Jocelyne Saab y las mujeres palestinas
Por Silvina Pachelo
22 de septiembre de 2025 -
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·
. Imagen: Gentileza
“Tengo una causa más alta y
más noble que la mía, una causa a la que deben subordinarse todos los intereses
y preocupaciones privadas”. Con esa convicción, Leila Khaled luchó, y con la
misma certeza filmó Jocelyne Saab. Nacida en Beirut en 1948, en una ciudad
marcada por la historia, el conflicto y la resiliencia, Saab comprendió desde
joven que la cámara se podía convertir en testimonio vivo. Su documental Mujeres
palestinas (1974), compuesto por testimonios de mujeres que la
historia quiso arrojar al olvido, revela un genocidio deliberado. Pero también
muestra algo más: la fuerza de las mujeres que, armadas o no, resisten la
ocupación, defienden los campamentos, sostienen la memoria y rehúsan permitir
que generaciones enteras sean borradas.
En 1968, cuando la realidad
palestina permanecía condenada al silencio y a la invisibilidad, Jocelyne Saab,
desafiando los registros convencionales, se internó en los campos de refugiados
y se convirtió en la primera periodista en filmar un campo de entrenamiento
palestino. En su documental El frente del Rechazo (1975)
registró a hombres y mujeres que entregaban sus vidas por la liberación,
retratando fracciones de comandos suicidas radicales y mostrando con fuerza la
dignidad y el coraje que desafiaban tanto la ocupación como el olvido. “Es la
vida o la muerte -decía Saab-, ambas cosas al mismo tiempo. No es fascinación
con la muerte; es el límite extremo de lo humano en su forma más pura: defender
lo que nos pertenece”. Los registros de Jocelyne Saab nos enfrentan a las
palabras de Susan Sontag: “La imagen está ahí para recordar lo que no podemos
olvidar”. En esos campos, Saab descubrió que la resistencia no era un concepto
abstracto: era el rostro de cada mujer, cada hombre y cada niño que se
levantaba contra la ocupación. Su cámara captó miradas que no cedían ante el
hambre ni el despojo.
¿Cómo no estremecerse ante
un niño que reclama el paraíso mientras el hambre lo devora? Saab ya había anticipado
la indiferencia del mundo. Su cámara no fue registro neutro: fue registrar la
brutalidad del colonialismo israelí, un testimonio convertido en grito que
sigue atravesando décadas.
El pueblo palestino ha
resistido desde 1917, enfrentando la Declaración Balfour y la migración
sionista, y continúa su lucha. Desde 1948, con la creación del Estado de
Israel, hasta la ocupación de Cisjordania en 1967, su historia ha estado
marcada por conflictos, exilios y una lucha constante por la libertad. Algunas mujeres
se entrenaron como fedayines, otras impulsaron la educación en los campos de
refugiados o se organizaron políticamente. Pese a la tortura, el exilio y la
violencia, hicieron de la opresión un motor de fuerza colectiva. Su resistencia
es doble: contra la colonización israelí y contra el orden patriarcal. Fundaron
milicias, participaron en entrenamientos militares y organizaron campamentos
para mujeres, como relató la poeta y militante May Sayigh. Incluso enfrentando
la oposición del Comité Central, lograron que Yasser Arafat les autorizara
portar armas, convirtiendo cada arma en símbolo de poder, orgullo y
emancipación.
Los testimonios del
documental reflejan la voz de cada luchadora en primera persona, acercándonos a
una realidad que para muchos resulta impensable. Voluntarias desde los 15 años,
estas mujeres reciben cada año un entrenamiento intensivo de dos a tres meses.
Allí inician su participación activa en la vida política y sindical de la
resistencia palestina. Una joven relata los horrores sufridos bajo la
ocupación: “Los israelíes soltaron perros contra mí, me golpearon
violentamente, me suspendieron en una cuerda, me aplicaron choques eléctricos e
incluso me obligaron a lamer y arrastrarme por las letrinas.” Pero la crueldad
persiste hasta nuestros días y también los metodos de tortura. La Unidad Oketz
forma parte de las Fuerzas de Defensa de Israel. Originalmente fundada en 1939
como parte de la Haganá, fue desmantelada en 1954. En 1974, Yossi Labock la
reconstituó como su primer comandante, especializándose en el entrenamiento y
manejo de perros para operaciones militares. Según investigaciones de ARIJ
y The Guardian, muchos de estos animales son importados desde
Europa y entrenados por especialistas antes de integrarse al ejército.
La historia palestina nos
lleva a reflexionar sobre el fracaso occidental. Su lucha es integral,
indomable: la resistencia armada se entrelaza con la reivindicación social y
económica, y cada acto de militancia, cada sacrificio, cada herida, física o
moral, se convierte en un cimiento para un futuro que no aceptará la dominación
ni la injusticia. De allí emergen mujeres que no reconocen fronteras ni roles
impuestos. Primero, en el Movimiento Nacionalista Árabe, luego transformado en
el Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP), las mujeres ya
estaban presentes, reclamando un lugar en la lucha. En la Organización para la
Liberación de Palestina (OLP) y en Fatah, consolidaron su participación, no
como acompañantes sino como combatientes, dirigentes y voces críticas del
poder. Desde la Unión General de Mujeres Palestinas, articularon una militancia
que combinó organización social, activismo político y defensa de los derechos
de las mujeres en medio de la ocupación. Finalmente, en la Intifada, su rol se
volvió ineludible: en las calles, en las barricadas, en la educación de la
memoria colectiva.
Lo que dejaron no es solo
un archivo de nombres y hechos, sino un legado vivo: una resistencia que
trasciende lo político y se convierte en lucha vital, en supervivencia y en
dignidad. Son el legado de Shadia Abu Ghazaleh, nacida en Nablus. Tras la
ocupación de 1967, se lanzó sin reservas a la resistencia, ocupando un lugar
central en el Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP) y
organizando milicias femeninas, convencida de que la liberación social y
nacional eran inseparables.
Las acciones de Leila
Khaled aún resuenan por su carácter extraordinario. Al haber capturado la
memoria y la imaginación, se convirtieron en símbolos que trascienden su propia
historia, representando elementos esenciales de la identidad palestina y de la
lucha de izquierda. Durante más de tres décadas, sus actos han influido en la
percepción global del pueblo palestino y han asegurado su lugar en los debates
sobre mujeres, Oriente Medio y las tácticas de las luchas de liberación. En
paralelo, la obra de Jocelyne Saab registra, con mirada implacable, la vida y
resistencia de estas mujeres. Shadia Abu Ghazaleh, Saab y Khaled, en distintas
formas y tiempos, nos enseñan un mismo principio: la injusticia no puede
ignorarse, porque callarla es, en sí mismo, perpetuarla.
Sus historias, grabadas en
imágenes y testimonios, nos obligan a enfrentar de lleno el rostro del dolor y
de la dignidad. Nos interpelan con una pregunta que trasciende fronteras e
ideologías: ¿qué hacemos, cada uno de nosotros, frente a la injusticia de los
demás?
Fuente: Página/12
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