René
Char, del Surrealismo a la Resistencia
Por Rodolfo Alonso
Imagen: Serge Assier
La rica personalidad de René Char (1907-1988) se perfila
nÃtidamente sobre su época y resulta, a la vez un devoto del Oscuro de Éfeso,
Heráclito, faro mayor de los presocráticos, o del resplandeciente humanismo que
a la luz de una vela supo revelar siglos atrás el pintor Georges de la Tour.
Hombre capaz de decir no, de plantarse ante las injurias de la prepotencia o de
la infamia, es también el dulce intérprete de las mil y una radiantes bellezas
naturales, en medio de las cuales nació y que lo nutrieron desde niño.
Pero su destino se cumple con celeridad. En agosto de
1929, “Arsenal” aparece en Nimes con sólo 25 ejemplares. autr, enviado a Paul
Éluard, determina el viaje de éste a L´Isle-sur-Sorgue, en plena Provenza. Y
Char viaja a ParÃs, donde se encuentra con André Breton, Louis Aragon, René
Crevel y sus amigos surrealistas. A fin de año adhiere al movimiento y colabora
en el nº 12 de su revista “La Revolución surrealista”, como uno de
sus miembros más jóvenes.
Sigue leyendo a los presocráticos, luego a Rimbaud y a
los grandes alquimistas. Participa con los surrealistas que encabezan Breton y
Éluard en el saqueo del bar “Maldoror” (en defensa de su venerado
Lautréamont), donde es acuchillado. Junto a Breton, Aragon y Éluard prepara la
nueva revista ”El Surrealismo al servicio de la Revolución”, donde
colaborará asiduamente.
Las Ediciones surrealistas publican 4 de sus primeros tÃtulos.
En 1930 “Retardarr Trabajos”, legendario libro escrito en trÃo con
Breton y Éluard, y “Artine”, con un grabado de Salvador DalÃ. En 1931 “La
acciónn de la justicia se ha extinguido”. Y en 1934 el ya memorable “EL
Martillo sin dueño”, con una punta seca de Vassili Kandinsky.
Firma numerosos manifiestos del surrealismo: sosteniendo
“La Edad de oro”, film de Luis Buñuel violentamente atacado por la
extrema derecha; en contra de la Exposición colonial; y apoyando las primeras
luchas revolucionarias en España. En mayo de 1933 “El Surrealismo al
servicio de la Revolución” publica un relato de sueño de Char, su
respuesta a dos encuestas y anuncia la nueva revista “El Minotauro”,
donde no querrá participar. En el volumen colectivo “Violette Nozières”,
en defensa de la joven parricida de 18 años violada por su padre, Char
participa con un poema y firma el manifiesto “La movilización contra la
guerra no es la paz”, a la vez antibélico y crÃtico de cierto apenas
decorativo pacifismo.
En febrero de 1934 se une a una gran manifestación
antifascista en ParÃs. Hacia fin de año aún firma otros 2 manifiestos, pero cada
vez se distancia más del movimiento. Pasa largos perÃodos aislado en islotes
boscosos del Sorgue. La difusión a sus espaldas de una carta privada con
crÃticas al surrelismoo, produce un duro incidente con Benjamin Péret, al cual
replica como siempre en forma pública,
Pero la historia se acelera. El 18 de julio de 1936 se
desencadena el alzamiento franquista contra la legÃtima República española,
frenado por la espontánea resistencia popular y dando origen a la sangrienta
guerra civil, primera gran batalla mundial contra el fascismo, ya que Hitler y
Mussolini se incorporarán a la cruzada fratricida. TodavÃa hoy me emociona, en
su libro “Cartel para un camino de escolares”, con poemas contemporáneos
a los hechos, la indeleble y extensa dedicatoria de Char fechada en marzo de
1937, que comienza: “Niños de España, -- ROJOS, oh cuánto, hasta empañar para
siempre al acero que va a desgarrarlos; -- A Ustedes.” Y que concluye: “Niños
de España, he forjado este CARTEL mientras que los ojos
matinales de algunos de entre ustedes no habÃan aprendido nada aún de los usos
de la muerte que se hundÃa en ellos. Perdón por dedicárselo. Con mi última
reserva de esperanza.” (¿Es posible sorprenderse, entonces, de que uno de los
pocos poetas que Char tradujo sea Miguel Hernández?)
El 3 de septiembre de 1939 Inglaterra y Francia declaran
la guerra a Hitler, que ha invadido Polonia. Char es movilizado en Nimes y,
como Apollinaire, es artillero. A pesar del derrotismo oficial, alcanza un alto
desempeño. Asegura la retirada de su columna y en el puente de Gien, con
algunos hombres, durante muchas horas hacen posible el escape de civiles
desmoralizados, bajo bombardeos alemanes e italianos.
Francia cae. Desmovilizado y ascendido, se retira una vez
más a L´Isle-sur-Sorgue. Pero es delatado como militante de extrema izquierda,
y va a detenerlo la policÃa de Vichy. Advertido, se refugia en Céreste, donde
comienza a frecuentar opositores. En 1942 ya actúa en la Resistencia. Su nombre
de guerra es Alexandre. Su primer sabotaje es contra ocupantes italianos, pero
los nazis terminan por dominar toda Francia. Char dirige acciones cada vez
menos desordenadas. Se enrola en el naciente ejército secreto “mientras dure la
guerra”, y con el grado de capitán se le encargan operaciones de aterrizaje y
paracaidismo en toda el área. Con tal éxito que 21 depósitos secretos de armas
no serán descubiertos por los nazis, mientras sus pérdidas fueron mÃnimas.
Pero los últimos meses de la guerra son los más
dolorosos, y ve caer muchos amigos entrañables. El alto mando interaliado en
Argel le encomienda colaborar con el desembarco en Provenza. El 26 de agosto de
1944 ParÃs es liberado. Y sólo entonces Char retoma sus tareas literarias,
interrumpidas en 1939.
La amistad que unió a Albert Camus con René Char, fue tan
entrañable y duradera que sólo la muerte pudo detenerla. En la minuciosa
biografÃa de Camus que le llevó a Olivier Todd 900 páginas, hay todo un
capÃtulo dedicado a ella: “Tres amigos”. Y sus primeras lÃneas ya son
explÃcitas: “En 1948, Albert Camus tiene 35 años, el poeta René Char 41. Camus
no es un gran aficionado a la poesÃa contemporánea pero recomienda la
publicación de “Hojas de Hipnos”. La novedad de esos textos le parece
“luminosa”. Tranquiliza a Gaston Gallimard, que está perplejo. A G. G. y a
otros. Camus les dice: “DifÃcil de juzgar por nuestros contemporáneos. Pero si
hay alguien que tenga genio, ése es René Char.” Y al correr de las lÃneas
encontramos un muy logrado retrato: “Con más de 1 metro 85, robusto, de dedos
de herrero, Char es un menhir, un árbol que no se puede abatir. Tiene la cabeza
en las estrellas poéticas y el cuerpo arraigado en su tierra provenzal.”
*Poeta,
traductor, ensayista.
Fuente: Página/12

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