hubiera ocurrido", es la sentencia que
sobrevuela. Abal Medina recuerda que, en ese momento, era reciente la
incorporación de un sector de las FAR, no peronistas, radicalizadas, a
Montoneros, organización que también estaba atravesada por tensiones internas.
Y, coincidentemente, la frase de Fernando, en uno de sus últimos encuentros con
su hermano mayor, poco después de los hechos de Timote: "Matar es
terrible".
Leer
“Conociendo a Perón” tiene un efecto terapéutico. Da ganas de compartir la mesa
con alguien con quien uno se haya peleado feo, de repreguntarse la importancia
de los conflictos internos. No le garantiza a nadie, peronista o no peronista,
una hoja de ruta para escapar de sus fantasmas, sus dejá vu y su compulsión a
la repetición, manÃaca y a veces fratricida, pero aumenta las chances de
lograrlo. Lo que sà garantizan sus más de 700 páginas son muchas horas de
deleite. La polÃtica tiene sus modas. Algunas son ridÃculas. Esta es
bienvenida.
Fuente: Página/12
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